Islam versus Occidente: ¿Por qué el choque de estas civilizaciones?

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Para entender por qué las civilizaciones islámica y de Occidente se oponen tan diametralmente, es necesario estudiar las diferencias básicas entre sus filosofías fundamentales. Y a juzgar por los hechos concretos, Occidente se encuentra actualmente en grave peligro.

El escritor y politólogo Samuel Huntington afirmó en su libro El choque de civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial, que “la religión es la principal característica definitoria de las civilizaciones” (2005, p. 344). Y él tiene toda la razón. La mayoría de las religiones del mundo están asociadas con una o más de nuestras actuales civilizaciones.

Hoy en día vivimos en una era multipolar, de múltiples civilizaciones. En este artículo limitaremos nuestro análisis a solo dos de ellas: la civilización cristiana occidental y su contraparte, el islamismo. ¿Qué es lo que las hace diferentes, y cuál es el motivo de su conflictiva relación?

Diferencias cruciales entre el cristianismo y el Islam

La religión cristiana basa sus enseñanzas y principios en una gran cantidad de libros escritos a lo largo de 1.500 años, que en su conjunto conforman la Biblia. Bajo inspiración divina, tanto los profetas del Antiguo Testamento como los apóstoles del Nuevo Testamento escribieron el contenido de las Escrituras judeo-cristianas.

En contraste, mientras que el Islam enseña que la Biblia misma es la Palabra inspirada de Dios, también afirma que la Biblia se ha corrompido y que ha sido reemplazada por el Corán (o Quran, que significa “Recitación”). Este libro, que tiene casi tantas páginas como el Nuevo Testamento, supuestamente está basado en una serie de mensajes divinos entregados al fundador del Islam, Mahoma (570-632 d.C.). El Corán está suplementado por el Hadith (o “Informe”), un registro tradicional de otros dichos y hechos de Mahoma.

Aunque tanto el islamismo como el cristianismo declaran su creencia en un solo Dios, el Dios de la Biblia no esel mismo Alá del Corán. “Islam comienza y termina con el concepto de que no hay ningún otro Dios fuera de Alá. Alá es todopoderoso, soberano eincognoscible(David Burnett, Clash of Worlds[Choque de mundos], 2002, p. 114, énfasis nuestro).

Mientras que la palabra árabe Alásignifica “Dios”, el hecho de que Alá sea representado en el Corán como un ser tan distante, abstracto y metafísico como para que sea imposible de conocer,demuestra que Alá noes simplemente otro nombre para el Dios cristiano, como algunos erróneamente creen.

Nuestro Creador ha revelado su personalidad y su naturaleza compasiva en su Palabra. ¡Al contrario de la perspectiva musulmana respecto a Alá, el Dios de la Biblia sí es conocible!En Jeremías 9:24 él dice: “Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme yconocerme”. Poco antes de su martirio y muerte por el bien de la humanidad, Jesucristo le habló así en oración a su Padre: “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” (Juan 17:3).

No menos importante es el aspecto de la confiabilidad. Por ejemplo, el Corán describe cuatro llamados a Mahoma, y todos ellos se contradicen.

Mahoma afirmó en un principio que Alá se le había aparecido en forma de hombre. Más tarde, dijo que había sido llamado por el Espíritu Santo. Después, dijo que varios ángeles (plural) se le habían aparecido y le habían dicho que Alá lo había llamado para ser profeta. Y, por último, Mahoma dijo que el ángel Gabriel se le había aparecido y le había revelado el Corán.

De manera similar, el Corán junta lugares y costumbres separados por miles de años y cientos de kilómetros, en un mismo momento histórico. Por ejemplo, afirma que la crucifixión se practicaba en tiempos del Éxodo, pero en realidad esta forma de ajusticiamiento no se practicó sino hasta casi mil años después.

Por otro lado, afirma que Amán, un oficial persa mencionado en el libro bíblico de Ester, trabajaba para el faraón de Egipto en tiempos del Éxodo, cuando aquel evento ocurrió mil años antes. Además, asegura que Alejandro Magno fue un musulmán que vivió hasta avanzada edad, cuando en realidad Alejandro fue un griego idólatra que murió a los 32 años.

Estos ejemplos ilustran unos cuantos de los muchos desacuerdos entre el Corán y la Biblia, y también entre el Corán y los hechos históricos.

A través de los siglos, éstas y otras diferencias fundamentales han producido profundos choques entre dos civilizaciones completamente opuestas.

Profundos desacuerdos respecto a la relación con los gobiernos mundiales

La civilización occidental, cuyas raíces son mayoritariamente cristianas, siempre ha reconocido que los conflictos prácticos entre los ciudadanos tarde o temprano necesitan ser resueltos. También entiende que las autoridades políticas de cada nación están en sus puestos para mantener el orden social.

De acuerdo a la Biblia, el estado merece respeto y obediencia básica de parte de sus ciudadanos. Jesucristo claramente afirmó: “Dad, pues, a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios” (Mateo 22:21).

Dos de los apóstoles de Cristo explicaron más detalladamente este principio básico. Pablo escribió: “Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas” (Romanos 13:1). Por su parte, Pedro escribió: “Por causa del Señor [Jesucristo] someteos a toda institución humana, ya sea al rey, como a superior, y a los gobernadores . . . Honrad a todos. Amad a los hermanos. Temed a Dios. Honrad al rey” (1 Pedro 2:13-14, 17).

