Jerusalén, epicentro del peligro

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El conflicto árabe-israelí afecta profundamente nuestra vida diaria. ¿En qué deberíamos fijarnos ahora que el mundo se dirige inminentemente hacia una crisis que estallará en Jerusalén?


Musulmanes: ¿Por qué es tan importante para ellos desacreditar la existencia del templo de Salomón en el Monte del Templo?

Fuente: Thinkstock

Cierto matrimonio estadounidense ha mantenido por varios años un litigio con el gobierno de los Estados Unidos por el pasaporte de su hijo, nacido en Jerusalén. Los padres arguyen que el lugar de nacimiento del muchacho debe ser estipulado como Israel. Sin embargo, su pasaporte indica que su lugar de nacimiento es Jerusalén —es decir, una ciudad en lugar de un país.

Un artículo en el periódico estadounidense USA Today, escrito por Joan Biskupic, periodista y abogada, explica la situación: “Desde la creación del Estado de Israel en 1948, el gobierno estadounidense se ha abstenido de reconocer que algún país tenga soberanía sobre Jerusalén. La política del Departamento de Estado (de E.E.U.U.) estipula que el pasaporte de hijos de ciudadanos estadounidenses nacidos en Jerusalén debe indicar ‘Jerusalén’ como lugar de nacimiento” (Joan Biskupic, “Top Court Examines Birthplace Case” [Alto tribunal examina caso de lugar de nacimiento], nov. 8, 2011).

En 1967, durante la guerra de los Seis Días, los soldados israelíes se apoderaron de la antigua ciudad de Jerusalén. Parándose ante la masiva muralla del Monte del Templo, exigieron el derecho de primogenitura que les había sido dado por Dios.

Pero los árabes musulmanes reclaman el mismo territorio, que posee sitios islámicos sagrados, y lo consideran también un derecho de primogenitura dado por Dios. Ambos pueblos quieren hacer valer antiguos derechos de propiedad.

Por lo mismo, tanto el Departamento de Estado, el Congreso, el Departamento de Justicia y el presidente de los Estados Unidos debaten si los ciudadanos de Jerusalén son israelíes, palestinos o jerusalenitas.

El profeta bíblico Ezequiel escribió: “Así ha dicho el Eterno el Señor: Esta es Jerusalén; la puse en medio de las naciones y de las tierras alrededor de ella” (Ezequiel 5:5).

La antigua ciudad de Jerusalén no posee gran valor militar o económico. Sin embargo, como históricamente ha sido un centro neurálgico, se la ha catalogado como el corazón del mundo. El judaísmo, el islamismo y el cristianismo, las tres religiones monoteístas más grandes, consideran que Jerusalén es un lugar santo y por siglos ha sido el epicentro de luchas religiosas y derramamiento de sangre.

Incluso para nuestra sociedad global, todo lo que sucede en el Medio Oriente parece muy remoto y escasamente relacionado con nuestra vida diaria. Sin embargo, lo que sucede en Jerusalén tiene repercusiones directas en nuestra existencia.

Los violentos enfrentamientos entre soldados israelíes y jóvenes árabes que arrojan piedras, los soldados estadounidenses que mueren en Afganistán, la dependencia de Occidente del petróleo árabe, el temor a ataques terroristas islámicos (que se aprecia en las inspecciones realizadas a los pasajeros en los aeropuertos), son eslabones de la cadena que nos conecta a todos con la lucha política y religiosa que se vive en el Medio Oriente.

Y en el corazón mismo de estos conflictos hay un pequeño trozo de tierra llamado el Monte del Templo.¿Qué significado histórico tiene este lugar? ¿Cuál es su futuro y qué tiene que ver esto con nosotros?

La historia se reescribe

En la actualidad, la cima del Monte del Templo, dominada por el Domo de la Roca (o Cúpula de la Roca) y por la mezquita de Al-Aqsa, está bajo control islámico. Históricamente, este monte es también el sitio donde el templo del rey Herodes, visitado por Jesús, fue destruido por los romanos en el año 70 d.C. De acuerdo a la Biblia, alrededor del año 1000 a.C. el rey David gobernó sobre Jerusalén. En este lugar, su hijo Salomón construyó un magnífico templo para Dios.

Estos hechos se enseñan en las clases de historia secular en los Estados Unidos, Canadá y Europa. El templo de Salomón es un elemento esencial de los acontecimientos bíblicos, sin embargo, esta historia está siendo reescrita por varios líderes islámicos.

En el mes de julio del año 2000, las delegaciones de Estados Unidos e Israel que se encontraban en la segunda cumbre de Camp David (residencia de verano del presidente de E.E.U.U.) para discutir nuevas mediaciones, se asombraron muchísimo cuando el líder palestino Yasser Arafat declaró que el Monte del Templo no era el sitio del templo de Salomón. De acuerdo a Arafat, la historia del templo fue una invención judía. Desde entonces, más líderes islámicos han declarado que Salomón nunca construyó un templo en Jerusalén.

