Gn 1:28 - 2:4 - El séptimo día

Al finalizar el propósito maestro de la creación: el hombre y la mujer, Dios les entrega la Tierra para administrarla, poblarla y disfrutarla.


Lo único seguro de la posición geográfica de Edén es que se encontraba en algún lugar cerca de los ríos Tigris y Éufrates.

Fuente: wikipedia.org/Kmusser

Al finalizar el propósito maestro de la creación: el hombre y la mujer, Dios les entrega la Tierra para administrarla, poblarla y disfrutarla. “Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra” (v. 28).

Luego, Dios les enseña sobre los alimentos y el propósito de las plantas y granos que servirían para nutrir al hombre y a los animales. No hay indicios de que el hombre fuera vegetariano, puesto que Cristo nos dio el ejemplo, como todos los personajes bíblicos desde Génesis hasta Apocalipsis. Además, sabemos que en el Milenio, un tipo de estado como el de Edén, tendrá carne para comer (Is 25:6-7).

Llegamos al séptimo día, que constituye la primera ley bíblica, pues Dios santifica (aparta para uso sagrado) el séptimo día para el hombre.

Lamentablemente, casi seis mil años más tarde el hombre observa, en su gran mayoría, otros días de la semana. El cristianismo engañado guarda el primer día de la semana, los musulmanes observan el sexto día, hay otros que guardan cualquier día y otros que no guardan ninguno. Pero es una pequeña minoría los que han observado este primer mandato de Dios tal como él lo entregó al comienzo de la humanidad, elsanto sábado.

He aquí un buen resumen del sábado por el Nuevo Diccionario Bíblico:

“El patrón del sábado de Gn 2:2 se establece para que el hombre lo observe. Los términos son fuertes para que el hombre aprenda la necesidad de guardar el sábado al descansar de sus labores”.

Los babilonios tenían un día llamado ‘sabbatum’ pero no era un día de descanso y su semana era de cinco días.

En Ex 16:21-30 se menciona el sábado en relación con la llegada del maná. Aquí está representado como un don de Dios (v. 29) para ser usado como un reposo y beneficio por su pueblo. No era necesario trabajar en sábado puesto que recibirían doble porción del maná en el sexto día.

En los primeros cinco libros de la Biblia, se enfatiza que el sábado le pertenece a Dios y esa es la razón por la que debemos observarlo. Es un día que ha bendecido y ha apartado para ser guardado.

Durante todo el Antiguo Testamento el destino de Israel está relacionado con observar o desobedecer el sábado (Ez 20). Los profetas condenaron la desobediencia o el mal uso del sábado (Is 1:13; Am 8:5; Os 2:11). No obstante, también señalaban las bendiciones que vendrían al seguir el sábado como corresponde (Is 56:2-7; 58:13-14).

En el Nuevo Testamento, los judíos habían instituido muchas costumbres adicionales al día sábado y es contra, esas cargas extras sobre el sábado que Cristo denunció. Sus declaraciones no fueron dadas en contra del sábado sino sobre las enseñanzas de los fariseos que habían anulado la Palabra de Dios con sus tradiciones. Cristo se identificó como el Señor del sábado (Mr 2:28). Estaba señalando su derecho de explicar cómo se debía guardar, al ser el jefe sobre ello.

El indicó que no era malo comer en el sábado, aunque se tuviera que arrancar las espigas de trigo. Tampoco era equivocado hacer el bien en el sábado, y eso incluía sanar a un enfermo (Jn 5:1-18, Lc 13:10-17, 1 4:1-6)”.

Para finalizar el tema, un dato interesante que han entregado los científicos en una investigación hecha para saber cuándo el cuerpo está más apto para descansar del trabajo: Llegaron a la conclusión que el mejor período es el descanso en el séptimo día. Antes o después, el cuerpo ya no rendía en forma óptima.

El huerto del Edén

Después de relatar los siete días de la renovación de la Tierra, ahora vamos al lugar donde se desenvuelve Dios y el hombre – el Huerto de Edén.

En los vv. 10-14 se nos indica que Edén, cuya raíz significa “delicia” y del cual viene el vocablo castellano “jar (huerto) dín (Edén)”, lo único seguro de su posición geográfica es que se encontraba en algún lugar cerca de los ríos Tigris y Éufrates, cuyos cauces parecen no haber cambiado significativamente antes y después del diluvio.

El sitio tradicional se ubica, en la zona donde desembocan los ríos Tigris y Éufrates en el Golfo Pérsico.

“Edén era el nombre antiguo de la llanura babilónica... El sitio exacto que señala la tradición como lugar del Huerto de Edén es un grupo de túmulos, 20 km al sur de Ur, llamado Eridu (Abu Sharen en la actualidad). Era el hogar de ‘Adapa’, el Adán babilónico…”.

Entre las tablillas babilónicas, hay una historia de ‘Adapa’ tan notablemente paralela en algunos detalles a la historia bíblica de Adán, que se le llama el Adán babilónico. ‘Adapa’, simiente de hombre; luego ofendió a los dioses, por causa del saber, después se hizo mortal y trajo enfermedad sobre el pueblo.

Según el relato más antiguo de los primeros dos reyes de la historia, éstos reinaron en Eridu. Cerca de Eridu había un huerto en el cual estaba un misterioso árbol sagrado... era protegido por espíritus guardianes, y nadie entra en medio de él.

