“Estuve en la cárcel, y me visitaron”

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¿Cómo puede servir el pueblo de Dios a quienes están en la cárcel?

La “parábola de las ovejas y los cabritos”, que se encuentra en Mateo 25:31-46, ¡es mucho más que una parábola! Jesucristo se vale de ella para explicarnos cómo está juzgando él a sus discípulos en su vida diaria.

Cuando Dios nos llamó, nuestra prioridad inicial fue dejar de cometer acciones pecaminosas como mentir, robar, llevar a cabo actos inmorales, quebrantar el sábado, etc. Pero después de dejar de pecar por comisión (hacer lo malo), el agradar a Dios depende mucho más de superar nuestros pecados de omisión (no hacer el bien).

Esto no significa que ganamos la salvación por hacer buenas obras, ni tampoco que debemos tratar de impresionar a otros con nuestra rectitud (Mateo 6:1-4). No obstante, debemos imitar a Cristo con nuestras actitudes y acciones.

Jesús enfatiza el amor por sus “hermanos”

La Biblia claramente enseña que debemos amar y ser misericordiosos con toda la gente, incluso con nuestros enemigos (Mateo 5:43-48). El segundo gran mandamiento es “amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 22:39). En la parábola del buen samaritano, el “prójimo” que necesitaba ayuda urgentemente era un completo extraño (Lucas 10:29-37).

Sin embargo, muchas escrituras enfatizan la necesidad de tener un amor especialmente abnegado por nuestros hermanos y hermanas espirituales. “En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos” (1 Juan 3:16). “Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe” (Gálatas 6:10).

Aunque este artículo se enfoca en cómo podemos ayudar a quienes están en prisiones literales, algunos de los principios que examinaremos se aplican a aquellas personas del pueblo de Dios que de alguna manera se sienten encarceladas porque están confinadas en sus casas por diferentes motivos, no cuentan con medios de transporte, o viven en una zona remota sin servicios sabáticos cercanos. Debemos buscar oportunidades para ayudarlos de cualquier forma que podamos.

¡Ore por los prisioneros con quienes Dios está trabajando!

Algo que todos podemos y debemos hacer es orarpor los miembros de la Iglesia y otras personas que están en prisión y con quienes Dios está trabajando. Si conocemos personalmente a alguien que está recluido en la cárcel, podemos orar en más detalle. “Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho” (Santiago 5:16). Pablo expresó profunda gratitud por quienes habían orado por él mientras se hallaba en prisión (Filipenses 1:19; Colosenses 4:2-4).

El sistema carcelario es parte de este “presente siglo malo”, cuando “el mundo entero está bajo el maligno” (Gálatas 1:4; 1 Juan 5:19). Las prisiones son por lo general un ambiente muy nocivo, que tiende a corromper y endurecer a los presos en vez de rehabilitarlos. Puede ser un lugar muy peligroso –los reclusos pueden ser violentados, heridos, e incluso asesinados por otros prisioneros. Es un ambiente lúgubre, frío y deprimente, que empeora por el hecho de que algunos empleados de las prisiones son deshonestos, despiadados y francamente perversos. Los prisioneros con quienes Dios está trabajando necesitan nuestras oraciones por su seguridad, salud y ánimo.

¡Es una extraordinaria bendición que un prisionero sea llamado por Dios para comprender su destino eterno! Él puede conversar con su Creador y recibir respuestas a sus oraciones, y aprender a vivir según la Palabra de Dios. ¡Se puede arrepentir, bautizar y recibir perdón por sus pecados y también el don del Espíritu Santo! ¡Puede llegar a sentir paz interior y libertad mental y espiritual! Debemos orar por quienes Dios está llamando, para que contesten a ese llamado.

El llamamiento de Dios pone al reo en contacto con la Iglesia de Dios, y eventualmente él se entera de que los miembros de la Iglesia están orando por él ¡a pesar de que no lo conocen personalmente! El solo hecho de saber esto es profundamente reconfortante y alentador para estos reclusos.

“Acuérdense de los presos, como si ustedes fueran sus compañeros de cárcel, y también de los que son maltratados, como si fueran ustedes mismos los que sufren” (Hebreos 13:3, Nueva Versión Internacional).

El significado de “visitar” a un prisionero

¿Cuál debe ser nuestro enfoque respecto a visitar a los prisioneros? Después de todo, Jesús dijo “estuve en la cárcel, y me visitaron” (Mateo 25:36, NVI). En este versículo, Jesús no se estaba refiriendo a ayudar a los no creyentes en prisión, a menos que sea un pariente o amigo cercano, ya que hacerlo podría ser peligroso. 

