Gn 1:26-31 - El sexto día, la creación del hombre y la mujer (Parte 2)

Sin la mente humana no se podrían asociar las ideas, tener imaginación, ejercer el libre albedrío, mostrar el amor desinteresado. Es lo que nos hace ‘humanos y conforme a la imagen de Dios’.


Partes de una neurona

La fabricación de los dientes

Pensemos un momento en nuestros dientes, la parte más dura de nuestro cuerpo, y uno de los materiales más duros de la naturaleza. Tienen que durar una vida para masticar algunos alimentos duros como las nueces, el hielo, etc. Cuando se quiebran únicamente se pueden reemplazar por minerales duros como la plata, el oro o el acero.

¿Cómo logra el cuerpo fabricarlos? Contemplemos lo que significa esto. Primero, estos “albañiles dentales” que provienen del hueso, tienen que encontrar los materiales dentro de la sangre. Esta sangre está convenientemente accesible al tener cada diente un agujero al centro con su propia fuente sanguínea. Desde ese punto comienzan a edificar hacia arriba, poniendo los materiales de la dentina y el cemento capa tras capa y recubriendo cuidadosamente la superficie con el esmalte. Todo esto al tiempo preciso, y hasta reteniendo los dientes para que salgan justo al momento en que el bebé está terminando de amamantar.

Nuestro maravilloso hígado

Su hígado es probablemente el objeto más complicado y eficiente sobre la Tierra. Tiene unas 19 funciones específicas.

Una de las más importantes es regular la liquidez de la sangre. Lo hace al producir fibrinógeno que hace que se coagule la sangre al ser expuesta al aire. La segunda sustancia es protrombina que le permite a la sangre ser suficientemente espesa para que no sufra hemorragias. La tercera sustancia que fabrica es heparina que limita la espesura de la sangre. Cómo logra detectar la escasez y distribuir estas sustancias en la medida precisa, nadie ha podido explicarlo hasta el momento.

El hígado es el laboratorio del cuerpo. Produce las sustancias químicas que mantienen a todos los órganos funcionando en forma eficiente. Entrega vitaminas, convierte los desechos líquidos en urea para que los riñones los eliminen, fabrica los vitales aminoácidos que regulan la salinidad del cuerpo y produce la bilis que evita que nos intoxiquemos con los productos de nuestra digestión. Es una combinación de fábrica, laboratorio y refinería.

El ojo - Nuestra cámara de video perfecta

No existe ninguna cámara filmadora o invento científico que iguale, o siquiera, se acerque a la capacidad del ojo humano. Puede detectar una luz mil veces más débil que la de una sola vela. A la vez, puede absorber el resplandor de mil millones de velas, algo parecido a la intensidad del sol en un desierto.

Las cámaras más sofisticadas aún no pueden enfocar los objetos más cercanos y los más lejanos; para esto requieren de varios lentes complicados. Sin embargo, el lente del ojo, llamado cristalino, al ser esférico, puede cambiar su curvatura como el zoom (o teleobjetivo) de una cámara al alargarse para ver los objetos minúsculos o al aplanarse para ver los más distantes. Todo esto se logra en forma automática sin que nosotros nos demos ni la menor cuenta.

Ahora bien, el cerebro no puede ver a través del ojo. Este último solo es un lente que recoge una imagen de dos dimensiones y la proyecta al revés en una pantalla de células fotoeléctricas al fondo del ojo y que se llama retina.

Una vez proyectada esta imagen del lente del ojo hacia la pantalla o pared de células fotoeléctricas, éstas reducen la imagen a impulsos eléctricos. Hay cien millones de estos bastoncillos celulares que transmiten la intensidad de la luz de la imagen con una variación de mil millones de grados entre la luz más tenue y la más potente. Los siete millones de células restantes, llamadas conos, se ocupan de los tonos del color.

