¿Perdurará la preeminencia de Estados Unidos?

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El eslogan político “Make America Great Again” (Devolvamos a Estados Unidos su grandeza) catapultó al candidato Donald Trump y lo colocó en el puesto más poderoso del mundo. Sin embargo, aunque en años recientes ha decaído como nación, Estados Unidos ya es grande en muchos aspectos — pero ¿por cuánto tiempo?

Cuando durante su campaña política presidencial Donald Trump dijo “Make America Great Again(Devolvamos a Estados Unidos su grandeza), hubiera sido más apropiado que dijera “Devolvamos a Estados Unidos la grandeza que solía tener”, porque esta nación aún no ha perdido su preeminencia.

Según todos los cálculos, los Estados Unidos de América sigue siendo una gran nación. No tiene rivales en cuanto a poderío, y cuenta con la economía más sólida del mundo. Sus fuerzas militares pueden proyectar su poder en cualquier parte del orbe para influir en cursos de acción, librar guerras yaportar ayuda humanitaria. En el aspecto político, el mundo todavía se apoya en Estados Unidos y su liderazgo para defender la libertad, promover valores humanitarios y oponerse al terror y la tiranía.

Es fundamental que entendamos cuál es la Fuente de esta grandeza nacional. Estados Unidos es una gran nación no por sus propios esfuerzos, sino porque Dios la hizo grande como parte del cumplimiento de su plan para la humanidad a lo largo de los siglos.

Estados Unidos es grande, pero no por la bondad innata de su gente sino porque heredó las bendiciones que Dios prometió muchísimo tiempo atrás a un hombre llamado Abraham. Este patriarca bíblico, un pionero de la fe en Dios, recibió una promesa para sus descendientes consistente en bendiciones nacionales, poder y prestigio, junto con una promesa espiritual que se cumplió en la vida, muerte y resurrección de su descendiente más importante, Jesucristo. Ambas promesas todavía están vigentes y operantes en el mundo actual.

Estados Unidos, bendecido con la manifestación moderna de la dimensión física de estas promesas, seguirá siendo grande hasta cuando Dios decida lo contrario. La suerte de esta poderosa nación, llamada por algunos “la última esperanza de la humanidad”, está enteramente en las manos de Dios. Ningún presidente, actual ni futuro, puede decidir el destino final de los Estados Unidos. Si usted logra comprender esto, podrá comprender una realidad fundamental detrás de los asuntos mundiales.

También debe darse cuenta de esto: cuando Estados Unidos deje de ser el poder mundial que es ahora, vamos a vivir en un mundo muy diferente. Cuando Dios retire su bendición y protección a esta nación, el mundo iniciará una era mucho más oscura y peligrosa. Quienes producimos esta revista amamos a los Estados Unidos y oramos por su presidente y otros líderes, pero estamos al tanto de la condición espiritual de este país y sabemos que, a menos que ocurra un cambio descomunal, su futuro no será grandioso sino una gran tragedia.

Un momento crítico

El mundo quedó pasmado en las últimas elecciones presidenciales estadounidenses. En contra de todos los pronósticos, Donald Trump ganó la elección y venció a una candidata de la cual se decía que fácilmente lo derrotaría. En su discurso inaugural vaticinó un nuevo comienzo para Estados Unidos y prometió cumplir todas sus promesas para reparar la economía, reconstruir la infraestructura y, según sus propias palabras, devolverle a la nación la grandeza que una vez tuvo. Donald Trump comenzó un término presidencial de cuatro años que podría convertirse en uno de los más decisivos de la historia.

Estados Unidos y el resto del mundo se encuentran en una coyuntura crucial. Las naciones están experimentando cambios radicales que provocan inseguridad y temor. El terrorismo radical islámico amenaza al presente sistema geopolítico en la medida que las naciones reaccionan al impacto del Estado Islámico, al Qaeda y la masiva inmigración provocada por la guerra en el Medio Oriente. Una vasta transformación cultural está socavando las enseñanzas morales tradicionales en cuanto a la familia, la sexualidad y el género sexual. Todo esto ha dado origen a una arrolladora ola de cambios que está arrastrando a la sociedad con un devastador impacto.