Las excavaciones arqueológicas han revelado que la región alrededor de Eridu era densamente poblada desde los primeros tiempos conocidos, y que fue durante siglos el centro dominante del mundo. Es una región en donde han sido hallados muchos de los escritos más antiguos y más valiosos.

Ur, hogar de Abraham, quedaba a solamente 20 km de Eridu. Fara, hogar tradicional de Noé, estaba a 110 km. Todas las demás ciudades más antiguas quedan cerca.

“Los etnólogos (estudiosos de las razas) en general consideran esta región como el hogar original de todas las actuales razas humanas. Es también la región de donde provienen el buey, la cabra, la oveja, el cerdo, el perro y la mayoría de los animales domésticos. Además, de aquí vienen la manzana, la pera, el durazno, la ciruela, la cereza, el membrillo, la mora, la uva, el olivo, el higo, el dátil, la almendra, el trigo, la cebada, la avena, el guisante, el frijol, el lino, la espinaca, el rábano, la cebolla y la mayoría de nuestras frutas y hortalizas. Fue la cuna de la raza humana” (Halley, Compendio Manual de la Biblia, pp. 64-65).

“Es significativo que la arqueología y la Biblia concuerden que la zona donde nace la civilización y comienzan las actividades más antiguas de la humanidad está localizada entre el Mediterráneo oriental y los ríos Tigris y Éufrates.” (Unger, Manual Bíblico, p.41).

“Los relatos babilónicos y asirios de la creación que se parecen a la descripción en Génesis, son todos burdamente mitológicos y politeístas. Pero con tantos puntos de similitud, pareciera que hayan tenido un origen común. ¿No evidencian que algunas ideas del Génesis se grabaron en la memoria de los primeros habitantes de la Tierra y que las diferentes razas humanas al apartarse del linaje escogido de Dios y caer en idolatría, heredaron y transmitieron reliquias de verdades antiguas que entretejieron en sus culturas nacionales? ¿No son estas tradiciones corruptos testimonios de la existencia de una fuente divina original?

La Biblia afirma que la raza humana comenzó creyendo en un solo Dios, y que la idolatría de múltiples dioses vino después. Esto contradice de lleno la teoría moderna que la idea de un solo Dios fue una evolución lenta desde el animismo (dioses que representan todos los aspectos de la naturaleza) hasta la consolidación en uno solo.

El punto de vista bíblico ha sido confirmado recientemente por la arqueología. El Dr. Stephen Langdon de la Universidad de Oxford ha hallado que los escritos babilónicos más antiguos sugieren que la religión primitiva del hombre era la creencia en un solo Dios, y luego hubo un descenso rápido hasta caer en el politeísmo y la idolatría. Sir Flinders Petrie, el afamado arqueólogo, afirma que la religión primitiva de Egipto fue monoteísta. Además, prominentes antropólogos han anunciado recientemente que entre todas las razas primitivas ha habido una creencia universal en un Dios Supremo” (Halley, Compendio Manual de la Biblia, pp.61-62).

Los antiguos babilonios como los romanos modernos, requieren de labios, la Unidad de la Divinidad. Mientras que adoraban a una cantidad innumerable de dioses menores que tenían influencia sobre la vida diaria, ellos reconocían que había un dios infinito y creador supremo que gobernaba sobre todos.

La mayoría de las naciones hacían lo mismo. El Historiador Wilkinson relató en su libro Los antiguos egipcios lo siguiente: “En las primeras eras de los hombres, parecía que la existencia de un solo y todopoderoso dios que creó todas las cosas era una creencia universal”.

Mallet dice “La religión gótica enseriaba que había un dios supremo, el maestro del universo, a quién todas las cosas le eran sumisas y obedientes”.

Adán y Eva

Una vez establecido el Huerto de Edén, Dios coloca al hombre para administrarlo. El nombre “Adán” viene del vocablo “Aclama” que significa tierra. Por eso usó un juego de palabras al decirle más tarde “Polvo (Adarva) eres y al polvo (Adarva) volverás (Gn 3:9).

Respecto a Eva, lo más interesante que comprueba su existencia biológica viene del estudio genético. Allan C. Wilson, profesor de bioquímica de la Universidad de California rastreó el ADN (ácido desoxirribonucleico) en la placenta de 1.17 mujeres embarazadas de distintas partes del mundo. El ADN de la mitocondria, parte de la célula, es duplicado solo por las mujeres y transmitido a sus descendientes del sexo femenino.

Las conclusiones dejaron a los evolucionistas desconcertados. En vez de una evolución gradual de mezclas de “homínidos”, ahora se comprueba que el ser humano siempre ha descendido del ser humano y que fue la mujer humana la que originó la especie.

“Los paleontólogos (estudiosos de fósiles están confundidos... La consecuencia más discutida en este descubrimiento es que los humanos modernos no evolucionaron lenta e inexorablemente. La trayectoria del hombre arcaico al homo sapiens parece que se dio en un solo lugar” (Ulibani, Revista VM, p. 10).

Esto está confirmado en la Biblia con el relato de Génesis que señala a Eva como la madre de la humanidad, de donde descienden todas las razas. Ver Hechos 17:26.

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