Dios siempre es justo

La Palabra de Dios es verdad (Juan 17:17). Sus decisiones es

Cuando los niños no obtienen lo que desean, suelen exclamar: “¡No es justo!” Algunas personas dicen lo mismo con respecto a Dios. Esa era la actitud que tenía el antiguo Israel: “Y si dijereis: No es recto el camino del Señor; oíd ahora, casa de Israel: ¿No es recto mi camino? ¿no son vuestros caminos torcidos?” (Ezequiel 18:25).

Desde nuestro limitado punto de vista, la vida verdaderamente no siempre parece justa. Al permitir que hagamos uso del libre albedrío, el Eterno ha permitido que sucedan lo que a nosotros a veces nos parecen injusticias. Pero reconocer que no todo es justo en la vida, no es lo mismo que decir que Dios es injusto.

La mayoría de las injusticias que nos ocurren en la vida son el resultado de la acumulación de miles de años de costumbres y tradiciones humanas, además de las incertidumbres del tiempo y la ocasión. Ciertamente no podemos atribuir todos estos males a Dios.

La Palabra de Dios es verdad (Juan 17:17). Sus decisiones están acordes con su carácter, que es amor (Juan 4:8, 16). La confianza en Dios y en su Palabra es la única ancla verdadera que tenemos. Nada más de lo que existe es completamente confiable.

Pero en ocasiones, cuando las personas se ven abrumadas por dificultades, transfieren a Dios su descontento por las deficiencias de la gente y las incertidumbres de la vida. Así que concluyen, errónea e ilógicamente, que Dios es injusto. Pero Dios reveló al antiguo Israel que en realidad son los caminos del hombre los que no son justos.

¿Presentó el apóstol Pablo esta inquietud en una de sus epístolas?

“Como está escrito: A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí. ¿Qué, pues, diremos? ¿Qué hay injusticia en Dios? En ninguna manera” (Romanos 9:13-14).

Mucho depende del entendimiento correcto del propósito que Dios tuvo al crear a la familia humana y del futuro que le espera. Eso es especialmente cierto al analizar el tema de la justicia de Dios.

Es cierto que Dios tendrá misericordia de quien quiera, y también puede escoger, bajo ciertas circunstancias, endurecer la voluntad de alguien en contra de él (Romanos 9:16-18). Pero todo eso es sólo temporal.

Los cristianos deben aprender el plan básico de Dios, paso a paso, como está revelado en sus fiestas anuales. La maravillosa verdad que en éstas se revela muestra que vendrá el tiempo en que Dios llamará a toda la humanidad y le dará a cada persona una oportunidad justa de recibir la salvación. En ese tiempo el Eterno mostrará su gran misericordia, y entonces nadie dudará de la rectitud y justicia de Dios.

Esta es una verdad muy grande que se encuentra oculta al conocimiento del mundo, pero que ha sido revelada a los cristianos que comprenden el significado de las fiestas santas de Dios. En éstas se revela cómo Dios va a hacer frente a las injusticias que experimentan los seres humanos en esta vida y cómo las eliminará. Usted necesita aprender el verdadero significado de estas santas convocaciones. Nuestro folleto gratuito Las fiestas santas de Dios: Esperanza segura para la humanidad contiene una explicación detallada de estas celebraciones bíblicas.

¿Qué es lo que el Padre ha hecho para compensar las injusticias de esta vida?

“En aquel tiempo, respondiendo Jesús, dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños. Sí, Padre, porque así te agradó” (Mateo 11:25-26).

Nadie está más consciente que Dios de las injusticias que les suceden a los seres humanos por la influencia de Satanás. Pero ¿a quiénes está llamando Dios primero, a aquellos que poseen un gran talento y habilidad o a personas comunes y corrientes?

Dios nos revela que en lugar de favorecer a los que tienen ventajas materiales en esta vida, primeramente les ofrece su reino a las personas que en su mayoría no tienen riquezas y fama, personas que no parecen haber alcanzado gran éxito en este mundo.

“Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil de mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia” (1 Corintios 1:26-29).

Dios no ha llamado a los poderosos y a los nobles de esta época. Jesús confirma que “los hijos de este siglo son más sagaces en el trato con sus semejantes que los hijos de luz” (Lucas 16:8). No obstante, los Hijos de Dios, los que tienen entendimiento, serán las primicias de su plan de salvación.

El profeta Isaías hace notar la manera en que Dios está llevando a cabo su plan: “Miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu, y que tiembla a mi palabra” (Isaías 66:2).

Dios compensará y eliminará todas las injusticias. Nadie que no sea verdaderamente humilde entrará en su reino. Cualquiera que busque exaltarse sobre los demás tendrá que arrepentirse de su egoísmo para poder heredar la vida eterna (comparar Colosenses 3:12-13; Romanos 12:16; Santiago 4:10; 1 Pedro 5:5-6).

¿Ha formulado Dios su ley de tal manera que proteja a quienes están en desventaja?

“Cuando segares la mies de vuestra tierra, no segaréis hasta el último rincón de ella, ni espigarás tu siega; para el pobre y para el extranjero la dejarás. Yo [soy] el Eterno vuestro Dios” (Levítico 23:22).

Sí, Dios es siempre bueno, justo y misericordioso. Sus leyes reflejan su amor y su preocupación por todos los seres humanos: “El Eterno guarda a los extranjeros; al huérfano y a la viuda sostiene, y el camino de los impíos trastorna” (Salmos 146:9).

CÓMO VE DIOS EL SUFRIMIENTO

La Biblia nos ayuda a ver nuestros sufrimientos desde el punto de vista correcto. Explica por qué nos hacemos daño, cuál es el verdadero propósito de nuestras aflicciones, y cómo desempeñamos un papel central en aliviar el sufrimiento de otros. No sólo podemos brindarles ayuda a nuestros semejantes de manera personal, sino que también podemos anunciar a un mundo angustiado por causa del pecado, el conocimiento del verdadero evangelio del Reino de Dios.

La Biblia, vista como un todo, nos muestra las muchas formas en que Dios está dispuesto a aliviar nuestras aflicciones. Hay muchísimas formas en que él nos puede ayudar.

Dios se preocupa de su pueblo de manera especial (Hebreos 13:5-6). “Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén” (Efesios 3:20-21).

Sobre todo, debemos recordar que las aflicciones son tan sólo temporales, no son eternas. Después de haber cumplido su propósito, Dios las eliminará por completo. Una de las profecías más alentadoras de la Biblia nos habla de un Dios que alivia al que sufre:

“Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron” (Apocalipsis 21:3-4).

Si desea estudiar más a fondo los conceptos expuestos en esta lección, le recomendamos que lea las siguientes publicaciones:

Nuestro asombroso potencial humano

¿Qué sucede después de la muerte?

Los Diez Mandamientos

Las fiestas santas de Dios: Esperanza segura para la humanidad

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