La nueva moralidad desenfrenada

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Los dramáticos cambios que experimenta el mundo occidental están reestructurando la sociedad de maneras significativas. ¿Qué está pasando, y por qué? ¿Dónde desembocará todo esto?


Fuente: ©Mike Wilson/Unsplash

Una mirada retrospectiva a los Estados Unidos en 2016 revela una realidad inequívoca: esta nación se está separando de Dios y de la moralidad tradicional. Todas las encuestas recientes confirman el continuo desvío de Estados Unidos de su creencia en Dios y los valores tradicionales para adoptar en vez la perspectiva humanista, que promueve puntos de vista extremos en cuanto al aborto, la homosexualidad, la identidad sexual, el suicidio asistido, la clonación humana y una multitud de otros temas.

No hay ninguna duda: en la carrera por el afecto y la admiración del público en general, Dios aparentemente se quedó rezagado.

Incluso la creencia en la existencia de Dios está en franca caída, de acuerdo a las conclusiones del Centro de Investigaciones Pew, que fueron publicadas el 12 de mayo de 2015. Encuestas realizadas entre 2007 y 2014 a 35 000 adultos que representaban a una muestra de Estados Unidos, revelaron que la cifra de estadounidenses que se describen a sí mismos como “ateos” o “agnósticos” se disparó de 16.1 por ciento a 22.8 por ciento, un aumento de casi  7 por ciento en tan solo siete años (“America’s Changing Religious Landscape” [“El cambiante paisaje religioso de Estados Unidos”], Centro de Investigaciones Pew).

No es sorprendente que la aceptación social de los estilos de vida lesbiano, gay y transexual haya incrementado en directa proporción al derrumbe de la creencia en Dios y las instrucciones morales de la Biblia. Una encuesta Gallup que se llevó a cabo en mayo de 2015 mostró que 53 por ciento de los estadounidenses opinan que los estilos de vida gay y lesbiano son moralmente aceptables.

Las leyes estatales que prohíben el comportamiento homosexual han sido abolidas. El “matrimonio” homosexual, una contradicción de términos, es ahora la ley general en todo el país, incluso en estados donde la mayoría de sus ciudadanos se opone a este tipo de unión conyugal.

Claramente, la mayor parte de la nación cuya moneda dice “En Dios confiamos” ha dejado de respetar y seguir las instrucciones de Dios.

La nueva moralidad

¿Cómo ocurrió esto? Uno tiene que remontarse al período que siguió a la Segunda Guerra Mundial. Durante unos veinte años después de 1945, la nación experimentó una etapa de moralidad básica (fundamentada en lo que hoy se describe como “valores tradicionales”) y gran crecimiento económico.

El primer ataque de importancia a esta moralidad tradicional ocurrió a mediados de los años 60. “La mejor generación” [The Greatest Generation, como se conoce en Estados Unidos], vio cómo sus hijos nacidos después de la Segunda Guerra Mundial se marchaban a la universidad o a la guerra. Los que fueron a la universidad experimentaron ataques a su creencia en Dios y los valores tradicionales por parte de profesores humanistas y frecuentemente ateos. Los que se arrastraban por los arrozales de Vietnam comenzaron a cuestionar los cimientos morales de la guerra.

Tras un movimiento social conocido como “la nueva moralidad”, millones de estadounidenses adoptaron un nuevo estilo de vida en el que imperaban el sexo libre, las drogas y las protestas generalizadas en contra de la moralidad como se había conocido hasta entonces. Millones de “baby boomers” [llamados así por haber nacido durante la explosión demográfica de la posguerra, entre 1946 y 1964] elogiaron esto como una libertad largamente deseada, que eliminaba las cadenas del sexo libre y el uso de drogas. “Si te gusta, hazlo” se convirtió en el eslogan de la época.

Pero las consecuencias de este torrente de sexo ilícito se manifestaron en millones de madres solteras, hijos ilegítimos, y un incremento de enfermedades venéreas y hogares deshechos. El uso descontrolado de drogas produjo la dependencia química, los terribles “viajes” de LSD y mentes permanentemente dañadas.

La moralidad tradicional tuvo un leve repunte en los años 80 a medida que esta generación maduró, consiguió empleo y comenzó a tener hijos. En esta década, que presenció el crecimiento del televangelismo y la elección de Ronald Reagan como presidente, también se manifestó un resurgimiento de los valores tradicionales.