Lo más asombroso de todo es que esta información es transmitida por un millón de circuitos del nervio óptico al cerebro. El cerebro a la vez tiene que reproducir la imagen por medio del archivo en la memoria y darle la posición, el color y las dimensiones de una escena que cambia constantemente según la “cámara” del ojo se va moviendo. Por eso, el cerebro no ‘ve’ a través del ojo, sino que lo usa para fabricar una imagen que encaja perfectamente con la realidad de afuera. Lo hace con tanta rapidez y precisión que no nos damos ni la menor cuenta de ello. ¡Pero es un verdadero milagro y proeza de Dios!

“Me siento en mi pieza y miro por la ventana. Veo el sol, el campo y por la calle, un amigo se acerca. Lo cercano y lo lejano aparecen en toda esta escena. Algunos objetos se mueven, otros no. ¿Dónde se encuentra esa escena? ¿Afuera? Sí, pero también dentro de mi cerebro. Hay dos escenas, una afuera y una adentro, iguales hasta el más mínimo detalle, pero el del cerebro es una fabricación de impulsos nerviosos. Parece magia. Para entender esta maravilla debemos desprendernos del hábito rutinario de toda una vida. Solo entonces podremos apreciar en toda su magnitud esta proeza aún inexplicable. Además, algo curioso en sí, es que este pasmoso fenómeno no nos impresione. ¿Por qué?” (Sir Charles Sherrington, Ensayo Sobre el Ojo Humano).

“¿Se ha preguntado usted qué les ocurre a las lágrimas que continuamente fluyen por el ojo? El doctor William Paley escribió una obra clásica titulada Teología Natural, en la cual hace un estudio del ojo. ‘A fin de mantener el ojo húmedo y limpio, cualidades que le son necesarias para su brillantez y su uso, se le aplica constantemente un lavamiento mediante una secreción que tiene ese propósito; y la salmuera superflua es llevada hacia la nariz a través de una perforación que hay en el hueso, que tiene el tamaño del cañón de una pluma de ganso. Tan pronto como este fluido entra en la nariz, se extiende sobre la parte interna de las fosas nasales, y es evaporado por la corriente de aire tibio que en el curso de la respiración pasa continuamente sobre él... Fácilmente se percibe que el ojo tiene que necesitar humedad; ¿pero pudiera la necesidad del ojo generar la glándula que produce las lágrimas, o taladrar el orificio por el cual las mismas se descargan, que es un pasadizo a través de un hueso?’ (William Paley, Teología Natural, pp. 30-31). Que los ateos y los evolucionistas nos digan quién taladró el orificio en el hueso, y colocó allí un tubo de agua para la dispersión de las lágrimas” (James Kennedy, Por qué creo, pp. 42-43).

Nuestro cerebro - La supercomputadora por excelencia

No obstante todas las maravillas que se han estudiado del cuerpo hasta el momentos, ninguna iguala en amplitud ni complejidad al cerebro, el supercomputador que regula los demás sistemas del cuerpo.

A pesar de que solo pesa un promedio de un kilo y medio, puede realizar más cálculos y funciones que un edificio entero de computadoras.

Consideremos lo siguiente: El cerebro consiste de 12 mil millones de neuronas, las células nerviosas que envían las órdenes a todos los órganos del cuerpo.

Ahora bien, estas 12 mil millones de neuronas tienen miles de extensiones, como las raíces de un árbol, que se entretejen con las neuronas vecinas, pero sin tocarse. En el sistema de alumbrado eléctrico de una casa, cada alambre está conectado a los demás, como el sistema de cañerías, un círculo completamente cerrado. Pero en el cuerpo, cada una de las doce mil millones de neuronas se detiene de golpe, precisamente antes de tocar a sus neuronas próximas, formando una brecha llamada sinapsis. Al ser estimulado el nervio, transmite la señal eléctrica a través de la brecha a la otra neurona así ahorrando energía hasta que se activa.