¿Qué debe uno entender en este crucial momento de la experiencia humana? ¿Qué pasos debe estar usted tomando, no solo para entender sino también para cambiar su vida y prepararse para aquel tiempo en que Estados Unidos ya no sea grande?

Antiguos orígenes y profecías de futura grandeza

Demos una mirada a los inicios de la historia de Estados Unidos, comenzando con algo que sin duda puede sorprender a muchos: Abraham en la antigua Mesopotamia. En un tiempo en que los hombres no viajaban más allá de su entorno inmediato ni alimentaban sueños de una vida más allá de lo que les deparaba su nacimiento, este hombre obedeció el mandamiento de Dios de dejar su casa para aventurarse en una tierra desconocida y comenzar una nueva vida.

En Génesis 12 vemos que este singular hombre de fe, llamado primero Abram, obedeció el mandamiento de Dios, quien le había dicho: “Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra” (Génesis 12:1-3).

Abraham obedeció a Dios, y así comenzó la historia. Más tarde Dios cambió su nombre, Abram (“padre enaltecido”), al de Abraham (“padre de una multitud”). Dios reiteró la misma promesa a su hijo Isaac y a su nieto Jacob y la expandió. Los descendientes de Abraham serían una gran multitud de pueblos y poseerían las puertas de sus enemigos, una promesa de poder global moderno que trascendería la tierra prometida inmediata y se extendería hasta el mundo moderno. Cuando Jacob puso sus manos sobre los dos hijos de su hijo José, dándoles a ambos su nombre (Israel) para que se perpetuase, además de las promesas físicas de una gran nación y una compañía de naciones (compare Génesis 35:9-11; 48:8-19), quedó establecido el escenario para el futuro.

Ninguna de estas promesas fue cumplida en los antiguos reinos de Israel y Judá. Aunque tuvieron algunos periodos de fuerza regional bajo líderes como David y Salomón, nunca lograron siquiera acercarse a la grandeza nacional y el poder que Dios le prometió a Abraham y que les reiteró a Isaac y Jacob. Si creemos que Dios es fiel a su palabra, tenemos que enfocar la atención en otro tiempo y lugar para ver cómo llegaron a cumplirse estas particulares promesas.

Se cumplen las promesas de Dios

Mediante esta cadena de promesas y bendiciones, Dios nos entrega las bases para comprender el mundo moderno y el rol de Estados Unidos y las naciones de habla inglesa en el desarrollo de los acontecimientos de nuestro tiempo. Y aunque estas promesas fueron ampliadas y repetidas a los descendientes de Abraham, la bendición de Isaac a Jacob es la que nos entrega la señal clave para el cumplimiento moderno de estas promesas.

En Génesis 49 José es descrito en los últimos días como una “rama fructífera junto a una fuente cuyos vástagos se extienden sobre el muro” (v. 22), es decir, una nación que se propagaría más allá de sus comienzos y en todas las direcciones. La profecía afirma que los descendientes de José tendrán que soportar los ataques de enemigos que detestan su rol predominante, pero José será fortalecido “por las manos del Fuerte de Jacob” (vv. 23-24).

La ayuda de Dios es prometida junto “con bendiciones de los cielos de arriba, con bendiciones del abismo que está abajo, con bendiciones de los pechos y del vientre” (v. 25). Se dice que José, el que fue separado de sus hermanos, poseerá increíbles bendiciones de sus padres. Estas bendiciones son enormes, casi ilimitadas, “hasta el término de los collados eternos” (v. 26).