Sin embargo, a fines del siglo xxlos estándares nuevamente comenzaron a deteriorarse. Numerosas encuestas documentaron la transición hacia lo que hoy se podría conocer como “la nueva moralidad desenfrenada”, o laaceptación de creencias y filosofías que la mayoría no habría tolerado ni siquiera en la década de 1970.

El siglo xxi ha traído consigo un renovado asalto a los valores. Con la aceptación de la evolución y el nuevo dios del humanismo secular ya firmemente establecido en el sistema educacional, se les ha enseñado a los niños de Estados Unidos y de muchos otros países a desechar todos los valores y la moralidad tradicionales por ser considerados irrelevantes e inútiles. Se ha disparado la aceptación del aborto, el matrimonio homosexual, el suicidio asistido e incluso la poligamia.

Muchos no comprenden a cabalidad cuán rápido ha cambiado la sociedad. El mundo occidental está adoptando rápidamente prácticas y modos de vida que incluso en la década de 1990 eran condenados casi universalmente como malos.

Bienvenidos a la nueva moralidad desenfrenada

La historia tiende a repetirse. Las consecuencias de este nuevo mundo de completa tolerancia, completa licencia y completa libertad hacen que los años 60 parezcan inocentes en comparación.

¿Cómo llegó Estados Unidos a esto? El primer paso consistió en expulsar a Dios de los centros educativos. Una serie de decisiones de la Corte Suprema, que comenzaron en 1962 y 1963 con la prohibición de las oraciones y la lectura de la Biblia en las escuelas, virtualmente expulsaron a Dios, la Biblia y los Diez Mandamientos de las escuelas públicas. Una vez que la ética judeocristiana fue eficazmente eliminada de las aulas, desde los jardines infantiles hasta la escuela secundaria, otra generación, indoctrinada por el humanismo secular de los salones de clase universitarios, ha llegado a considerar que las creencias religiosas y los valores tradicionales son irrelevantes para el progreso de la sociedad.

Una nación obsesionada con la aceptación de todo estilo de vida concebible se ha olvidado de la fuerte advertencia del Dios en el cual dice confiar: “¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz” (Isaías 5:20, énfasis nuestro en todo este artículo).

El gobierno federal de Estados Unidos convirtió las escuelas en laboratorios para la experimentación social. En mayo de 2016, la administración del presidente Obama emitió a través del Departamento de Educación una directiva exigiendo que las escuelas públicas permitan que los estudiantes transexuales utilicen los baños y vestidores conforme a su “identidad sexual preferida”.

En otras palabras, un niño que se considera niña ahora puede legalmente entrar en el baño de niñas, y viceversa. Pero no hay nada en esta reglamentación que proteja los derechos de la gran mayoría de los niños que desean privacidad en los baños y vestidores, y que justificadamente pueden verse afectados por este comportamiento.

¿Disminución de la tasa de natalidad en Estados Unidos?

Aunque no se dice mucho al respecto, la tasa de natalidad de Estados Unidos ha bajado más que la tasa de reemplazo. Como la revista de negocios estadounidense Forbes informara a principios de 2015, la tasa oficial de natalidad por cada mil mujeres entre las edades de 15 y 44 años bajó a 62 por cada mil, el nivel más bajo registrado en la historia de este país, con una tasa de fertilidad de 1.87 niños en el curso de la vida de una mujer (“U.S. Birthrate Falls Again” [“La tasa de natalidad de Estados Unidos vuelve a caer”], ene. 28, 2015).

La gran aceptación de parejas gais y lesbianas, que no pueden producir hijos, ha hecho que algunos observadores se cuestionen si esto disminuirá aún más la tasa de natalidad en Estados Unidos.

Cuando la Corte Suprema de los Estados Unidos abordó el asunto del matrimonio homosexual en 2015, un documento emitido a favor de los oponentes del matrimonio homosexual decía lo siguiente:

“La redefinición del matrimonio en términos exentos de género sexual destruye el importantísimo vínculo conceptual entre el matrimonio y la procreación, porque apoya implícitamente un modelo de matrimonio centrado en el adulto y diluye el apoyo implícito que la institución del matrimonio proporciona a las parejas casadas para la procreación. Además, ignora la naturaleza generativa inherente de los matrimonios heterosexuales, y envía el potente mensaje de que la procreación no es una prioridad valorada por la sociedad” (Walter Schumm and Jason Carroll, “How Redefining Marriage Will Make U.S. Birth Rates Fall Even Faster” [“Cómo la redefinición del matrimonio causará una baja aún más rápida en la tasa de natalidad de Estados Unidos], LifeSiteNews.com, abr. 29, 2015).