Comparemos los versículos 36 y 43 de Mateo 25. En el versículo 36, Jesús dice “me visitaron”. Una manera fácil y práctica de “visitar” a un preso es escribiéndole cartas.

En el versículo 43, Jesús usa diferentes palabras —“no me visitaron” (Nueva Traducción Viviente). La palabra griega episkeptomai,que quiere decir “visitar”, no se limita al significado común y corriente que tiene este término en español, sino que incluye además las acepciones “preocuparse”, “atender” o “encargarse” (de las necesidades de alguien). Esta palabra es la misma que Santiago usó cuando nos exhortó a “visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones” (Santiago 1:27).

Por lo tanto, escribirle cartas a un prisionero y orar por él es ciertamente una manera de “visitarlo”. Planificar una visita dentro de una prisión es más complicado, y normalmente, no aconsejable.

¿Cuándo es apropiado mantener correspondencia con un prisionero o visitarlo?

Si alguien de su familia inmediata está en la cárcel, es respetuoso y quiere que usted lo visite, él o ella deben ser su principal prioridad. Los miembros de su familia lejana y amigos personales recluidos en prisión pueden ser su segunda prioridad. “Porque si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo” (1 Timoteo 5:8). Con mucha frecuencia, una persona que se encuentra encarcelada ha lastimado profundamente a su familia en el pasado, por lo que puede ser difícil perdonarla. Pero es nuestro deber perdonar, especialmente si el individuo está verdaderamente arrepentido. No se sienta obligado a hacer sacrificios monetarios, especialmente si éstos pueden afectar negativamente al resto de su familia.

Debemos dar una especial prioridad a los miembros de la Iglesia que estén en la cárcel por persecución religiosa. En el Nuevo Testamento leemos acerca del encarcelamiento y las “cadenas” de Pablo y otros apóstoles, ministros y miembros (Hechos 5:17-25; 8:3; 12:1-17; 16:16-40; Filipenses 1:3-20). No debemos dejar que la vergüenza nos impida extenderles la mano. Pablo escribió: “Pero por esto fui recibido a misericordia, para que Jesucristo mostrase en mí el primero toda su clemencia, para ejemplo de los que habrían de creer en él para vida eterna. Por tanto, al Rey de los siglos, inmortal, invisible, al único y sabio Dios, sea honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén” (2 Timoteo 1:16-17, vea también el versículo 8).

Afortunadamente, muy pocos miembros de nuestra Iglesia (especialmente en las sociedades occidentales) se encuentran actualmente en esta categoría, a pesar de que probablemente habrá muchos más en el futuro, a medida que las persecuciones se intensifiquen. Y no olvidemos las innumerables personas que se consideran cristianas alrededor del mundo y que están siendo perseguidas por su religión.

Jesús probablemente se estaba refiriendo principalmente a esta categoría, la de estar en prisión por persecución religiosa.

Debemos usar sabiduría cuando tratamos con miembros que han cometido un crimen

¿Y qué debemos hacer en el caso de un miembro de la Iglesia que está en la cárcel por haber cometido un crimen? (Esta categoría incluye a quienes fueron bautizados antes de ir a prisión y a aquellos que fueron bautizados mientras estaban en prisión). Por favor, no haga planes de visitar a un prisionero hasta que su pastor lo haya hecho (normalmente más de una vez) y le haya dado su aprobación para que proceda. Esta es una regla sabia a seguir, para su propia seguridad y bienestar. Una posible excepción puede darse cuando usted conoce muy bien al prisionero. En la mayoría de los casos, es mejor esperar a que el pastor evalúe la situación y le dé su aprobación, incluso antes de comenzar a mantener correspondencia con el recluso.

¿Y en cuanto a los miembros potenciales que se hallan en prisión, aquellos que parecen estar siendo llamados por Dios y progresando hacia el bautismo? En ese caso, uno debe esperar hasta que el prisionero haya sido bautizado y el pastor haya dado su autorización para mantener correspondencia con él o visitarlo.  

La mayoría de las personas en prisión merecen su castigo, a pesar de que muchos lo nieguen. Muchos de estos criminales (esto es, aquellos que son culpables de un crimen) que parecen inocentes, no lo son –simplemente saben cómo fingir y hacer teatro. Ciertos convictos (es decir, aquellos que han sido condenados por un crimen) son expertos en estafar a la gente, engañándola y manipulándola, especialmente a quienes son ingenuos y crédulos.