En 2009, el periódico internacional Wall Street Journal publicó un artículo sobre cierto magistrado islámico perteneciente a la Autoridad Palestina, quien declaró que el templo de Salomón “no tiene raíces históricas” y que los judíos se han propuesto “atacar la historia, robar la cultura, falsificar los hechos, eliminar la verdad y judaizar
el lugar”.

El mismo artículo destaca que la reescritura islámica de la historia “encuentra eco principalmente en los textos de las escuelas primarias, en la prédica de las mezquitas, y en la prensa palestina” (“Palestinian Leaders Deny Jerusalem’s Past” [Líderes palestinos niegan el pasado de Jerusalén], sept.
25, 2009).

El rechazo a la existencia del histórico templo está ampliamente difundido y enraizado entre los  musulmanes. ¿Por qué es tan importante para ellos desacreditar la existencia del templo de Salomón en el Monte del Templo?

El relato bíblico del templo de Salomón representa un espinudo problema para los clérigos islámicos. Si se acepta la existencia del templo de Salomón, entonces se debe reconocer la certeza histórica de las Escrituras hebreas, es decir, del Antiguo Testamento. Éste afirma que la bendición de Dios a Abraham pasó de Isaac a Jacob y a sus descendientes, el pueblo de Israel. Esto contradice directamente las enseñanzas del Corán, el cual afirma que las bendiciones pasaron de Abraham a Ismael y a sus descendientes, el pueblo árabe.

La Biblia describe el templo de Salomón como un edificio formidable y extraordinariamente bello. Elevándose por sobre la ciudad, servía como lugar de adoración diaria al Dios de Abraham, Isaac y Jacob.

Tenía una habitación interior llamada el Lugar Santísimo, en el que se guardaba el Arca de la Alianza, que contenía las tablas con los Diez Mandamientos.

Las Escrituras nos dicen que cuando Salomón terminó su oración de dedicación del templo descendió fuego del cielo, que consumió el sacrificio presentado, y la presencia de Dios llenó el templo (2 Crónicas 7:1).

Los líderes islámicos no aceptan la veracidad de este relato, porque contradice su perspectiva en cuanto a la forma en que Dios trabaja. Para poder respaldar su visión, ellos deben volver a escribir la historia, no solo para borrar cualquier registro sobre la existencia del templo de Salomón, sino también para eliminar cualquier huella de la presencia judía en el pasado de Jerusalén.

Jerusalén y el Mesías

Pero existe además otra razón por la cual los clérigos palestinos desean desacreditar las exigencias judías sobre el Monte del Templo: porque las profecías bíblicas anuncian que el Mesías de Dios reinará desde Jerusalén.

El profeta Isaías escribió: “Acontecerá en lo postrero de los tiempos, que será confirmado el monte de la casa del Eterno como cabeza de los montes, y será exaltado sobre los collados, y correrán a él todas las naciones. Y vendrán muchos pueblos, y dirán: Venid, y subamos al monte del Eterno, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará sus caminos, y caminaremos por sus sendas. Porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra del Eterno” (Isaías 2:2-3).

Los antiguos profetas hebreos no solo profetizaron un futuro Mesías, sino también puestos de importancia para los judíos en el reino de este esperado Mesías.

El profeta Zacarías dijo: “Así ha dicho el Eterno de los ejércitos: Aún vendrán pueblos, y habitantes de muchas ciudades; y vendrán los habitantes de una ciudad a otra, y dirán: Vamos a implorar el favor del Eterno, y a buscar al Eterno de los ejércitos. Yo también iré. Y vendrán muchos pueblos y fuertes naciones a buscar al Eterno de los ejércitos en Jerusalén, y a implorar el favor del Eterno” (Zacarías 8:20-22).

Y en el siguiente versículo agrega: “Así ha dicho el Eterno de los ejércitos: En aquellos días acontecerá que diez hombres de las naciones de toda lengua tomarán del manto a un judío, diciendo: Iremos con vosotros, porque hemos oído que Dios está con vosotros” (Zacarías 8:23).

El objetivo de los líderes islámicos al reescribir la historia es desacreditar la Biblia. De esta forma pueden aplastar todas las ambiciones judías respecto a la antigua tierra de Israel, e incluso, desprestigiar las profecías sobre el Mesías de Dios que reinará desde Jerusalén.

Para los que creemos que la Biblia es la palabra del Dios viviente, este intento por desacreditarla tiene como propósito desafiar y difamar al Dios revelado en las Sagradas Escrituras. Es por esto que los cristianos se sienten inevitablemente impulsados a luchar por unos acres de tierra en una ciudad muy antigua y lejana.

El deseo de construir un nuevo templo

En la actualidad no existe ningún templo dedicado a Dios en el Monte del Templo. Sin embargo, tanto judíos como cristianos se han propuesto reconstruir uno y creen en la profecía bíblica que habla de un futuro templo, cuando Jerusalén se convertirá en el “epicentro del peligro”.