En palabras más simples, el informe de la corte dijo que el aumento de la aceptación de matrimonios gais y lesbianos proyecta el mensaje de que los niños y las familias ya no son una prioridad en la sociedad estadounidense. ¿Nos hemos detenido a considerar las posibles consecuencias de tal actitud?

Schumm y Carroll añadieron además: “Redefinir el matrimonio podría tener un impacto negativo muy profundo en la marcada baja de la tasa de fertilidad en Estados Unidos, la cual ya está por debajo del nivel de reemplazo. Consecuentemente, esto aumentaría la posibilidad de que Estados Unidos enfrente los mismos problemas socioeconómicos que plagan a otras naciones con prolongadas tasas de fertilidad extremadamente bajas”.

Las naciones han reconocido por largo tiempo que el crecimiento poblacional está estrechamente vinculado a la prosperidad y la seguridad nacional. Desde su fundación, hace unos 240 años, Estados Unidos siempre ha disfrutado de un constante aumento demográfico y del crecimiento económico que ello conlleva. Ahora los economistas están preocupados de que la posible falta de trabajadores en el futuro cercano pueda perjudicar la manutención de la creciente población de jubilados, un problema que actualmente enfrentan Alemania y otras naciones europeas cuya tasa de natalidad adolece de estancamiento o disminución.

Se borra la diferencia entre las identidades
de hombre y mujer

Las directivas del Departamento de Educación de Estados Unidos en cuanto a los baños unisex destacan como nunca antes la magnitud del movimiento transexual. Para muchos, el conflicto se reduce simplemente al obvio bochorno que experimentarán muchos niños al ver personas del sexo opuesto en su baño.

Pero ¿se ha tomado en cuenta lo que esta medida de imponer baños neutrales provoca en la mente de los niños durante los cruciales años en que empiezan a tomar conciencia de su identidad sexual?

Según un artículo en The Wall Street Journal, un estudio de la Universidad de John Hopkins encontró que entre 70 y 80 por ciento de los niños que declaraban tener sentimientos transexuales, “espontáneamente perdieron esos sentimientos” a medida que crecieron. Simplemente los superaron (“Transgender Surgery Isn’t the Solution” [“La cirugía transexual no es la solución”], jun. 12, 2014).

Esto es especialmente trágico para los jóvenes que ya han sido sometidos a una cirugía de cambio de sexo. ¿Tiene sentido acaso darles a personas jóvenes tratamientos radicales para retrasar la pubertad y terapia hormonal para reasignar su sexo en preparación de una posible cirugía, cuando hay posibilidades de que en el futuro se acepten a sí mismas como nacieron originalmente?

La creciente aceptación de la poligamia

Resulta que la poligamia también usufructúa de la creciente aceptación del matrimonio homosexual. La encuesta Gallup mencionada anteriormente reveló además que la aceptación de la poligamia se ha duplicado con creces desde 2007, de 7 por ciento a casi 17 por ciento.

Los polígamos, inspirados por los beneficios que ha obtenido la comunidad de lesbianas, gais, bisexuales y transexuales (LGBT, según sus siglas en inglés), han comenzado a presionar por el “derecho” a tener múltiples esposas o esposos. Y aunque tal práctica todavía está oficialmente prohibida en toda la nación, un artículo publicado en 2015 por el periódico The Washington Post reconoció que está adquiriendo más y más apoyo.

Dicho artículo citó el papel que la industria del entretenimiento ha jugado para forjar una opinión favorable en el público respecto a temas matrimoniales, afirmando: “Cuando el vicepresidente [estadounidense] Joe Biden salió a apoyar el matrimonio entre personas del mismo sexo en 2012 . . . dijo que el programa de televisión ‘Will y Grace’ [cuyos protagonistas eran una exitosa decoradora de interiores y su amigo, un abogado homosexual] probablemente contribuyó más que ninguna otra cosa a educar al público. Otro argumento sostiene que ‘Sister Wives’ [Esposas hermanas] ha hecho lo mismo por los polígamos” (The Washington Post, jul. 2, 2015). La serie televisiva Sister Wives, un programa estadounidense de telerrealidad, muestra la vida real de Cody Brown con sus cuatro esposas y 18 hijos.

