Dios el Padre

Dios el Padre es el gobernante supremo del universo entero. Todo en los cielos y en la tierra está sujeto a su autoridad.

¿Quién, entonces, es el Padre?

“En aquel tiempo, respondiendo Jesús, dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños” (Mateo 11:25).

Dios el Padre es el gobernante supremo del universo entero. Todo en los cielos y en la tierra está sujeto a su autoridad (1 Corintios 15:27-28). Él es espíritu (Juan 4:24) y posee inmortalidad (1 Timoteo 6:16). Tiene vida inherente.

Su carácter es absolutamente justo y perfecto, y Jesús nos dijo que debemos llegar a ser como él. “Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto” (Mateo 5:48).

Más aún, Dios el Padre es la fuente de toda bendición. Un pasaje en Efesios 1:3-10 deja muy en claro esta verdad. Estos versículos nos muestran cómo el Padre está llevando a cabo generosamente su plan eterno para la humanidad. Nos ha dado a conocer “el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo” (v. 9). Le sugerimos que usted estudie este pasaje detenidamente en una o más traducciones modernas, así como también la versión Reina-Valera, revisión de 1960.

¿Qué palabra describe el carácter de Dios el Padre tal vez mejor que ninguna otra?

“Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él” (1 Juan 4:16).

El amor es el fundamento del carácter y la ley de Dios. Es la base de todo lo que Dios le ha revelado a la humanidad en las Sagradas Escrituras (Mateo 22:35-40). Cuando Dios esté morando en la santa ciudad que será establecida aquí en la tierra (Apocalipsis 21:1-3, 27), únicamente los que tengan ese amor divino podrán permanecer en la presencia de Dios.

El apóstol Pablo dijo que el amor es el más grande de los atributos cristianos (1 Corintios 13:13). Es el primer fruto del Espíritu de Dios que se menciona en Gálatas 5:22. Es el vínculo perfecto, que unifica todo en armonía (Colosenses 3:14). Es el cumplimiento de la ley (Romanos 13:10).

Esta expresión es usada en la Biblia para resumir el maravilloso carácter del Padre: Dios es amor (1 Juan 4:8, 16).

Pero, para que no malentendamos, debemos definir claramente de qué estamos hablando. En algunos casos el idioma español no es tan preciso como el griego; la palabra amor es un ejemplo de esto. En español la palabra amor abarca varios atributos y sentimientos; en cierto modo es una de las palabras de la que más se abusa en el idioma. En cambio, el idioma griego es mucho más específico. Usa por lo menos cuatro palabras para referirse al amor, aunque dos de éstas no aparecen en la Escritura.

Eros abarca el amor sexual, el amor que un hombre y una mujer deben disfrutar dentro de la relación matrimonial. Storge es limitada en su significado al amor de los padres para los hijos (y viceversa) y al amor familiar, normal entre hermanos. Filia es usada en la Biblia y describe los sentimientos de afecto y cariño entre las personas; puede incluir el afecto físico que es decente y apropiado. Pero en la Biblia no se usa ninguna de estas tres palabras para describir a Dios.

El término que en la Biblia se utiliza para describir el amor divino, el amor de Dios, es ágape, voz que significa un interés generoso por el ser amado e incluye una benevolencia y buena voluntad inquebrantables. Abarca incluso el amor por los enemigos de uno.

Esta clase de amor constituye la naturaleza y el carácter de Dios. Nosotros podemos recibir este tipo de amor únicamente de Dios mismo y de su Hijo Jesucristo. Una vez que nos arrepintamos y recibamos el Espíritu de Dios, podemos empezar a practicar esta clase de amor. El verdadero amor cristiano es el amor ágape. Leamos Mateo 5:43-48. Aquí aprendemos que el Padre envía la lluvia sobre justos e injustos, hace que el sol brille sobre malos y buenos, e incluso es benigno para con los ingratos y malos (comparar Lucas 6:27-36).

Debemos aprender a pensar como Dios piensa y a obrar como él obra; debemos amar como el Padre ama. Al ejercitar esta clase de amor, reflejamos la imagen y carácter de Dios, aun cuando todavía somos humanos. Pero los seres humanos no podemos generar ni transmitir este tipo de amor por nosotros mismos. A fin de cuentas, este amor proviene únicamente de Dios (Romanos 5:5).

¿De qué manera ha expresado Dios este amor (ágape) por toda la humanidad?

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16).

Desde la perspectiva de Dios, no es fácil amar al mundo, y la Biblia ciertamente nos dice que no amemos sus males (1 Juan 2:15-17). Viviendo en el mundo, todos nos damos cuenta del gran número de problemas humanos que afligen cada continente, isla, región, ciudad y aldea. Pero el Padre obra conforme a su maravilloso plan, no por los caprichos, ideas necias y pecados de la humanidad.

El Padre empezó a rescatar a la humanidad de sí misma enviando a su Hijo a la tierra. Jesús mismo dijo: “Y yo, si fuere levantado de la tierra [es decir, crucificado], a todos atraeré a mí mismo” (Juan 12:32-33).

¿Cuál es la relación entre Dios y Jesucristo?

“Principio del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios” (Marcos 1:1).

“Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo...” (Mateo 11:27).

“...Damos gracias a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo...” (Colosenses 1:3).

Estos pasajes describen una relación íntima de familia. Es tan íntima su relación que Jesús pudo decir: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Juan 14:9). Estos dos seres comparten un vínculo íntimo y profundo el uno con el otro (Juan 10:15).