Algunos se aprovechan de la compasión de alguien amable para obtener regalos monetarios. Algunas veces persuaden a la persona para que se convierta en su partidario y así conseguir defensa legal. Y numerosas mujeres son engañadas para involucrarse románticamente con un preso “encantador”, lo que casi siempre produce desastrosos resultados.

Con bastante frecuencia, incluso nuestros ministros, especialmente los que no han tenido mucha experiencia aconsejando a prisioneros, son temporalmente engañados. Pero es su responsabilidad aconsejar a aquellos prisioneros que piden consejo, y en poco tiempo aprenden cómo evaluarlos cuidadosamente. Los ministros son además pastores, cuya responsabilidad es guiar al pueblo de Dios y protegerlo de cualquiera que quiera engañarlo o lastimarlo. Un ministro debe estar al tanto de los antecedentes criminales de un preso, para saber si éste es un psicópata o ha sido culpable de crímenes violentos, ofensas sexuales u otros crímenes que atentan contra la integridad de las personas o la propiedad.

Siempre toma tiempo comprobar si la transformación de un prisionero es un compromiso genuino y permanente, o si no es nada más que “religión de prisión”. Muchos presos cambian temporalmente para aliviar sus sentimientos de culpa, o para que los funcionarios que ofrecen libertad condicional lleguen a creer que ellos la merecen. Es increíble cuántos reos desean convertirse en ministros o abogados (esto último, en un esfuerzo para encontrar algún tipo de tecnicismo legal que los ayude a salir de la cárcel).

Tristemente, aún cuando un preso pueda ser sincero inicialmente, pocas veces permanecen fieles y resisten hasta el final. No logran soportar las tentaciones y pruebas mientras están en prisión ni cuando están afuera, después de haber sido liberados. Se convierten en un ejemplo de cierto tipo de persona que Dios llama y que Jesucristo describió así: “Las semillas sobre la tierra rocosa representan a los que oyen el mensaje y de inmediato lo reciben con alegría; pero, como no tienen raíces profundas, no duran mucho. En cuanto tienen problemas o son perseguidos por creer la palabra de Dios, caen” (Mateo 13:20-21, NTV).

¡Al parecer, Dios está trabajando con muchas personas en prisión!

A juzgar por la gran cantidad de prisioneros que escriben a la Iglesia de Dios Unida, es evidente que Dios está llamando a un pequeño porcentaje de ellos. Pero hasta un pequeño porcentaje significa un número importante de personas, ¡lo cual es maravilloso!

Con todo el tiempo libre y la falta de entretenimiento en las cárceles, no es extraño que muchos prisioneros en algún momento comiencen a leer la Biblia, y muchos de los que llegan a saber de nuestra literatura gratuita comienzan a solicitar nuestras publicaciones. Luego, aquellos cuyos ojos son abiertos a la verdad de Dios se dan cuenta de que el encarcelamiento les “ayuda a bien” (Romanos 8:28).

Mi responsabilidad en el departamento de correspondencia personal (DCP) es contestar la mayoría del correo postal que llega a nuestra oficina central en Cincinnati. Como los reos no tienen acceso al correo electrónico, la mayoría de sus cartas llegan a través del correo postal, por lo que soy testigo de que hay muchos presos que nos escriben. Una de las cosas que admiro de la Iglesia de Dios Unida es nuestra política de contestar toda carta que pide una respuesta personal (en vez de responder únicamente a las solicitudes de literatura). Algunos prisioneros nos dicen que otras iglesias ni siquiera contestan sus cartas.

Por supuesto, cuando un prisionero muestra un buen entendimiento bíblico y arrepentimiento y pide que lo visiten, nosotros notificamos al pastor local para que pueda concertar y planificar una visita.

Mediante estas cartas, todos los que nos encargamos de leerlas y contestarlas tenemos la maravillosa oportunidad de ver el evidente progreso espiritual en las vidas de una considerable cantidad de presos.

Cuando Cristo regrese, tendrá un anuncio muy alegre para quienes hayan mostrado compasión por sus hermanos: “Les digo la verdad, cuando hicieron alguna de estas cosas al más insignificante de éstos, mis hermanos, ¡me lo hicieron a mí!” (Mateo 25:40, NTV).

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