Templo Salomón

Josefo, historiador del primer siglo, nos dice que cuando el ejército romano saqueó Jerusalén en el año 70 d.C., el templo judío fue incendiado y destruido. Tito, el conquistador romano, erigió un arco como monumento recordatorio de su victoria. Ese arco aún existe hasta nuestros días y está adornado con escenas talladas que representan a los soldados romanos sacando varios objetos del templo de Jerusalén, incluyendo el gran candelabro de siete brazos elaborado en oro, las trompetas de plata y la mesa del pan de la proposición. El arco de Tito es una de las grandes pruebas de que el templo de Jerusalén sí existió.

Desde el tiempo de Josefo y Tito, muchos judíos han orado por la reconstrucción del templo. Algunos judíos devotos citan las instrucciones que Dios dio a Moisés en Éxodo 25:8: “Y harán un santuario para mí, y habitaré en medio de ellos”.

Las intensas emociones que provoca la idea de reconstruir este lugar sagrado se hicieron muy evidentes en octubre de 2011, durante el servicio judío de oración en el Muro Occidental. El rabino Eliyahu pronunció la siguiente oración, que fue registrada por fuentes noticiosas israelíes: “Elevamos nuestras voces a Dios. Clamamos a él como un niño clama a su padre. Cuando un hijo llora, su padre lo comprende. Así es como gritamos a Dios, sin hablar. Oramos a Dios para que la oración no se lleve a cabo solamente aquí sino en el Templo Santo, sobre el Monte del Templo. Que éste se reconstruya rápido y en nuestros días”.

Una de las organizaciones que se comprometió a reconstruir el santuario es el Instituto del Templo. Este grupo, con sede en Jerusalén, afirma que dicha reconstrucción es un mandamiento bíblico. Sus miembros han recreado muchas vasijas sagradas además del candelabro de oro de siete brazos, el altar del incienso y la vestimenta especial que usaban los sacerdotes, anticipándose a la restauración de los servicios sagrados en el templo.

Por supuesto, hay muchos obstáculos que deben ser sorteados antes de comenzar la nueva construcción, y uno de los más complejos es el dominio islámico sobre el Monte del Templo. Hay también un debate entre los eruditos judíos referente a la ubicación exacta del Lugar Santísimo y si es que el templo se debe construir antes o después de la venida del Mesías.

La controversia se intensificará

Para entender cómo este pequeño trozo de tierra se convierte en la zona crucial de la profecía bíblica, debemos remitirnos al profeta Daniel. En el capítulo 12 de su libro encontramos la profecía “del fin de los tiempos”, la que nos habla de la gran resurrección de los muertos. Esta profecía va aparejada con Apocalipsis 20, que habla del regreso de Cristo y de la resurrección de sus seguidores.

Hay una conexión vital entre el tiempo mencionado en la profecía de Daniel y el tiempo en que el Mesías es enviado a gobernar desde Jerusalén. Daniel también se refiere a un periodo de tiempo antes de la venida del Mesías, cuando será “quitado el continuo sacrificio” (Daniel 12:1-13).

De acuerdo a las leyes dadas a la antigua Israel, el continuo sacrificio solo puede ser realizado por sacerdotes levíticos autorizados en un sitio permitido, como es el caso del templo. La profecía de Daniel revela que antes de la segunda venida de Jesucristo se reinstaurará el sacrificio de animales en Jerusalén. Cuando la violencia y la presión internacional detengan estos sacrificios, el mundo entrará en una época de calamidades tan grande, que Jesucristo deberá intervenir o toda la humanidad será exterminada (Daniel 12:11, Mateo 24:21-22).

Por esta razón es que debemos mantenernos bien informados de lo que sucede en el Medio Oriente.

El templo que Dios está construyendo

La Biblia no entrega instrucciones para que los cristianos construyan un templo físico, pero sí nos habla de un templo que está siendo construido por Dios.

El apóstol Pablo escribió acerca de un grupo de personas que están siendo preparadas por Dios como “conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor” (Efesios 2:19-21). Dios está construyendo un templo espiritual compuesto de piedras vivas, es decir, de personas (2 Corintios 6:16, 1 Pedro 2:4-5).

Uno de los propósitos de la profecía bíblica es revelar al Dios de la historia y de la profecía. El solo hecho de descubrir las predicciones acerca de la restauración de los sacrificios en Jerusalén y observar los eventos que harán cumplir estas profecías debiera motivarnos para volvernos a Dios. La profecía bíblica también nos ayuda a convertirnos en piedras vivas de su templo espiritual.

Es hora de alejarnosdel cristianismo secularizado y autocomplaciente y volvernosa nuestro Dios Creador y a lo que Jesús realmente nos enseñó, con espíritu de arrepentimiento, humildad y obediencia. El evangelio es más que un mensaje acerca de la persona de Jesucristo: es un mensaje de cómo respondemos a Dios por medio de su Unigénito.

La controversia acerca del Monte del Templo continuará intensificándose. Judíos y cristianos están unificando sus fuerzas para reconstruirlo y poder así enfrentar la acérrima oposición de todo el mundo musulmán.

Cuando los sacrificios de animales sean restaurados en Jerusalén, sabremos que la profecía bíblica se está cumpliendo. Sin embargo, el templo físico no es una preocupación para Dios. ¡Jesucristo regresará a un templo espiritual construido por personas que han respondido a su llamado y han dedicado sus vidas a ser parte de él! 

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