Lo increíble es que una neurona normal está relaciona con otras 60 000 células nerviosas y hay otras que llegan hasta 250 000 contactos con sus congéneres. De modo que para entender todos los contactos neurológicos posibles se tendría que multiplicar 12 mil millones por 60 000, o sea, más o menos unos 720 000 000 000 000, contactos, o el número de todas las estrellas que existen en 720 galaxias normales. Todo esto dentro de nuestro pequeño cerebro de un kilo y medio. Además, estudios indican que uno puede aumentar las conexiones al estimularla por medio del estudio y desafíos. “O usa el cerebro o perderá su eficacia” (Newsweek 3/90).

Sin embargo, aún tenemos que estudiar la parte más asombrosa que está conectada al cerebro, la Mente Humana, o lo que se llama bíblicamente, el espíritu del hombre (1 Co 2:11; Ec 12:2; Job 38:36; 1 Ts.5:23).

La mente humana es lo que capacita al cerebro a multiplicar sus habilidades miles de veces. Los animales tienen cerebros tan buenos como el de nosotros, y sin el espíritu del hombre, nosotros seríamos levemente superiores a un chimpancé.

A continuación tenemos algunas de las capacidades únicas que tiene la mente del hombre:

  1. 1.       La expresión de humor– Un gato puede jugar con una pelota, pero no es chistoso para el gato, pues se está adiestrando para la vida de captura de su alimento. Solo el hombre se puede “desprender” de una situación y encontrarle humor al incidente.
  2. 2.       La apreciación de la belleza – Un animal está dominado por los instintos de supervivencia y actúa para beneficio de esos intereses. No puede detenerse ante un atardecer y contemplar su ‘belleza’, en cambio, el ser humano puede inhibir el hambre, o necesidades, para contemplar la belleza.
  3. 3.       La conciencia de sí mismo– La conciencia de sí mismo es la percepción de saber que está consciente. Ningún animal puede desprenderse mentalmente y estar consciente de sí mismo. ¿Qué criatura que no sea el hombre es capaz de retroceder un paso, salirse de la escena y convertirse en espectador, inquisidor, admirador o crítico de sus propios actos?
  4. 4.       La búsqueda de valores éticos– Ningún animal pausa para saber si lo que hace es bueno o malo pero el hombre tiene una conciencia moral que lo juzga según sus acciones (Ro 2:14-16).
  5. 5.       El del idioma– Aún los animales más avanzados solo pueden entender los símbolos de algunas palabras. Pero el hombre puede relacionar los símbolos en forma lógica. Por eso se puede componer la poesía, la música y el arte en general.

Sin la mente humana no se podrían asociar las ideas, tenerimaginación, ejercer ellibre albedrío, mostrar el amor desinteresado. Es lo que nos hace ‘humanos y conforme a la imagen de Dios’.

Para concluir, veamos qué le sucedió a Nabucodonosor cuando le fue removido el espíritu del hombre, o la mente humana: “En la misma hora se cumplió la palabra sobre Nabucodonosor, y fue echado de entre los hombres; y comía hierba como los bueyes, y su cuerpo se mojaba con el rocío del como plumas de águila, y sus uñas como las de las aves. Mas al fin del tiempo yo Nabucodonosor alcé mis ojos al cielo, y mi razón (la mente o el espíritu del hombre) me fue devuelta, y bendije al Altísimo...” (Daniel 4:33-34).

Solo hemos cubierto una pequeña parte de lo que es la increíble máquina del cuerpo, pero quizás podamos apreciar mejor la palabra de David, y así podamos darle también más gracias a Dios en nuestras oraciones por nuestro cuerpo humano. 

“Porque tú formaste mis entrañas, tú me tejiste en el seno de mi madre. Te alabaré por el maravilloso modo en que me hiciste. ¡Qué admirable son tus obras! Del todo conoces tú mi alma” (Salmos 139:13-14, versión Nácar Colunga”).

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