La profecía de Jacob se refiere a “los días venideros” (v. 1). Cuando observamos el mundo moderno solo hay una nación, o grupo de naciones, que encaja en esta descripción, y no se trata del pueblo judío, aunque ellos también son israelitas. Dicha descripción solamente concuerda con Estados Unidos y las principales naciones de habla inglesa, que comparten un mismo ancestro. En forma sorprendente, Gran Bretaña, y posteriormente Estados Unidos, súbitamente pasaron a ocupar un lugar predominante entre las naciones y han liderado al mundo durante los últimos dos siglos y medio. El papel de las naciones de habla inglesa durante dicho periodo ha consistido en guiar al mundo a través de un sendero ascendente que conduce a lo que el gran primer ministro británico Winston Churchill llamó “las amplias mesetas soleadas”.

Las tierras habitadas por las naciones de habla inglesa han sido cuna de extraordinarios logros para mejorar y salvar vidas en las áreas de la ciencia, agricultura, economía y leyes. Estas naciones han producido más premios Nobel, patentes de inventos útiles y avances tecnológicos que ningún otro conjunto de naciones en la historia del mundo. Gracias a ellas, otros países pueden enfocarse en lograr sus metas sin tener que preocuparse de la tiranía, y muchas personas están vivas actualmente gracias a las numerosas bendiciones concedidas a las naciones de habla inglesa por el Dios de Abraham.

Usted puede rechazar esta verdad si desea, pero si lo hace, estará negando la clara evidencia que salta a la vista tras un estudio honesto de los hechos históricos. En su obra magistral A History of the English-Speaking Peoples Since 1900 [Historia de los pueblos de habla inglesa desde 1900], publicada en 2006, el escritor Andrew Roberts registra esta historia con inconfundible detalle. Él inicia su libro con esta cita del profesor Deepak Lal, un economista británico nacido en la India: “Si uno reflexiona sobre los acontecimientos más importantes del último milenio comparado con el primer milenio, el ascenso de los pueblos de habla inglesa al predominio mundial sin duda ocupa el primer lugar” (p. 1).

De acuerdo a la perspectiva de Roberts, “los pueblos de habla inglesa siguen siendo la última y mejor esperanza para la humanidad. Las creencias que ellos trajeron consigo al siglo veinteaún los sigue motivando;sus valores todavía son los mejores de los que dispone un mundo atribulado; las instituciones que los hicieron grandes continúan inspirándolos en la actualidad. De hecho, las creencias, valores e instituciones de los pueblos de habla inglesa siguen avanzando hoy en día” (p. 6).

Valores arraigados en la Palabra de Dios

Los valores tradicionales de las naciones de habla inglesa están arraigados en la Biblia. No es coincidencia que la traducción de la Biblia al inglés y su propagación alrededor del mundo, primero por Gran Bretaña y luego por Estados Unidos, haya sido un factor clave para la promoción de los principios que han hecho grandes a estas naciones.

En 1848, el primer ministro británico Lord Palmerston justificó las acciones de su gobierno afirmando: “Sostengo que el verdadero papel de Gran Bretaña es ser la campeona de la justicia y el bien . . . no para ser el Quijote de mundo [referencia al personaje literario español don Quijote, quien combatía a enemigos imaginarios], sino para ejercer su influencia moral y brindar su apoyo dondequiera que considere que se ha actuado mal” (citado por Roberts, p. 6).

Las palabras de Palmerston todavía impulsan las acciones de Estados Unidos entre las naciones actuales. La invasión a Irak en 2003 para liberar a esta nación del gobierno tiránico de Saddam Hussein y acabar con su apoyo al terrorismo puede atribuirse a dicho sentimiento. Durante generaciones, muchas vidas y recursos estadounidenses han sido sacrificados en aras de la libertad y la liberación.

Estos valores, políticas y virtudes que han hecho grande a Estados Unidos no proceden de la razón humana, la filosofía antigua o los valores de la era de la Ilustración. La verdad es que fueron revelados primeramente en las Escrituras: la gran ley entregada a la nación de Israel por medio de Moisés representaba libertad personal, libertad económica y responsabilidad, y además contenía leyes morales que han sido el verdadero fundamento de las naciones de habla inglesa.

