¿Se está preparando para el regreso de Cristo?

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La segunda venida de Cristo no es solo un concepto de un futuro ficticio. ¡Usted debe prepararse espiritualmente para este acontecimiento verdadero!

¿Se está preparando para el regreso de Cristo?
Fuente: pixelheadphoto/iStock/Thinkstock

¡Era el fin del mundo! Decenas de miles de personas creían que Jesús estaba a punto de regresar. Los campesinos habían dejado libres a sus ganados y la gente literalmente se había deshecho de su dinero. Miles se habían reunido en iglesias y hogares y acampado en praderas, anticipando el suceso más dramático de la historia.

A medida que la noche se acercaba, la emoción y la ansiedad se hacían más intensas. Los creyentes cantaban himnos, oraban y hablaban entre sí acerca de cómo sería el cielo. Cerca de la medianoche, el nerviosismo suscitado por la espera se había hecho casi insoportable.

Sin embargo, la medianoche llegó y pasó. La gente, confundida y pasmada, siguió esperando durante la madrugada. Pero el amanecer reveló que Jesús no había regresado. Era el 22 de octubre de 1844 en los Estados Unidos.

Este suceso [muy importante en la historia del movimiento millerista, un grupo religioso estadounidense del siglo xix llamado así porque seguía las proclamas del predicador bautista William Miller] se llegó a conocer como “El Gran Chasco”, y encierra lecciones para aquellos que aún están esperando el regreso de Cristo.

¿Está anticipando usted el regreso de Jesucristo? ¿Está esforzándose por vivir día a día mientras trata de mantenerse enfocado en su regreso? ¿Cómo se está preparando? 

El Gran Chasco

Podemos aprender mucho de aquellos que experimentaron el Gran Chasco, especialmente de su malinterpretación de las profecías bíblicas y los acontecimientos que conllevarán al segundo regreso de Cristo.

Aquellos que anticipaban el regreso (o segundo advenimiento) de Cristo a mediados del siglo xix llegaron a conocerse como adventistas. Fue un importante movimiento religioso que cruzó las fronteras denominacionales, pero las repercusiones fueron devastadoras para muchos de los que estaban esperando con ansias el regreso de Cristo.

Henry Emmons, un creyente desanimado, escribió:

“Y el querido Jesús no vino — esperé hasta la mañana del miércoles, y me sentía bien físicamente, pero después de las 12 comencé a sentirme decaído, y antes del atardecer tuve que valerme de alguien para que me ayudara a ir a mi recinto, ya que mi fortaleza natural se estaba disipando rápidamente y estuve postrado por dos días sin dolor alguno, enfermo de desencanto” (citado por George Knight, Millennial Fever and the End of the World [Fiebre milenaria y el fin del mundo], 1993, pp. 217-218).

Otro creyente decepcionado, y cuya fe fue destruida, fue Hiram Edson. Él dijo:

“Nuestras esperanzas y expectativas más preciadas fueron aplastadas, y un espíritu de tristeza que nunca antes habíamos experimentado se apoderó de nosotros. Parecía como si aún la pérdida de todos nuestros amigos terrenales no podía compararse con esto. Lloramos y lloramos, hasta que el día amaneció” (citado por Knight, p. 218).

Muchos de quienes creían que Jesús regresaría simplemente retomaron sus antiguas vidas. Algunos perdieron su fe por completo. Otros indagaron las Escrituras para descubrir en qué se habían equivocado.

Si los involucrados en el Gran Chasco hubiesen tenido un mejor entendimiento profético de lo que la Biblia enseña acerca del regreso de Cristo, se habrían dado cuenta de que este no podía ocurrir en octubre de 1844.

¿Qué enseña la profecía Bíblica acerca de la segunda venida de Cristo?

Veamos algunas profecías relacionadas con la segunda venida de Cristo. Un importante punto de partida es la profecía entregada en el monte de los Olivos, registrada en Mateo 24.

Aquí vemos la descripción (citada con frecuencia) que Jesucristo entrega acerca del estado del mundo antes de su regreso: “Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares. Y todo esto será principio de dolores”
(vv. 7-8).

A lo largo de la historia los seres humanos han sido testigos de guerras, hambrunas y epidemias, y han proclamado la inminencia del regreso de Jesús. Muchos europeos en la Edad Media observaban la peste negra, los problemas económicos, la hambruna y las guerras interminables y concluían que el regreso de Cristo ya se asomaba por el horizonte.

Pero una declaración específica de Jesús aporta información vital acerca del tiempo que precederá su regreso. Leemos esto en los versículos 21-22: “Porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá. Y si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados”.

Este colapso global que conllevará a la guerra, la hambruna, pandemias y desastres naturales, es lo que no había ocurrido en 1844. De hecho, es fácil entender por qué los europeos de la Edad Media, quienes sufrieron la devastación provocada por la peste negra, pensaron que estaban viviendo en el tiempo del fin. Pero incluso las horrendas enfermedades, guerras y hambrunas que devastaron a Europa en esos días fueron insignificantes en comparación con los desastres descritos en la profecía del monte de los Olivos.

