Breve introducción al mensaje del profeta Daniel

Tanto la tradición judía como la cristiana, han considerado el libro de Daniel como producto genuino del profeta judío que fue llevado cautivo a Babilonia al empezar la primera de las tres deportaciones que hubo, en el año 605 AC.

Por entonces Daniel contaba con apenas unos 17 años de edad cuando Nabucodonosor, rey de Babilonia, hizo su primera incursión contra Jerusalén, iniciando de esta manera un cautiverio que habría de durar 70 años (Jeremías 25:11,12; 29:10; Daniel 9:2), después de haber derrotado decisivamente a los egipcios en la famosa batalla de Carquemis. Este libro podría ser considerado de dos maneras: la primera con tres partes bien definidas, a saber:

1ª) El capítulo 1 que tiene que ver con la cautividad, el carácter, junto a las cualidades personales para el ministerio profético de Daniel.

2ª) Comprende los capítulos 2 al 7, detallando el plan profético de los reinos gentiles, escritos en idioma arameo.

3ª) Cubre los capítulos 8 al 12, a través de la revelación profética para Israel y la liberación final del Plan Divino.

Sin embargo, otra manera de analizar el libro de Daniel es dividiendo sus escritos en dos partes: la primera parte comprende la historia y abarca los capítulos 1 al 6. La segunda tiene un carácter profético y abarca el resto del libro, es decir cubre los capítulos 7 al 12. Y además de ser profética, la segunda parte pertenece al grupo literario llamado “literatura apocalíptica”. Por eso algunos estudiosos dicen que el Apocalipsis sin Daniel resultaría ser ininteligible, como si quisieran mostrar la importancia de las revelaciones que Dios le dio a Daniel y que tiene mucho que ver con el Apocalipsis del apóstol Juan.

Debido a ese comentario, en cada uno de los capítulos de fuerte contenido de revelación, pueden observarse seis características apuntadas con autoridad. Es decir, de contenido profético, fondo exilico, revelación a través de visiones, uso de símbolos y el intérprete que descubre el significado y contenido escatológico. De esa manera la sección profética del libro de Daniel, encaja perfectamenteen la clasificación de la llamada lectura apocalíptica, debido a que revela el pasado y principalmente el futuro de la humanidad. Su libro presenta el plan divino tanto para las naciones gentiles como para Israel y la Iglesia. También abarca grandes periodos históricos y al mismo tiempo provee un sorprendente número de detalles  relacionados con el futuro del pueblo de Dios. De esta manera, el desarrollo temático del libro no está basado en una cronología cansina de principio a fin, sino que se basa en un énfasis inicial tocante a los gentiles (Daniel 2:1– 7:28), seguido de otro, acerca de Israel (8:1- 12:13). El profeta arranca con un breve bosquejo de su propia vida, haciéndonos saber que había sido llevado cautivo a Babilonia por el ejército de Nabucodonosor. Y una vez en Babilonia, con otros jóvenes judíos, fue separado para  una preparación especial según los deseos del rey  Nabucodonosor. Entonces Dios lo hizo prosperar en un medio ambiente pagano. Por eso, el primer capítulo establece su carácter y cualidades personales con miras al ministerio profético al que Dios lo había llamado.

Los capítulos  2 al 7 tratan del plan profético para las naciones gentiles. Dios le dio a conocer dicho plan, a través del sueño que tuvo Nabucodonosor. Entonces Daniel interpretó el sueño del rey, y colocó a Daniel en un lugar prominente dentro del reino. Más tarde, el rey ordenó la construcción de una gran imagen y decretó que todos debían adorarla o sufrir la muerte (Daniel 3:13-26). Y cuando los jóvenes rehusaron tomar parte de aquella idolatría, fueron acusados y sentenciados a morir quemados en un gran horno. Pero su liberación resultó un gran testimonio para quienes no conocían al verdadero Dios. Daniel muestra que los planes del hombre no frustran los planes de Dios. A su debido tiempo el gobierno de los gentiles sería destruido y entonces vendría el reino mesiánico. Ahí Dios juzgará a las naciones e instaurará su reino. Luego en los capítulos 8:1 al 12:13 Daniel registra la revelación profética para Israel y también para la iglesia. Asimismo Daniel revela la caída del imperio medo-persa, bajo el poder del rey de Grecia. Y después de la muerte del rey de Grecia, el imperio sería dividido en cuatro partes. Luego viene una segunda visión (Daniel 9:23) relativa a la profecía de las setenta semanas. Esta visión tuvo lugar en respuesta a la oración de Daniel quien al leer la profecía de Jeremías se dio cuenta que el tiempo de la cautividad babilónica estaba por concluir. Dios envió a Gabriel para que le revelase el futuro de Israel bajo el poder romano.

En los tres capítulos finales Daniel considera los detalles tocantes a la realización de su plan profético. Es así como Daniel deja ver que el Mesías traerá victoria cuando regrese en poder y gran gloria. Luego Daniel enfoca en los sucesos principales que ocurrirán a través de la abominación desoladora, así como detalles de los reyes del norte y del sur. Al final, todos los líderes y sus planes, serán reducidos a la nada mientras que el reino mesiánico remplazará a todos los reinos del mundo, para siempre. Daniel revela la promesa de Dios de librar y proteger su pueblo (Daniel 12:1-13). De esa manera Dios le reveló a Daniel la última parte de las profecías. De manera sistemática, Dios le entregó detalles que serán de beneficio para el pueblo de Dios al fin de los tiempos. Mientras tanto las palabras quedarían selladas hasta el final. Dios promete que Daniel reposará y más tarde se levantará para recibir su heredad al fin de los días. Entonces los justos resucitarán llenos del Espíritu de Dios para integrar el reino mesiánico, para siempre.

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“Y el rey habló con ellos, y no fueron hallados entre todos ellos otros como Daniel, Ananías, Misael y Azarías; así, pues, estuvieron delante del rey. En todo asunto de sabiduría e inteligencia que el rey les consultó, los halló diez veces mejores que todos los magos y astrólogos que había en su reino” “Cuando Daniel supo que el edicto había sido firmado, entró en su casa, y abiertas las ventanas de su cámara que daban hacia Jerusalén, se arrodillaba tres veces al día, y oraba y daba gracias delante de su Dios, como lo solía hacer antes. (Daniel 1:19-20; 6:10).

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