La escultura de Moisés sosteniendo las tablas de la ley divina que se encuentra en uno de los frisos del edificio de la Corte Suprema de los Estados Unidos (Washington, D. C.) no solo reconoce el monumental papel de un legislador, sino que simboliza además  una severa advertencia a Estados Unidos moderno: debe admitir sus fundamentos bíblicos y cumplir con su pacto de obedecer los Diez Mandamientos de Dios. El mismo Dios que le hizo promesas nacionales a Abraham les reveló esta ley a sus descendientes por medio de Moisés. ¡La raíz principal de los crecientes problemas que amenazan la supervivencia misma de Estados Unidos es nada menos que su rechazo a la ley de Dios!

Cuatro grandes ataques — y la mayor amenaza

El libro de Roberts acerca de las naciones de habla inglesa muestra que desde 1900 han sufrido cuatro ataques que pretendían acabar con su estatus de potencias mundiales. Los primeros dos fueron las dos guerras mundiales del siglo xx, ambas lideradas por una Alemania militarizada. El tercero fue el intento de la Unión Soviética de crear un Estado comunista mundial basado en la doctrina marxista-leninista. Los tres fracasaron, en gran parte por el papel que jugó Estados Unidos.

La cuarta arremetida está en pleno apogeo en la actualidad. Es el esfuerzo del fundamentalismo radical islámico por derrocar a lo que ellos llaman “el gran Satanás”, o sea, Estados Unidos y la cultura occidental. Esta amenaza terrorista ha logrado algo que ninguno de los tres ataques anteriores consiguió: un atentado directo en suelo estadounidense, que mató a casi 3000 personas el 11 de septiembre de 2001.

Una invasión inmediata a Afganistán dirigida por Estados Unidos y acciones subsecuentes tras dicho ataque no han podido acabar con este flagelo que ya se prolonga por décadas. Hoy día, la guerra contra el terrorismo continúa; el terrorismo radical islámico es considerado por algunos como la amenaza más grande para Estados Unidos, especialmente ante la posibilidad de que Irán desarrolle armas nucleares. Y ello bien puede ocurrir, pero por otra razón que la mayoría de la gente no entiende.

La ceguera espiritual y falta de voluntad de muchos estadounidenses para identificar la mortal amenaza que representan el islam radical, la inmigración incontrolada y, por sobre todo, el pecado moral, son como un cáncer que se propaga por el cuerpo y lo incapacita para distinguir lo bueno de lo malo y encontrar la salida. El país tiene muy poco entendimiento o reconocimiento de cómo llegó a ser grande: gracias a la mano de Dios. Habiendo prácticamente abandonado sus principios sólidos y su código moral basado en la Biblia, la mayoría de los estadounidenses no le presta la debida atención a la Fuente de sus magníficas bendiciones.

El liderazgo de Estados Unidos es cuestionado

Cuando el presidente Trump promete “devolverle a Estados Unidos su grandeza”, lo que tiene en mente es que la nación retome el rol de preeminencia económica y política que tenía después de la Segunda Guerra Mundial. Él ha puesto gran énfasis en el empleo y la economía estadounidense, de acuerdo a su enfoque y lo que ha llamado “Estados Unidos primero”. También ha manifestado su deseo de reconstruir las fuerzas armadas del país, y su primer presupuesto ha agregado más de 50 000 millones USD para alcanzar esta meta.

El presidente Trump también ha hecho un llamado a Europa para que contribuya más generosamente a solventar los gastos que ocasiona la defensa del continente. Sus comentarios acerca de la alianza de la OTAN y la Unión Europea han dejado a muchos europeos preguntándose adónde se encamina la política estadounidense respecto a esa crucial región del mundo. La estabilidad europea es muy conveniente y valiosa, porque las dos guerras mundiales del siglo xx comenzaron en ese continente y la mantención de la paz en dicha zona beneficia a todo el mundo.

También se ha puesto en duda el papel de Estados Unidos en Asia. El creciente rol de China ha provocado que sus vecinos reexaminen su histórica relación mutua y con Estados Unidos. Filipinas, que por mucho tiempo ha sido una aliada de Estados Unidos en la región, ha indicado que podría inclinarse a estrechar relaciones con China. El rol de China en la estabilidad de Asia es crucial, debido a las tensiones con Japón y las capacidades nucleares de Corea del Norte.