El colapso global desemboca en caos

Esto es lo que malentendieron quienes estuvieron involucrados en el Gran Chasco: el regreso de Cristo será precedido de catástrofes globales.

El mundo en el que usted y yo vivimos no tiene precedentes en la historia. El poder destructivo de las armas nucleares y biológicas, la velocidad con que pueden propagarse las enfermedades a través de los medios masivos de transporte, el clima económico en el cual un simple suceso en una parte del mundo puede tener consecuencias a nivel mundial, la concentración de millones de personas hacinadas en ciudades con abastecimiento limitado de alimentos — todas estas cosas son una indicación de las condiciones que precederán el tiempo que, según Jesús predijo, será como ningún otro en la historia.

Se avecina un tiempo, comúnmente conocido como la gran tribulación, en el cual el mundo se verá envuelto en tal caos y violencia, que la humanidad se encontrará al borde de la aniquilación total.

Tanto la profecía del monte de los Olivos como el libro del Apocalipsis muestran que durante este tiempo de desastres globales, la gente a lo largo de la Tierra –desde las ciudades superpobladas hasta el campesino que trabaja por su cuenta en el área más remota– verá a Cristo descender del cielo. ¡Será el evento más dramático y aterrador de la historia!

Feroz resistencia a Jesucristo

Según el libro de Apocalipsis, los ejércitos se reunirán para repeler esta invasión del espacio sideral. Esto nos lleva al segundo punto que los participantes en el Gran Chasco malentendieron: los seres humanos se resistirán encarnizadamente a Jesucristo cuando regrese.

El apóstol Juan registra su visión de este evento en Apocalipsis 19: “Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea. Sus ojos eran como llama de fuego, y había en su cabeza muchas diademas; y tenía un nombre escrito que ninguno conocía sino él mismo. Estaba vestido de una ropa teñida en sangre; y su nombre es: el Verbo de Dios.

“Y los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, le seguían en caballos blancos. De su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones, y él las regirá con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso” (vv. 11-15).

Juan recibió una visión increíble — ¡Cristo en toda su gloria, brillando como el sol, destruyendo a los ejércitos que se habrán reunido para resistirse a él!

Ahora nos enfrentamos a una pregunta que pasaron por alto los seguidores del Gran Chasco: ¿Dónde se reunirán estos ejércitos para luchar contra Cristo?

Cómo prepararse para el regreso de Jesucristo

Este acontecimiento en 1844 no fue auspiciado por una denominación en particular, sino que fue un movimiento ecuménico.Algunos de los metodistas, bautistas, presbiterianos, y otros que participaron, además de sentirse desilusionados cuando Jesucristo no regresó, fueron ridiculizados por sus vecinos. En Nueva York, algunos edificios adventistas fueron destruidos.

¿Dónde habían fallado sus cálculos?

Esto nos lleva a una tercera profecía que es crucial para el entendimiento de la segunda venida de Cristo: Jesús regresará al monte de los Olivos para establecer el Reino de Dios en la Tierra.

Durante el Gran Chasco, los creyentes pensaron que Cristo los llevaría al cielo y destruiría inmediatamente la Tierra con fuego. Pero hay un importante pasaje del Antiguo Testamento que al ser comparado con la profecía del monte de los Olivos y el libro de Apocalipsis nos entrega un claro panorama del regreso de Cristo. Esto es lo que dice:

“He aquí, el día del Eterno viene, y en medio de ti serán repartidos tus despojos. Porque yo reuniré a todas las naciones para combatir contra Jerusalén . . . Después saldrá el Eterno y peleará con aquellas naciones, como peleó en el día de la batalla. Y se afirmarán sus pies en aquel día sobre el monte de los Olivos, que está en frente de Jerusalén al oriente” (Zacarías 14:1-4).

Aquí se nos revela exactamente el lugar donde Jesucristo regresará — el monte de los Olivos, en Jerusalén. Los ejércitos se reunirán fuera de Jerusalén para luchar contra el Príncipe de Paz. Zacarías 14 revela que Cristo no destruirá la Tierra, sino que establecerá el Reino de Dios en Jerusalén para gobernar sobre todas las naciones de la Tierra.

Desencanto y desánimo

Los involucrados en el movimiento adventista de mediados del siglo xix podrían haber prevenido su error si hubiesen comprendido estas tres profecías bíblicas (y hay muchas más).

Después del Gran Chasco regresaron a su vida normal, pero no fue fácil. Lucharon con su fe y enfrentaron el desprecio de sus vecinos. Muchos habían cerrado sus negocios, sacado a sus hijos de la escuela y vendido sus propiedades. Retomar las piezas de su vida fue una lucha muy difícil.

Quienes pasaron por el Gran Chasco no han sido los únicos que han esperado el regreso de Cristo y han terminado desilusionados cuando ello no ocurrió.

Entonces, ¿cómo podemos nosotros, los que aún esperamos el establecimiento del Reino de Dios en la Tierra, mantener nuestra mira en ese futuro mientras vivimos en una sociedad cada vez menos religiosa y más antibíblica? ¿Cómo nos mantenemos enfocados mientras lidiamos a diario con los asuntos de la familia, el trabajo, las finanzas y el estrés de la vida moderna?

