Gn 1:14-18 - Establecimiento de los tiempos, día, noche y estaciones

Al fijar la relación y rotación de la Tierra, la Luna y el Sol, se establecen las bases para el calendario de Dios.


Inclinación axial de la Tierra.

Fuente: Jorge 2701

Una vez que ya toda forma de vegetación cubre la Tierra, Dios establece ahora en forma exacta, las distancias en que estaría la Tierra con relación a la Luna y el Sol. También fija el eje de la Tierra con un ángulo perfecto de 23 grados para que existan las cuatro estaciones del año. “Dijo luego Dios: Haya lumbreras en la expansión de los cielos para separar el día de la noche; y sirvan de señales para las estaciones y para días y años” (Gn 1:14).

Por lo tanto, las distancias entre la Tierra, la Luna y el Sol determinarían la medición del tiempo. El ángulo del eje de la Tierra, a la vez, establece las temporadas del año. Todo esto es vital para entender el calendario bíblico que Dios estableció para el hombre.

“Cuando uno contempla las combinaciones extraordinarias de las características que regulan la Tierra, solo puede uno maravillarse del ingenio y meticulosidad del Gran Arquitecto.

El volumen y el tamaño de laTierra son justos para sostener las formas de vida. Si la Tierra tuviera 12 000 km de diámetro en vez de los 10 000 km que tiene, esto duplicaría el peso que tiene el aire. Con el doble de oxígeno que existe, habría mucha más agua, al punto que el planeta entero estaría cubierto de agua, como un inmenso océano.

En cambio, si la Tierra fuera más liviana, no podría mantener el mismo nivel de aire. Primero, los gases más ligeros se escaparían al espacio mientras que los más pesados, como el dióxido de carbono, se quedarían. Esto cambiaría la combinación saludable de gases en la Tierra al volverlos tóxicos y perecería toda forma de vida. La Tierra se convertiría en algo parecido a las condiciones de la Luna.

El Dr. Wallace, más de medio siglo atrás, llegó a la conclusión de que existía “una evidencia de un diseño” respecto al tamaño preciso de nuestro planeta. El comprobó que si hubiera un cambio en el tamaño de la Tierra de un 10% más o menos, no sería posible tener forma de vida alguna sobre el planeta: la Tierra está a la distancia perfecta en relación al Sol. Si estuviera más cerca, se quemaría y si estuviera más lejos, se congelaría.

El eje de la Tierra, que apunta en el hemisferio norte hacia la estrella polar, está inclinado lo justo para mantener la vida sobre el planeta. Está ladeado en un ángulo de 23 grados que nos hace tener cuatro estaciones al año en las áreas temperadas. Por esta razón, el área de la Tierra que se puede cultivar y poblar es el doble de la que habría si el Sol estuviese siempre sobre el Ecuador, sin ningún cambio en las estaciones.

Imagínese cómo sería la Tierra sin ese ángulo preciso del eje que tiene. Si la tierra estuviera inclinada unos 45 grados, las temperaturas en las zonas templadas serían mucho más extremas, con un calor insoportable en el verano y un frío terrible en el invierno. En cambio, si no tuviera ningún ángulo (0 grados) por cinco meses se cubrirían los continentes de hielo y por los otros cinco (excluyendo enero y julio que tendrían el mismo clima) habría diluvios al derretirse el hielo.

Además, la Tierra gira a la velocidad precisa, al completar una revolución cada 24 horas. El resultado es que la superficie del planeta se calienta en forma moderada” (“Por qué creo en la creación y no en la evolución”, Fred John Meldan, pp. 28-30).

Al fijar la relación y rotación de la Tierra, la Luna y el Sol, se establecen las bases para el calendario de Dios. Esta relación es relativamente sencilla, y la mayoría de las civilizaciones antiguas han tenido calendarios parecidos.

Todos los calendarios tienen en común el día aunque no todos conocían las 24 horas divididas en 12 horas de luz y 12 horas de oscuridad, pues algunos pueblos lo dividen en seis u ocho partes.

También tienen claro la vuelta de la Luna alrededor de la Tierra cada 29 o 30 días. Por eso encontramos el mes babilónico equivalente al mes bíblico.

Además había una relación en la rotación de la Tierra alrededor del Sol, aunque ellos pensaban que el Sol era el que giraba alrededor de la Tierra. En realidad, este concepto no cambiaba para nada el tiempo de esa revolución que la llamaron año.

Solo los egipcios, al calibrar la inundación anual del río Nilo, lograron medir el año en 365 días. En el Nuevo Mundo, los mayas y aztecas también lo fijaron en 365 días.

En la Biblia, se fijaba el año en las doce “lunaciones” o meses que se aproximaban a los 365 días. Ahora bien, como cada lunación realmente es de 29 ½ días, al tener doce meses, solo llegaban a 354 días, o unos once días y ¼ menos cada año. El vocablo“mes” en el hebreo es “yera” cuya raíz significa “luna” (Ex. 12:2).

Para corregir esa deficiencia, se añadía un decimotercer mes llamado “segundo de Adar” los años 3, 6, 8, 11, 14, 17 y 19 de unciclo de 19 años.

Lo increíble es que cada 19 años, el calendario bíblico y el romano convergen, y así, por ejemplo, los 1900 años después del nacimiento de Cristo equivalen a lo mismo, con solo unos días de diferencia entre sí, del calendario bíblico y el romano.

Por eso, el calendario de Dios es aún más exacto que el romano, puesto que el romano ha tenido que ser ajustado en 1582 al eliminar 10 días del mes de octubre de ese año. Esto no quiere decir que el calendario bíblico es simple, pues es bastante complejo en sí. Aunque los días, meses y años tienen una explicación astronómica, los estudiosos se quedan perplejos sobre el origen de la semana de siete días.

“Una vez que se divide el día en varias partes, la siguiente tarea es agrupar esos días. Entre los pueblos primitivos, era común contar las lunaciones o meses en vez de días, pero más tarde se vieron en la necesidad de usar unos periodos más cortos. En África Occidental algunas tribus usaban una semana de cuatro días; en Asia Central se usaba una de cinco días; los asirios usaban una de seis días; los egipcios una de diez días y los babilonios usaban múltiples de siete.

Además, en Roma existía el “nundinae” de nueve días antiguos u ocho actuales. No obstante, la semana de siete días de los judíos se estableció como la norma en el primer siglo d.C. por todo el mundo romano y tuvo una gran influencia para el cristianismo. La siguiente tabla explica el origen de los nombres de los días de la semana que vienen de la astrología y los planetas:

PLANETAS

NOMBRE LATINO

NOMBRE

ESPAÑOL

NOMBRE

SAJON

NOMBRE

INGLÉS

Sol

Dies Solis

Domingo (ex – Soles)

Sun’s day

Sunday

Luna

Dies Lunas

Lunes

Moon’s day

Monday

Marte

Dies Martis

Martes

Tiw’s day

Tuesday

Mercurio

Dies Mercurii

Miércoles

Woden’s day

Wednesday

Júpiter

Dies Jovis

Jueves

Thor’s day

Thursday

Venus

Dies Veneris

Viernes

Frigg’s day

Friday

Saturno

Dies Saturni

Sábado

Saterne’s day

Saturday

Fuente: Enciclopedia Británica, Calendario, p.596.
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