La cita que Dios tiene con usted

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¿Sabía usted que Dios apartó un día especial para que usted pudiese tener un contacto significativo y duradero con él? Hace casi 6 000 años, nuestro Creador declaró el séptimo día de la semana, el sábado, como un día de descanso y compañerismo con él.


Según parece, siempre tenemos tanto que hacer, que prácticamente no encontramos tiempo para contactarnos regularmente con Dios.

Una semana típica de nuestras aceleradas vidas modernas normalmente está llena de compromisos y citas, algunas de las cuales preferiríamos evitar. Pocos esperan con ansias la cita con el dentista para la extracción de un diente, y hasta la cita para un examen médico periódico. ¡Quién sabe lo que nuestro médico pueda descubrir!

Por supuesto, la mayoría de los profesionales de la salud se esfuerzan por alargar nuestras vidas y hacerlas más placenteras. Sin embargo, sin importar cuán capaces y competentes sean, no pueden tratar eficazmente el amplio espectro de nuestras ansiedades e inseguridades humanas, además de nuestros problemas económicos, laborales y maritales.

Solo Dios tiene la habilidad innata de librarnos de todos nuestros problemas, y únicamente su Palabra nos puede decir cuáles deben ser nuestras prioridades.

Cuando nos alejamos de Dios

Sin embargo, nuestras sociedades modernas no están diseñadas para iniciar, desarrollar y acrecentar una relación apropiada con nuestro Creador. Por el contrario, nuestra sociedad más bien amplía la brecha entre Dios y nosotros, alejándonos de la ayuda divina que todos necesitamos para lidiar con la vida en un mundo acelerado y cuya complejidad va en constante aumento.

Hoy en día, muchos se encuentran en un estado de perpetua confusión, agobiados por una serie de problemas y ansiedades. “La enfermedad del apuro” es uno de sus síntomas, y se ha convertido en la epidemia del mundo occidental. La vida en la “vía rápida” está provocando trágicas consecuencias.

Cierto periodista escribió un artículo sobre el tema, confesando francamente: “Yo soy patológicamente impaciente e incapaz de esperar por algo. Siempre estoy escapándome de las tiendas, los bares o restaurantes, porque las colas son demasiado largas y no tengo tiempo para esperar” (India Knight, “The Can’t Wait Society” [La sociedad que ‘no puede esperar’], The Sunday Times, mar. 26, 2006). Hoy en día escuchamos a menudo sobre la “ira al volante”, ¡e incluso de la ira contra los carros del supermercado! Como resultado de nuestra impaciencia crónica y de estar siempre apurados, muchos terminan deprimidos, solitarios, estresados y enfermos.

Son demasiadas las personas que no duermen bien. Muchas se atiborran continuamente de comida chatarra por no hacer el esfuerzo de preparar comidas saludables. Hemos permitido que el tiempo se vuelva un enemigo en vez de un amigo. Estamos usando muy mal uno de nuestros recursos más valiosos, porque la mayoría de nosotros ha perdido la habilidad de organizar su tiempo apropiadamente. No nos damos cuenta de lo importante que es para nuestro bienestar la admonición bíblica de “aprovechar bien el tiempo” (vea Efesios 5:16; Colosenses 4:5).

Según parece, siempre tenemos tanto que hacer, que prácticamente no encontramos tiempo para contactarnos regularmente con nuestro Creador. Los seres humanos, en su gran mayoría, hemos desechado las llaves bíblicas que nos permiten abrir la puerta a la presencia y ayuda de Dios en nuestras vidas.

Perspectiva de Dios acerca del tiempo

Hay un salmo, atribuido a Moisés, que nos entrega una perspectiva muy necesaria: “Señor, tú nos has sido refugio de generación en generación . . . Desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios” (Salmo 90:1-2). Cuando Dios es el centro en nuestras mentes, comenzamos a pensar diferente y a reflejar sus pensamientos en vez de los nuestros.

Pero todos envejecemos día tras día, y el reloj sigue su marcha inexorable. Nuestras vidas físicas están sujetas a un tiempo limitado. Muchos hoy en día ya sobrepasan los 70 años mencionados más adelante en este mismo salmo, y se preguntan cuánto tiempo les queda.

Leamos lo que dicen los versículos 9-10: “Acabamos nuestros años como un pensamiento. Los días de nuestra edad son setenta años; y si en los más robustos son ochenta años, con todo, su fortaleza es molestia y trabajo, porque pronto pasan, y volamos”.

Nuestro Creador desea que comprendamos lo que significa que no viviremos para siempre en la carne. Todos necesitamos aprender a utilizar nuestro tiempo apropiadamente: “Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría” (v. 12, énfasis añadido en todo este artículo).