Pasos para mantenernos enfocados y comprometidos

Aquí hay tres pasos que usted puede seguir para mantenerse enfocado en el futuro de Dios mientras cumple con los compromisos de su vida diaria:

• Anticipación

Cuando Jesús tenía tan solo ocho días, sus padres lo llevaron al templo en Jerusalén para que fuese circuncidado. Ahí encontraron a un anciano llamado Simeón que esperaba ansiosamente la venida del Mesías. Dios le reveló a Simeón que vería al Mesías antes de morir, y cuando José y María trajeron a Jesús al templo, el anciano supo que Dios había cumplido su promesa.

Simeón caminó hacia donde estaba Jesús y lo tomó en sus brazos, y adoró a Dios diciendo: “Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, conforme a tu palabra; porque han visto mis ojos tu salvación, la cual has preparado en presencia de todos los pueblos; luz para revelación a los gentiles, y gloria de tu pueblo Israel” (Lucas 2:25-32). Simeón es un ejemplo de alguien que anticipaba la primera venida del Mesías.

Usted y yo vivimos en un tiempo excepcional, entre los dos grandes eventos de la salvación: la primera venida de Jesucristo como Redentor de la humanidad, y su segunda venida para establecer el Reino de Dios en la Tierra. Entender nuestro período en la historia tiene que ser algo central en nuestra vida diaria.

Cuando nos vemos enfrentados a las injusticias y sufrimientos de la vida cotidiana, debemos recordar aquel tiempo venidero en que Cristo se parará en el monte de los Olivos para traer misericordia y justicia, erradicar la pobreza y la violencia, y dirigir a toda la humanidad para que conozca a Dios. Usted puede experimentar gran esperanza si anticipa el futuro; pero esa anticipación solo puede ser mantenida adecuadamente mediante la oración y el estudio de la Biblia  día a día. La anticipación se mantiene viva gracias a la comunicación diaria con Dios.

• Preparación

La segunda venida de Cristo es mucho más que una hermosa idea de un futuro de fantasía. Usted debe estar preparándose espiritualmente para ese momento, y lo que aprenda de la Biblia debe convertirse en parte integral de su vida.

Jesús enseñó: “Bienaventurados aquellos siervos a los cuales su señor, cuando venga, halle velando . . . Pero sabed esto, que si supiese el padre de familia a qué hora el ladrón había de venir, velaría ciertamente, y no dejaría minar su casa. Vosotros, pues, también, estad preparados, porque a la hora que no penséis, el Hijo del Hombre vendrá” (Lucas 12:37-40).

Esta es una fuerte advertencia de Jesucristo. Muchos creerán en su regreso pero no estarán preparados para él.

Seamos sinceros. Tal vez usted está llevando un estilo de vida seudocristiano, con un poco de Navidad, un poco de Pascua Florida, un poco de música religiosa, pero cuando tiene que ver con la honestidad, su matrimonio, las fiestas de los viernes por la noche y su obediencia y adoración diaria a Dios, ¿qué tan diferente es de su vecino que no es cristiano?

Si esto lo describe a usted, el regreso de Cristo lo va a tomar por sorpresa. Es tiempo de despertarse, velar y estar preparado. ¡Es hora de un cambio espiritual radical!

• Declaración

¿A qué me refiero con “declaración”?

No estamos diciendo que debe ir de puerta en puerta intentando convertir a todos sus vecinos, pero si verdaderamente desea que Jesucristo regrese y está preparándose para ese momento, usted mostrará mediante sus acciones que es ciudadano del Reino de Dios venidero.

No podemos esconder nuestra luz debajo de un almud (Mateo 5:15). Por el contrario, por medio de nuestro ejemplo cristiano, debemos proclamar el regreso de Cristo hasta que pose sus pies en el monte de los Olivos.

También tenemos que estar desarrollando el carácter de Cristo y haciendo las cosas que él hizo. El apóstol Pablo dijo “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo” (1 Corintios 11:1). Todos necesitamos autoevaluarnos y decir: “¿Dónde me encuentro? ¿Estoy realmente preparándome para estar con él? Debo comenzar a prepararme ahora si es que quiero estar ahí”.

Nuestro ejemplo es lo que manifiesta nuestra creencia en el regreso de Jesucristo. ¿Cómo conducimos nuestra vida? ¿Cuál es nuestra actitud? ¿Cómo tratamos a los demás? ¿Estamos demostrando amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, mansedumbre y templanza, el fruto del Espíritu Santo mencionado en Gálatas 5:22-23?

Debemos ser gente justa que busca obedecer a Dios y amar a su prójimo, desarrollando un carácter piadoso y llevando a cabo en nuestras propias vidas las obras que reflejan la Palabra de Dios y su ley y enseñanzas. Cuando hacemos eso, el resto se arreglará solo, y estaremos preparados para reunirnos con Jesucristo a su regreso.

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