Gn 1:2 - "Y la tierra estaba (se volvió) desordenada y vacía..."

Sabemos que Dios no creó la Tierra en un estado de desorden, sino en forma ordenada y para ser habitada.

“Y la tierra estaba (se volvió) desordenada y vacía...”

Aquí de nuevo, se debe corregir el texto, puesto que la palabra “estaba” que es “hayah” en el hebreo, mejor se traduce “se volvió” como así aparece en Gn 2:7 y 19:26.

Sabemos que Dios no creó la Tierra en un estado de desorden (noten 1 Co 14:33) sino en forma ordenada y para ser habitada como confirma la siguiente escritura: “Porque así dijo el Eterno, que creó los cielos; él es Dios, el que formó la tierra, él la hizo y la compuso; no la creó en vano; para que fuese habitada la creó...” (Is 45:18).

Por consiguiente, algo le pasó a la Tierra para convertirla “desordenada y vacía”. Sabemos que antes de la creación del hombre, el arcángel Lucifer y sus ángeles se rebelaron contra Dios y fueron lanzados a la Tierra (vea Lc 10:18; Ap 12:3-4; Is 14:12-15; Ez 28:12-17).

Hubo una gran batalla galáctica que dejó la hermosa creación de Dios “desordenada y vacía”, es aquí donde se sitúa el versículo dos de Gn 1.

¿Qué evidencia tenemos de esa destrucción? Primero tenemos las pruebas que han traído de la Luna y que han enviado las sondas que han explorado las superficies de la mayoría de los planetas. Todo indica una devastación con huellas de inmensos cráteres que no han sido producidos en nuestra era.

Las misiones tripuladas a la Luna de 1969 hasta 1973 trajeron rocas lunares que indicaron, bajo pruebas de laboratorio, que la Luna tiene la misma edad de la Tierra. Observaciones detalladas de la Luna señalaron que está resquebrajada igual que una cáscara aplastada de un huevo. Hay 300 000 cráteres con nombres propios y todo esto indica un periodo de gran destrucción. 

Geólogos han descubierto bajo las capas primarias de la Tierra, unas evidencias de cráteres. Aparentemente, alguien “recubrió” la superficie de la Tierra para hacerla habitable de nuevo. Este es el relato que encontramos en Gn 1:2-19 de la recreación y repoblación del planeta.

Nuestra Tierra es tan lisa en el espacio que si uno tomara una bola de billar y la magnificara al tamaño de la Tierra, esta esfera tendría imperfecciones mucho más elevadas que el Monte Everest, la montaña más alta del mundo.

Esto nos lleva a la segunda evidencia de ese “desorden”, las pruebas geológicas de la Tierra.

¿Qué encontramos de la evidencia de un mundo anterior a la creación de Adán? Encontramos un período muy extenso antes de Adán, que se llama “pre-adánico” y un mundo “prehistórico” que según las evidencias, han sido correctamente ordenados por los geólogos.

Aunque nada es definitivo en cuanto a la interpretación de la escala geológica, lo siguiente es lo que entendemos hasta el momento.

“Durante todo el tiempo que los ángeles supervisaron (o mal supervisaron) su herencia nos lleva a ver a un Dios Creador que constantemente bendice esta herencia de los ángeles con nuevas y diversas formas de vida. Pero Satanás administró la tierra de acuerdo a un espíritu de competencia y manipuló esas formas de vida y su medio ambiente produciendo una tierra que era lo diametralmente opuesto al “milenio”. Esto lamentablemente, es lo que el hombre está repitiendo hoy día” (Conferencia Pre-adánica, Repaso Ministerial 1989).

Podemos, de esta manera, entender que una larga serie de bendiciones y maldiciones vinieron sobre Lucifer y sus ángeles según administraban para bien o para mal las criaturas que Dios creó en la Tierra. No sabemos cuánto tiempo realmente duró este período, pues las evidencias radiométricas no son concluyentes. Lo siguiente es la escala geológica relacionada con la perspectiva bíblica.

“Las formas singulares de vida llamadas homínidos (de apariencia casi humana) y pre-homínidas que aparecen y desaparecen del registro geológico y arqueológico muchos miles de años antes de Adán nos proporcionan las siguientes evidencias:

Primero, el hombre hoy día está hecho a la imagen de Dios: puede razonar como Dios y también descender al nivel de un animal. Cuando el hombre planificó ir a la Luna, lo hizo en etapas, no en un gran salto. Se diseñaron naves espaciales que fueron creciendo en potencia y sofisticación. Cada nave tenía el propósito de avanzar un paso más hasta que la última ya estaba lista para llegar hasta la Luna y retornar.

Por analogía, encontramos que las creaciones de Dios reveladas por una serie de prehomínidos, aumentan en su complejidad cerebral. Requerían más capacidad en su desarrollo social (por ende, se manifiesta la importancia de la calidad de supervisión que debían tener los ángeles con la herencia que Dios les entregó).

Después de que Satanás intentó destronar a Dios, encontramos un nuevo nivel del hombre, y sujeto a ser juzgado. Es en este momento que aparece, no a los ángeles que enseñaron a los humanoides, sino Dios mismo en frente del hombre como su Instructor.

En segundo término, hallamos que los prehomínidos y los homínidos eran intelectualmente diferentes que la familia de Adán. Ellos no tenían el espíritu en el hombre como lo tenemos hoy día.

Los humanoides neolíticos, “físicamente” no se distinguen de los restos humanos actuales.

Aprendieron en unos cinco mil años cómo domesticar a los animales, cultivar granos, el trueque de bienes, construir casas, hacer cerámica y entender la rueda.

En cambio, la familia de Adán logró escribir en unos pocos siglos; menos de mil años para construir pirámides y 58 y medio siglos para explorar personalmente la superficie de la Luna. Es evidente que hay algo muy distinto en el hombre que lo diferencia de los humanoides que vivieron antes de los 4000 a. C.” (Conferencia Pre-adánica, Repaso Ministerial de 1989).

La última escala geológica tiene que ver con el periodo homínido hasta el hombre.

Lo siguiente es la escala geológica de la Tierra, con tres grandes periodos de vida, el Paleozoico, el Mesozoico y el Cenozoico.

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