Nuestro asombroso potencial humano

Un conocido dirigente religioso expresó el dilema que confrontamos: "No es simplemente que nos enfrentamos a problemas. Más bien, es la sensación de que se nos han acabado las soluciones, de que hemos llegado a un punto muerto en la vida pública".

Frecuentemente, nuestros políticos nos prometen una vida mejor, mayor seguridad, más acceso a la salud y a la riqueza, y un sinnúmero de cosas deseables. Por nuestro lado, nos reunimos en grupos y exigimos este o aquel programa de emergencia para reducir el crimen en los barrios, para tratar de forzar al gobierno a reducir drásticamente algún impuesto gravoso o para hacer alguna otra cosa que pensamos que mejorará nuestra vida. Nos parece que seguramente el poder popular resolverá los problemas, pero al final nos enfrentamos con la sombría y decepcionante realidad de que los males siguen multiplicándose.

Debido a que los intentos por colaborar y comprometerse son inadecuados, aun los esfuerzos entusiastas de personajes famosos de los medios de comunicación no han podido hacer mella en el hambre y la pobreza del África. Los pobres y moribundos son también parte de la realidad del próspero mundo occidental. Pocas experiencias humanas son tan descorazonadoras como la obstinada falta de progreso en la solución de muchos de nuestros problemas más inminentes. “La esperanza que se demora es tormento del corazón”, dice Proverbios 13:12.

Pero ¿es acaso posible que la tecnología moderna finalmente trascienda nuestras limitaciones humanas? ¿Podrán sus efectos acumulativos llegar a vencer la manera de pensar arraigada y llena de prejuicios que ha impedido el verdadero progreso humano desde tiempos inmemoriales? ¿Puede el liderazgo de una potencia tecnológica dar la respuesta definitiva? Analicemos todos nuestros avances tecnológicos desde una perspectiva más clara.

Obviamente no debemos subestimar nunca los adelantos técnicos en el campo de las comunicaciones, pues éstas están alterando nuestra civilización a paso acelerado. Observadores perspicaces advierten que estamos viviendo un período de cambio social por lo menos tan profundo como el de la Revolución Industrial, tal vez aún más. Las nuevas tecnologías de la comunicación lo están transformando todo: nuestra vida laboral, nuestra vida privada y, sobre todo, nuestra cultura: la manera como elaboramos las ideas y la información.

No obstante, no existe ninguna razón por la que hombres y mujeres se vean intimidados por cualquier cosa que ellos mismos hayan pensado y finalmente hayan creado. En la revista National Geographic se hizo esta observación: “A pesar de toda la atención que reciben, las tecnologías de la información están muy a la zaga del poder del cerebro humano. Los investigadores estiman que el cerebro normal tiene mil billones de conexiones entre sus neuronas, más que todas las llamadas telefónicas hechas en los EE.UU. en los últimos 10 años” (octubre de 1995).

¿Ha sabido Dios desde hace mucho tiempo lo que los seres humanos son capaces de lograr?

“. . . [ellos] han comenzado la obra, y nada les hará desistir ahora de lo que han pensado hacer” (Génesis 11:6).

Los hombres y las mujeres, tanto individual como colectivamente, pueden realizar tareas increíblemente difíciles. Tanto así que, hace siglos, Dios mismo intervino de manera decisiva en la torre de Babel para detener el progreso humano (Génesis 11:5-8). Él pudo prever que el mal uso de nuestras enormes habilidades terminaría por causarnos un daño inmensurable e irreparable. Sin embargo, paradójicamente, Dios siempre ha querido que la humanidad progrese en la adquisición de conocimiento y logre metas cada vez más altas, pero siempre dentro de los parámetros de su santa y perfecta ley.

¿Implica el plan de Dios que hombres y mujeres deben aprender a ejercer un liderazgo correcto?

“¿Qué es el hombre, para que te acuerdes de él, o el hijo del hombre, para que le visites? Le hiciste un poco menor que los ángeles, le coronaste de gloria y de honra, y le pusiste sobre las obras de tus manos; todo lo sujetaste bajo sus pies. Porque en cuanto le sujetó todas las cosas, nada dejó que no sea sujeto a él . . .” (Hebreos 2:6-8, citado de Salmos 8:4-6).

El contexto de este pasaje es “el mundo venidero” (Hebreos 2:5). Dios se propone que los hombres y las mujeres sean gobernantes y dirigentes en la majestuosa era venidera. Sin embargo, en el tiempo presente “todavía no vemos que todas las cosas le sean sujetas” (v. 8, última parte).

En la era venidera, ¿con quiénes compartirá Jesucristo la supervisión del mundo?

“. . . vivieron y reinaron con Cristo mil años” (Apocalipsis 20:4).

La Biblia nos dice que los verdaderos siervos de Dios, los “santos”, ¡participarán en la administración de su creación! La restauración de este planeta, y el gobierno correcto, ¡son parte esencial del plan maestro de Dios! Él se propone que el mundo entero sea como el huerto del Edén (ver Daniel 7:27; Hechos 3:20-21; Apocalipsis 5:10; 22:1).

Durante mucho tiempo la humanidad ha soñado con la utopía, un paraíso terrenal de paz y abundancia. Muchos han querido lograr esto por medio del perfeccionamiento de la tecnología y del conocimiento humano. Pero los medios de comunicación masivos a diario dan testimonio del hecho de que jamás se logrará tal utopía sin la intervención directa de Dios.

Pero cuando toda la humanidad haya sido guiada a un verdadero arrepentimiento, el plan milenario de Dios excederá todos los sueños utópicos que la mente humana se haya imaginado alguna vez. Si usted desea estudiar más a fondo este tema, por favor solicite nuestro folleto gratuito El evangelio del Reino de Dios.

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