Tal vez más que cualquier otro apóstol, Juan describe la relación que Jesucristo disfruta con su Padre. Para tener un entendimiento más claro de esto, conviene leer todo el Evangelio de Juan y su primera epístola, teniendo en cuenta esa relación única.

¿Cuál es la fuerza motriz que define y guía esta relación?

“Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar ... Este mandamiento recibí de mi Padre” (Juan 10:17-18).

“Mas para que el mundo conozca que amo al Padre, y como el Padre me mandó, así hago” (Juan 14:31).

La gente rara vez equipara el amor a la obediencia, pero Jesús expresó su amor al Padre por medio de la obediencia. Esa misma clase de amor se requiere de todos los cristianos. Jesús dijo: “Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor” (Juan 15:10). También Juan, conocido como el apóstol del amor, escribió: “Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos;y sus mandamientos no son gravosos” (1 Juan 5:3).

¿De qué manera milagrosa expresó el Padre amor a su Hijo?

“Y habiendo cumplido todas las cosas que de él [Jesucristo] estaban escritas, quitándolo del madero, lo pusieron en el sepulcro. Mas Dios lo levantó de los muertos” (Hechos 13:29-30; comparar Romanos 8:11; 10:9).

“...Dios ... le resucitó de los muertos y le ha dado gloria...” (1 Pedro 1:21; comparar Efesios 1:20; 1 Corintios 6:14).

“Pablo, apóstol (no de hombres ni por hombre, sino por Jesucristo y por Dios el Padre que lo resucitó de los muertos)” (Gálatas 1:1; comparar Colosenses 2:12; 1 Corintios 6:14; 15:15-17; 1 Tesalonicenses 1:10).

Dios el Padre levantó a su Hijo, Jesucristo, de entre los muertos. Esto quedó claramente confirmado en varios pasajes bíblicos.

Recordemos que después de ser reconciliados con el Padre por la sangre de Cristo, seremos salvos por su vida (Romanos 5:10). En la Epístola a los Hebreos se explica que en su papel de Sumo Sacerdote él intercede regularmente con el Padre a favor nuestro.

¿Quién vino a revelar al Padre a la humanidad?

“Ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar” (Mateo 11:27; comparar Lucas 10:21-22).

Una razón principal por la que Jesucristo vino en carne humana fue para revelar completamente al Padre a las personas especialmente llamadas y escogidas (comparar Hechos 2:38-39).

¿Quién es la fuente final de toda verdad bíblica?

“Y se maravillaban los judíos, diciendo: ¿Cómo sabe éste letras, sin haber estudiado? Jesús les respondió y dijo: Mi doctrina no es mía, sino de aquel [el Padre] que me envió” (Juan 7:15).

“...Nada hago por mí mismo, sino que según me enseñó el Padre, así hablo” (Juan 8:28; comparar el versículo 26; 14:10).

¿Quién inicia la salvación?

“Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero” (Juan 6:44; comparar el versículo 65).

Aunque es verdad que podemos ser salvos únicamente por el nombre de Jesucristo y sus acciones a favor nuestro (Hechos 4:12), también es verdad que Dios el Padre es quien inicia el proceso de salvación. Incluso los discípulos originales le fueron dados a Jesús por el Padre (Juan 17:6, 11). Jesús oró toda la noche pidiéndole a Dios que lo guiara antes de escoger a los 12 discípulos (Lucas 6:12-13).

¿A quién no ha conocido la mayor parte de la humanidad?

“Ellos le dijeron: ¿Dónde está tu Padre? Respondió Jesús: Ni a mí me conocéis, ni a mi Padre; si a mí me conocieseis, también a mi Padre conoceríais” (Juan 8:19).

“Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido, y éstos han conocido que tú me enviaste” (Juan 17:25).

Esta es la razón por la que Pablo llamó a la civilización del hombre “el presente siglo malo” (Gálatas 1:4). Y el apóstol Juan dijo que “el mundo entero está bajo el maligno” (1 Juan 5:19). La humanidad ha sido cegada al conocimiento de Dios y su plan para todos nosotros, y el mundo sufre horriblemente como resultado de esto. Sin embargo, viene un tiempo cuando “la tierra será llena del conocimiento del Eterno, como las aguas cubren el mar” (Isaías 11:9; Habacuc 2:14).

¿A quién debemos dirigir nuestras oraciones?

“Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre” (Mateo 6:9).

“Y les dijo: Cuando oréis, decid: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre” (Lucas 11:2).

Lo que comúnmente conocemos como el Padrenuestro es un modelo o bosquejo de oración. Aunque no es pecado repetir la oración literalmente, es preferible incluir en la mayoría de nuestras oraciones los elementos que Jesús mencionó en este bosquejo, en vez de repetir las palabras exactas (ver Mateo 6:9-13; Lucas 11:2-4). En la Biblia se nos dice que cuando oramos no debemos usar vanas repeticiones (Mateo 6:7).

¿Siguió Jesús las instrucciones que les dio a sus discípulos?

“Estas cosas habló Jesús, y levantando los ojos al cielo, dijo: “Padre, la hora ha llegado...” (Juan 17:1).

El capítulo 17 de Juan registra una larga oración de Jesucristo. Varias veces durante esa oración mostró que estaba dirigiéndose a su Padre (Juan 17:5, 11, 21, 24-25).

¿Es Dios el Padre de Jesucristo únicamente?

“Jesús le dijo [a María Magdalena]: No me toques, porque aún no he subido a mi Padre; mas vé a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios” (Juan 20:17).

Este importante pasaje sirve como una introducción apropiada para la sección final de esta lección: el conocimiento del propósito de la vida humana. El deseo que el apóstol Pablo tenía para los cristianos era “que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él” (Efesios 1:17).

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