Pero si lo que preocupa a muchos es la “igualdad”, la poligamia atenta abiertamente contra la idea de una sociedad que quiere convertirse en igualitaria. ¿Acaso los juguetes de moda de la gente rica incluirán una colección de esposas? ¿Se pondrán en boga los “harenes”?

Frente a la marejada de tendencias progresivas y liberales que arrasa la nación, pareciera que hasta los conservadores se encogen de hombros y se resignan a lo que viene. El columnista Ross Douthat dijo lo siguiente en cuanto a la poligamia en el periódico The New York Times: “En una cultura donde sus hombres prominentes a menudo tienen numerosos hijos de muchas esposas a través de muchas décadas, ¿cómo se les van a negar esos mismos derechos a quienes desean hacer lo mismo, pero todo a la vez?” (“The Prospects for Poligamy” [“Las posibilidades de la poligamia”],jul. 30, 2015). De acuerdo a su opinión, la poligamia podría convertirse en una ley de aplicación general del país.

Uno puede imaginarse fácilmente cómo la poligamia podría destruir el vínculo entre padres e hijos. Un niño sabría quién es su madre, pero crecería sabiendo que su padre solamente proveyó sus espermios, y acaso algo más.

La santidad de la vida bajo ataque

La misma encuesta Gallup realizada en 2015 reveló que un 68 por ciento de los estadounidenses apoya el suicidio asistido, específicamente, “que a los doctores se les permita legalmente ayudar a pacientes terminales para que cometan suicidio”. En ese momento, esta cifra representaba un incremento de un 10 por ciento de apoyo en solo un año. Pero aún más reveladora fue la estadística de que una mayoría aún más grande, un 81 por ciento (del grupo de entre 18-34 años) apoya esta forma de eutanasia.

¿Qué augura todo esto para el futuro? Por el momento, la eutanasia se lleva a cabo cuando una persona la solicita, generalmente porque padece una enfermedad terminal. Pero no se requiere mucha imaginación para vislumbrar un futuro en el cual las leyes determinarán que quienes sean considerados “no aptos para vivir” deban ser sometidos a eutanasia en contra de su voluntad.

Una vez más, la historia se repite. En la Alemania de 1939, durante las vidas de muchos que todavía sobreviven, Adolfo Hitler aprobó leyes que ordenaban la eutanasia para los deficientes mentales, los dementes, los que sufrían de enfermedades incurables, y otros cuyas vidas “no eran dignas de vivirse”, según los nazis.

¿Será que la aceptación generalizada del suicidio asistido es el primer paso en este sentido? ¿Acaso el creciente apoyo al suicidio asistido es simplemente el primer paso para vulgarizar y menospreciar la vida humana? ¿Llegaremos al punto en que cuando el abuelo y la abuela se conviertan en una carga demasiado grande, simplemente les daremos unas pastillas o una inyección mortífera “para acabar con su sufrimiento”?

Permítame presentarme . . . y también a mi clon

La ciencia ha hecho enormes adelantos en el campo de las clonaciones, mediante las cuales una célula de una criatura viva se usa para hacer copias de la misma criatura. Surgió como novedad en 1996 con la creación de la oveja Dolly, clonada de una célula de otra oveja hembra en el Instituto Roslin en Midlothian, Escocia.

Al ver las posibilidades de una fuente para reemplazar órganos humanos, el mundo de la medicina se ha embarcado en una cruzada para fomentar la clonación. Pero ¿adónde puede conducir esto? Un grupo cada vez mayor de científicos ha manifestado su oposición al clonaje en parte porque, tal como ocurre en la historia de Frankenstein, no se puede predecir hasta dónde puede llegar este monstruo.

En la mitología griega, una quimeraera una criatura compuesta de varios tipos de animales. Los medios noticiosos han adoptado esta palabra para describir la creación de órganos humanos dentro de animales, con el propósito de “cosecharlos” y usarlos para reemplazar otros órganos en seres humanos.

Ahora, algunos científicos e investigadores médicos incluso quieren ir más allá. Su meta es crear embriones humanos, y quizá hasta bebés completamente desarrollados, a fin de que sus órganos puedan ser cosechados para trasplantes de órganos.