El papel de Estados Unidos tanto en Europa como en Asia es vital para el equilibrio del poder y la paz en el mundo de hoy. Ese papel en ambas regiones ha sido de fundamental importancia para mantener el orden y la paz mundial desde el fin de la Segunda Guerra Mundial en 1945. Si la influencia estadounidense sigue disminuyendo, como sucedió durante la administración de Obama, el mundo enfrentará cambios históricos. Sin la influencia estabilizadora de los Estados Unidos en estas regiones, no habrá paz.

Con el colapso de la Unión Soviética en 1991, muchos pensaron que la historia tal como se conocía había llegado a su fin. Se creyó que el conflicto y la guerra podían eliminarse y que podría crearse un nuevo orden mundial liberal, tolerante y democrático, y que Estados Unidos sería el líder de este imperio inacabable. 

Sin embargo, los subsecuentes sucesos en Asia, Europa y el Medio Oriente han demostrado que esta teoría geopolítica no es viable. Como tan a menudo ocurre en el transcurso de la historia, los vacíos de poder desembocan en grandes conflictos y hacen que afloren los aspectos más siniestros de la naturaleza humana. Incluso, tales vacíos pueden alimentar el deseo de que surja un líder fuerte para que restaure el orden en un mundo que se dirige irremisiblemente hacia el caos.

El interrogante del momento es este: ¿tiene los Estados Unidos la voluntad estratégica para seguir siendo la influencia estabilizadora que ha sido por más de 70 años? En este artículo no hemos ahondado en el Medio Oriente, pero la continua inestabilidad en esa región impactará a todas las otras naciones y, una vez más, el rol de Estados Unidos será indispensable para mantener el orden. Uno no puede ignorar ni minimizar la importancia de esta nación para el mundo.

Los Estados Unidos todavía es una gran nación, pero está aquejada de enormes problemas internos que, si no se tratan, conducirán a la falta de carácter o voluntad para ejercer su papel de liderazgo en el mundo. Este país debe encarar la verdad: ha olvidado e ignorado al Dios que lo hizo grande en riqueza, poder, estatus e influencia, lo cual lo ha puesto en grave peligro (vea Deuteronomio 8:11-20). Dios hizo a Estados Unidos grande, y solo él puede alterar su rol histórico. Es tiempo de que esta nación haga una honesta evaluación de este problema.

Reiteramos: el papel de liderazgo de Estados Unidos en el escenario mundial solo llegará a su fin cuando Diosasí lo decida. Ningún presidente ni partido político podrá revertir el curso de la historia espiritual que está en las manos del Dios de Abraham. ¿Qué significa esto?

Cuando la moral se desploma, el juicio se acerca

Hace más de 40 años, los códigos morales largamente establecidos de Estados Unidos comenzaron a deteriorarse vertiginosamente cuando Dios fue eliminado delámbito público. En 1962 la Corte Suprema prohibió la oración en las escuelas públicas, y al año siguiente estos establecimientos educativos debieron suprimir además la lectura de la Biblia por orden de la misma corte.

Luego siguió el resto de los años sesenta, una década de turbulencia social y revolución sexual. A continuación,la Corte Suprema nuevamente promulgó una resolución sin precedentes, legalizando el aborto (el asesinato de bebés en gestación) en 1973. Desde entonces se han llevado a cabo casi 60 millones de abortos en el país, lo que significa que a una generación entera de niños se le negó el derecho a la vida.

En 2015 la Corte Suprema legalizó el matrimonio entre personas del mismo sexo. Por medio de estas decisiones de la Corte Suprema, Estados Unidos ha eliminado a Dios de la educación pública, del vientre materno y de la sagrada institución matrimonial. Paso a paso, la nación se ha burlado de Dios y ha seguido deslizándosehacia la condición espiritual de Sodoma y Gomorra.

