Preguntas y respuestas: Negar el Espíritu Santo

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Si negamos que el Espíritu Santo es la tercera persona de la Trinidad, ¿corremos peligro de cometer el pecado imperdonable?


El creyente fiel y verdadero reconocerá, confesará y se arrepentirá de sus pecados y pedirá perdón.

Fuente: @Aaron Burden/Unsplash

P:  Si negamos que el Espíritu Santo es la tercera persona de la Trinidad, ¿corremos peligro de cometer el pecado imperdonable? Jesús dijo en Mateo 12:32 y otras escrituras que cualquiera que blasfeme contra el Espíritu Santo nunca será perdonado.

-De Internet

R:  La doctrina de la Trinidad, que sostiene que el Espíritu Santo es una persona, es una enseñanza falsa y errónea. Esta creencia no se encuentra en la Biblia, sino que está basada en religiones antiguas que precedieron al cristianismo. Por lo tanto, rechazar esta enseñanza falsa no constituye una blasfemia.

Esto es lo que dice Jesucristo en Mateo 12:32: “A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero”. Hay una frase similar en Marcos 3:28-29. Alguien que no conociera suficientemente a Jesús podía ser influenciado negativamente por los prejuicios y falsas acusaciones de los líderes envidiosos y llegar a considerar al Mesías un hombre común y corriente. Probablemente dijeron de él cosas falsas e irrespetuosas. Incluso puede que algunos, sin conocer al Padre ni a Jesucristo, hayan dicho cosas horribles contra ellos. Jesús dijo que hasta eso podría perdonarse si había arrepentimiento.

Pero en el contexto de Mateo 12, los fariseos se enfrentaron a un milagro que demostró fehacientemente el poder de Dios. Jesús había expulsado un demonio de un hombre, pero ellos aseguraron que Jesús lo había hecho por el poder de Satanás. No obstante, Jesús explicó claramente que solo mediante el poder de un Espíritu superior, el de Dios, se podía sacar un demonio.

No obstante, sus corazones permanecieron duros e insensibles; ser testigos de una clara demostración del poder de Dios a través de su Espíritu, y aun así negarla, reveló su actitud de rechazo voluntario al Espíritu Santo, y por eso fue que Jesús los reprendió con esta grave advertencia. El Espíritu Santo es el medio a través del cual Dios actúa en nuestros corazones y mentes para convertirnos en las personas que él quiere que seamos. La blasfemia contra el Espíritu implica rechazar ese poder que nos permite cambiar.

El libro de Hebreos expresa cómo la actitud de rechazar la obra del Espíritu Santo puede manifestarse entre los creyentes como negligencia espiritual e insistencia en cometer pecado: “Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero, y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento, crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndole a vituperio” (Hebreos 6:4-6; ver además Hebreos 10:26-27).

El verdadero creyente admite sus pecados, se arrepiente de ellos y pide perdón. Cuando hacemos esto podemos estar tranquilos, sabiendo que esos pecados no conducen a la segunda muerte porque estamos en un proceso de conversión y superación. El apóstol Juan se refiere a esto al comienzo de su epístola en 1 Juan 1:8-9. Él reconoció que había cometido blasfemia y que era culpable de oponerse y rechazar a Cristo, llegando a  perseguir a sus seguidores. Pero se arrepintió, y por la gracia de Dios fue perdonado (1 Timoteo 1:13-14).

Por el contrario, los que llegan al punto de rechazar a Dios no intentan vencer el pecado mediante el poder de su Espíritu. Cuando deciden no cambiar ni arrepentirse de sus pecados, están eligiendo la muerte. Ese es el pecado “imperdonable”, del que una persona no quiere arrepentirse. Pero no debemos desanimarnos: en la medida que nos arrepintamos y queramos poner en orden nuestra vida espiritual, Dios siempre nos va a perdonar por habernos apartado de él. Como leemos en 1 Juan 1:9: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”.

Claramente, Dios extiende su misericordia a aquel que sinceramente se arrepiente y cambia, sin importar cuál haya sido su pecado. Las palabras de Cristo, así como la advertencia en Hebreos, son en serio. No obstante, siempre debemos aferrarnos a la esperanza de que Dios nos concederá su perdón si nos volvemos a él. Para aprender más acerca de cómo obra el Espíritu de Dios en nuestras vidas, asegúrese de solicitar o descargar nuestro folleto gratuito Transforme su vida: La verdadera conversión cristiana.  BN

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