Otros científicos predicen un futuro en el cual se concebirán seres humanos “hechos a la medida” en tubos de ensayo, incluyendo cualquier característica genética que los padres elijan para ellos. Los padres podrán escoger no solo el sexo del niño, sino también su color de piel y cabello, y otros rasgos físicos. Tal vez estén dispuestos a pagar dinero adicional para ordenar niños de probeta hechos a la medida, que tengan una inteligencia y habilidades atléticas superiores.

¿Qué le parecería ver un millón de clones de Einstein caminando por ahí en el año 2050?

¿El mundo occidental en 2050?

Proyectémonos mentalmente hacia el mundo en 2050 (solo 33 años a partir de ahora) si la actual tendencia continúa. En una sociedad donde el Dios del universo ha sido reemplazado por el falso dios del humanismo, ¿cómo serán las cosas?

Tal vez así:

La absoluta devoción a la comodidad y conveniencia de los adultos a expensas de los bebés no nacidos y de los ancianos ahora es la regla. Los abortos continuos a pedido destruyen millones de vidas humanas en el vientre de sus madres, mientras la eutanasia generalizada elimina a la mayoría de los ancianos y enfermos.

Se permite a todo el mundo una completa libertad sexual de cualquier tipo, es decir, pueden casarse hombres con hombres, mujeres con mujeres, hombres con múltiples esposas, mujeres con múltiples esposos, y hombres y mujeres con múltiples personas de ambos sexos (suponiendo que la gente todavía es definida de acuerdo a su sexo). Tal vez se le permita a la gente casarse incluso con animales — o “ciudadanos no humanos”.

Como la clonación ha eliminado la necesidad del matrimonio para crear hijos, el “matrimonio” (si es que el término todavía existe) se ha degenerado hasta convertirse en cualquier tipo de relación que una persona desee.

La aceptación generalizada y absoluta de la clonación ha creado millones de seres humanos con apariencia y comportamiento muy similares, debido a que han sido hechos por encargo en probetas de laboratorio. En el otro extremo, millones de desafortunados clones humanos han sido creados con el solo propósito de producir órganos que serán cosechados para la afortunada Raza Superior.

La religión ha desaparecido casi por completo. Las iglesias en los centros urbanos han sido demolidas para darle espacio a edificios en altura, salvo unas cuantas que tal vez han sido preservadas como museos (la única excepción puede ser un masivo incremento del islam radical, tolerado por miedo y para ayudar a disminuir la influencia del cristianismo).

Un panorama francamente espeluznante, ¿no le parece? Como individuos, no podemos detener esta desquiciada y precipitada carrera hacia el “Feliz mundo nuevo”. Sin embargo, cada uno de nosotros puede tomar el control de su propia vida y optar por no ser parte de esta locura que la humanidad está empeñada en acarrearse sobre sí misma en nombre del progreso.

Haciendo un paralelo con nuestros tiempos, el Dios de la Biblia (cuya existencia puedeser probada) le dijo al antiguo Israel: “Hoy pongo al cielo y a la tierra por testigos contra ti, de que te he dado a elegir entre la vida y la muerte, entre la bendición y la maldición. Elige, pues, la vida, para que vivan tú y tus descendientes” (Deuteronomio 30:19, Nueva Versión Internacional).

A la luz de lo expuesto, esta es la pregunta crucial: ¿Está usted alarmado y consternado por las cosas que están sucediendo en su entorno? ¿O simplemente se ha resignado a esta marejada destructiva de valores, disfrazada de “cambio social”? Como se indicó anteriormente, la mayoría de los estadounidenses están de acuerdo con estos cambios sociales y no están preocupados de sus consecuencias.

Pero quizá usted sea uno de aquellos “que gimen y claman a causa de todas las abominaciones” que ven a su alrededor (Ezequiel 9:4). Tal vez usted lee las noticias, observa los cambios en la sociedad y sacude la cabeza al ver lo que está sucediendo. Usted desea hacer una diferencia.

Las buenas noticias son que un mundo mejor está a las puertas. La misma Biblia que profetizó estas condiciones actuales también revela la venida de Aquel que tiene el poder para limpiar toda esta suciedad. Usted puede ser parte del movimiento para propagar las buenas nuevas. ¡Usted puede ser parte de la solución, y no del problema!   BN

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