¿Qué tanto más debe acontecer antes de que Dios retire su mano protectora de los Estados Unidos y permita que la marea de la historia se devuelva con aún mayor intensidad? Las palabras del profeta bíblico Oseas describen certeramente a las naciones de habla inglesa modernas:

“Oíd palabra del Eterno, hijos de Israel, porque el Eterno contiende con los moradores de la tierra; porque no hay verdad, ni misericordia, ni conocimiento de Dios en la tierra. Perjurar, mentir, matar, hurtar y adulterar prevalecen, y homicidio tras homicidio se suceden.

“Por lo cual se enlutará la tierra . . . Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento . . . Conforme a su grandeza, así pecaron contra mí . . . y en su maldad levantan su alma . . . le castigaré por su conducta, y le pagaré conforme a sus obras” (Oseas 4:1-9). Dios castigará a sus descendientes modernos por su persistente desobediencia, tal como castigó al antiguo Israel por sus pecados.

Prueba de que Dios cumplirá su promesa de bendecir grandemente a todas las naciones

La historia es testigo de que Estados Unidos y las otras naciones de habla inglesa han sido una bendición para el mundo moderno. Sus avances científicos, ideales democráticos y generosidad han mejorado la vida de muchos que han sufrido por enfermedades, malos gobiernos humanos o simplemente por haber nacido en determinado momento en determinado lugar.

Es fácil desestimar el sufrimiento de la condición humana con incredulidad y negar la existencia de Dios. Pero el mismo Dios que muchos niegan se revela a sí mismo como el Dios que favoreció a los descendientes de Abraham con bendiciones espirituales y físicas sin precedentes. Su existencia queda demostrada en el hecho de que Estados Unidos es grande, pero no por lo que los estadounidenses han hecho, sino porque Dios ha bendecido a la nación y a su pueblo.

Hoy día está de moda culpar a Estados Unidos por muchos de los problemas mundiales y desear que fracase. Estados Unidos ciertamente no ha sido un ejemplo perfecto en todo lo que ha hecho, pero, como dice Roberts en su libro, ha sido “un imperio muy decente, honesto, generoso, justo y abnegado” (p. 648). Y cuando se le mide con la vara de la historia, esto es indudablemente muy cierto. Además, el hecho de que Estados Unidos exista hoy en día debe considerarse una señal de Dios, la señal de que él desea extender su promesa de bendiciones espirituales y físicas a todas las naciones y pueblos por medio de Jesucristo.

A nuestro mundo actual le ha sido negado el verdadero conocimiento del Dios de Abraham y por eso vemos un incalculable sufrimiento de la gente debido a las guerras, hambrunas, pestilencias, pobreza y engaño espiritual. Sin embargo, Dios no ha condenado a los habitantes del mundo a un futuro sin esperanza. La única esperanza verdadera que tiene este mundo de disfrutar la clase de bendiciones prometidas a los descendientes de Abraham –que en su totalidad excederán por mucho lo que Estados Unidos ha experimentado hasta ahora– es la promesa del retorno de Jesucristo como Rey del Reino de Dios venidero.

Estados Unidos, la nación más grande de la historia de todos los tiempos, es prueba viviente de la promesa de Dios y sus intenciones de elevar a todas las naciones a una posición privilegiada de paz y prosperidad. Dios va a revertir la historia de la humanidad, tan caótica y devastada por las guerras, y creará un paraíso en la Tierra bajo el reinado justo de Jesucristo. El mensaje de Las Buenas Noticiases un claro llamado a entender el mundo de hoy bajo la premisa de que Dios está dirigiendo el curso de la historia para llegar al desenlace profetizado.

Estados Unidos todavía es una gran nación, y toda la humanidad se ha beneficiado de la promesa de Dios al hombre que la Biblia llama Abraham.

La única forma de que Estados Unidos siga siendo grande es que retorne a Dios y a sus leyes. Y aun cuando esta nación y las demás tal vez no rectifiquen su camino, usted sí puede hacerlo. Vivimos en un momento y un tiempo muy críticos. ¿Está dispuesto a escuchar la advertencia de Dios y volverse a él para cambiar su vida?  BN

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