Nuestros pensamientos visionarios deben extenderse a una era futura que trascenderá nuestras vidas físicas. Dios ofrece el don de la vida eterna a quienes cumplen con sus condiciones y someten su voluntad a la de él, pero debemos invertir el tiempo necesario ahorapara pensar en nuestro verdadero futuro en aquel tiempo que viene.

¡Para ello tenemos el séptimo día de Dios, el sábado!

Un día dedicado a Dios

Levítico 23 es uno de los capítulos más importantes de la Biblia. Cuando verdaderamente comprendemos sus implicaciones, se convierte en un mapa divinamente revelado del plan y el propósito de Dios para la humanidad.

Comienza así: “Habló el Eterno a Moisés, diciendo: ‘Habla a los hijos de Israel y diles: “Las fiestas solemnes del Eterno, las cuales proclamaréis como santas convocaciones, serán estas”’” (vv. 1-2). Dios es el revelador de la verdad, y Moisés es su agente, que habla directamente con el pueblo de parte de Dios. Estas son las fiestas de Dios, y él tiene derechos exclusivos sobre ellas. Le pertenecen a él y no a otra persona o grupo de personas.

La palabra hebrea traducida como “fiestas” aquí es mo’edim,que significa “en sus tiempos” (v. 4) o “citas”, como diríamos hoy en día. La primera cita mencionada es el sábado semanal, que debe ser observado desde la puesta de sol del viernes hasta la puesta de sol del sábado: “Seis días se trabajará, mas el séptimo día será de reposo, santa convocación; ningún trabajo haréis; día de reposo es del Eterno en dondequiera que habitéis” (v. 3).

El resto del capítulo está dedicado exclusivamente a las siete fiestas anuales, que comprenden siete días santos (sábados semanales). Como el versículo 4 dice, “Estas son las fiestas solemnes del Eterno, las convocaciones santas, a las cuales convocaréisen sus tiempos”. La fascinante explicación de su significado va más allá del alcance de este artículo, y para ayudarle a entender mejor este tema, le recomendamos que lea nuestro folleto gratuito Las fiestas santas de Dios.

El propósito de este artículo es concentrarnos en la cita divina establecida con Dios cada séptimo día.

Observancia del día sábado

Todos necesitamos descansar de nuestras ocupaciones laborales y domésticas en general, por lo que el Creador nos ordena descansar cada séptimo día (Éxodo 20:8-11; Deuteronomio 5:12-15). El mandamiento del sábado se remonta a la creación, ya que Dios mismo descansó en ese primer día séptimo y lo santificó —lo apartó— como un ejemplo para toda la humanidad, comenzando con Adán y Eva (Génesis 2:1-3).

El compañerismo espiritual con otros del mismo pensar es uno de los estimulantes más beneficiosos para la mente humana. ¡Todos lo necesitamos! Pero, desde luego, esto solo puede llevarse a cabo eficazmente mediante nuestro compañerismo con Dios el Padre y su hijo Jesucristo (1 Juan 1:3). Las relaciones exitosas, ya sea con Dios o con los hombres, requieren tiempo de calidad.

Un día semanal de descanso nos permite usar los otros seis días de manera mucho más provechosa. Las personas que trabajan siete días a la semana por lo general se desgastan prematuramente. Al igual que el descanso físico y mental, necesitamos tiempo suficiente para meditar y pensar en aquellos asuntos que le dan a nuestra vida un significado especial y un propósito divino.

El sábado proporciona tiempo y espacio para que las familias, las parejas y los amigos establezcan relaciones más estrechas. Este séptimo día de reposo aporta tiempo muy valioso para la oración y para leer y estudiar la Biblia, el libro que nos dice cómo vivir en forma infinitamente gratificante, satisfactoria y llena de propósito. Es también un tiempo para reunirse con otros para la adoración colectiva, ya que como denota el término “santa convocación” en Levítico 23:3, es una asamblea ordenada por Dios (compare con Hebreos 10:24-25).

La observancia del sábado es parte integral de los Diez Mandamientos. Este mandamiento no es menos válido que los seis últimos, específicamente diseñados para regular nuestras relaciones con otros seres humanos: no matarás, no robarás, no cometerás adulterio, etc. Es uno de los importantísimos cuatro primeros mandamientos que nos ayudan a expresar amor hacia nuestro Creador, adorándolo de forma apropiada y respetuosa.

El cristianismo tradicional en su gran mayoría desprecia o ignora todo lo que se refiere a esta reunión semanal con su Creador, y se está perdiendo la edificación espiritual que se produce al observar el séptimo día de la semana, el sábado. ¿Por qué no comenzar asistiendo a su cita semanal con Dios?  

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