¿Quién es digno de desatar su calzado?

Posteado el 20 April, 2016


Fuente: Shaun Venish

Nos encontramos en un tiempo crucial de reflexión destinado para el fortalecimiento de nuestro espíritu y la oportunidad tener una conexión vital con nuestro Dios y Padre: que nos permita liberarnos de la esclavitud física del pecado que a diario nos agobia, recordando el gran sacrificio realizado por Jesucristo por nosotros.

Debemos ser sinceros no tomando a la ligera el peso de su cruz que él tomo para sí con todos los pecados para podernos librarnos de la muerte eterna.

Jesucristo nos hace partícipes del camino de vida y éste camino conlleva varias etapas que nos preparan. Y no es fácil porque siendo humanos nos encontramos con el pecado a diario el cual puede desarmar todo nuestro esfuerzo.

Debemos ser instrumentos utilizables por Dios para el cumplimiento de cada una de sus palabras, permitiendo también nuestro crecimiento espiritual.

Jesucristo preparó camino para nosotros, permitiéndonos vivir, librándonos del pecado.

Un ejemplo donde Dios utiliza a las personas es: Juan el Bautista. Dios lo utilizó para que arara el camino, dejando el paso a Jesucristo. Esto se puede describir como nuestra preparación previa a la Pascua ya que sin ella no podríamos celebrar los días de Panes sin Levadura.

Podemos leer Marcos 1:7: “… después de mí viene uno más poderoso que yo; ni siquiera merezco agacharme para desatar la correa de sus sandalias” (NVI).

Nos pueden parecer simples estas palabras, pero son ciertamente muy importantes ya que nos revela lo que Jesucristo realizaría.

¿Quién es digno de desatar su calzado?

Jesucristo es quien haciéndose nuestro maestro, enseñándonos la acción del lavamiento de los pies, se vuelve más bajo, la persona de menos rango jerárquico, quien desata el calzado de nuestros pies.

Jesucristo, el hermano mayor de todos, estando en el punto más elevado se convierte en el más bajo. Para ser más claro, tomemos esté ejemplo: El millonario más grande del mundo se dispone a lavar los pies a un empleado suyo, el de menos sueldo. Lo cierto es que la realidad es opuesta, éste es quien limpia los pies de la persona con mayor rango.

Jesucristo se hizo él mismo ambos, ya que por medio de ésta acción de humildad se volvió nuestro Pan de vida, ese Pan sin Levadura, llevando con él toda la suciedad, nuestros pecados y solo él podía coger esa hoja sucia, presentársela ante Dios como una hoja estrujada para luego Dios botar nuestro pecado en el cesto del olvido, permitiendo nuestra salvación.

No podemos tomar a la ligera ese sacrificio, es muy importante el limpiarnos en estos días, ser Pan sin pecado, desechando esa levadura que nos corrompe y que nos asedia todos los días.

Tenemos que dejar de ser indignos provocado por nuestro pecar, nuestras acciones fueron marcadas en el cuerpo de Cristo llevando cada pecado nuestro.

1 Corintios 5:7 dice: Limpiaos, pues, de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura como sois; porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros.

En este nuevo inicio de fiestas debemos tomar nuestras debilidades, hacerlas a un lado y concentrarnos en nuestras fortalezas con fe en Dios que podemos lograr el objetivo que Jesucristo nos proporciona.

Siendo él el Pan de vida, por su sacrificio ofrecido por nosotros, tenemos la gran responsabilidad de luchar con fuerza y con ayuda del Espíritu Santo que nos fortalece, no debemos parar en el camino, tenemos que seguir luchando contra nosotros mismos y el pecado.

No desmayemos que el Reino está muy cerca, continuemos en la lucha de nuestra vida, siendo los Panes sin Levadura que Dios espera que seamos.



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