En agudo contraste, la meta principal del Islam es someter a todas las naciones bajo su ley religiosa islámica (Sharia) ahora,durante esta era humana, aunque ello signifique acabar con todos los gobiernos imperantes. Los fundamentalistas radicales islámicos utilizan el suicido por bombas y otras barbáricas formas de terrorismo para alcanzar su meta.

El escritor británico Roger Scrouton escribió lo siguiente: “El concepto musulmán de la ley santa, que señala el incomparable camino a la salvación, y que se aplica a cada área de la vida humana, comprende unaanulación de lo político.Aquellos asuntos que en las sociedades occidentales se resuelven mediante la negociación, el compromiso y el esforzado trabajo de funcionarios y comités, son [bajo la ley islámica] objeto de decretos inamovibles y eternos estipulados explícitamente en el libro santo [el Corán], o decididos según sus enseñanzas por algún personaje religioso” (The West and the Rest [Occidente y el resto], 2002, p. 91, énfasis en el original).

Muy por el contrario, los verdaderos cristianos esperanel pronto retorno de su Rey de Reyes para que traiga de manera sobrenatural el divino reino de Dios, que gobernará a todas las naciones y finalmente traerá paz y prosperidad a este mundo caótico (Apocalipsis 11:15; 20:4-6).

Dos caminos de vida radicalmente diferentes

Los devastadores ataques del 11 de septiembre de 2001 en los Estados Unidos dejaron en evidencia un mundo dividido en dos esferas diametralmente opuestas: las democracias occidentales y los pueblos dominados por el fundamentalismo religioso islámico. Los islamistas en realidad ven al mundo dividido de otra manera: daral-islam(Territorio del Islam) y dar-el-harb (Territorio de la guerra).

Para los musulmanes devotos, solamente los países predominantemente controlados por la religión islámica constituyen el Territorio del Islam o de la sumisión (Islam significa “sumisión”). El resto debe enfrentarse a la infiltración, la opresión y los ataques de los creyentes islámicos, hasta ser dominados y sometidos. Hasta que ello suceda, estas naciones no islámicas son parte de dar al-harb, el Territorio de la guerra.

En las áreas no islámicas que cuentan con una población musulmana minoritaria, la estrategia básica consiste en mostrarse superficialmente pacíficos y colaboradores. Y puede que muchos musulmanes genuinamente lo sean. Sin embargo, los radicales trabajan ocultamente en el clandestinaje para llevar a cabo sus planes subversivos. Y a medida que su población islámica crece, particularmente en las naciones de Occidente, los musulmanes se vuelven cada vez más exigentes de sus “derechos”, valiéndose de las libertades occidentales para promover su causa a expensas de otros.

Más tarde, si las cifras demográficas los favorecen, sus tácticas varían y se convierten en todo tipo de actos de coerción y fuerza, utilizando los poderes de su mayoría musulmana recientemente adquirida. Cualquier actividad pasa a ser permisible mientras sirva para conseguir el resultado total y final: la propagación del Islam.

Pero, primero, ellos esperan que los países ubicados fuera de la influencia musulmana se conviertan. Si se rehúsan a convertirse, los radicales se sienten en libertad de usar cualquier medio necesario a fin de incluir a estas naciones dentro de la comunidad islámica.

Asaltos gemelos a la civilización occidental

Paradójicamente, además de los elementos fundamentalistas radicales del Islam que están trabajando activamente para destruir a Occidente, muchos de los líderes y movimientos de nuestra propia civilización están prácticamente socavandola resistencia a estas influencias foráneas que podrían destruir la civilización occidental.

Cuando optamos por hacer lo políticamente correcto en vez de enfrentar la dura realidad, participamos voluntariamente en nuestra propia destrucción. Simplemente nos negamos a confrontar los cánceres morales, que son los principales responsables del actual deterioro de nuestra civilización y nuestra cultura.

Melanie Phillips, columnista del noticiero en línea Daily Mail, explica: “Nuestra cultura [occidental] ha sido completamente destruida por el relativismo cultural y moral, aquella doctrina que niega toda jerarquía de valores pero que es doctrinaria en sí misma. Enfrentados a los ataques del mundo islámico que apropiadamente reconoce la decadencia de la cultura occidental, ya ni siquiera sabemos qué es lo que queremos defender.

“Tratamos de convencernos a nosotros mismos de que defendemos los derechos humanos, la libertad, la democracia, la tolerancia . . . y sin embargo, también nos repetimos que no podemos defender tales derechos, porque el preferir una cultura por sobre otra es racista o xenofóbico, aun cuando la cultura que prefiramos sea la nuestra. Por lo tanto, una sociedad liberal no puede, por definición, defenderse a sí misma, porque aparentemente debe aceptar su propia extinción en aras de la igualdad” (The World Turned Upside Down[El mundo al revés], 2010, pp. 281-282).

“Bueno y malo” pasa a ser un asunto de adoptar los estándares personales de cada cual, basados en cualesquiera sea la cultura que actualmente profesamos: liberal secular, cristiana . . . o cualquier otra. En la antigüedad, el rey Salomón nos advirtió que el camino de vida que nos parece tan correcto puede llevarnos a nuestra propia destrucción y muerte espiritual (Proverbios 14:12; 16:25).

Como en los días de la antigua Israel, muchos hombres y mujeres de la actualidad están pensando y haciendo lo que les parece correcto según sus propios ojos y tomando malas decisiones (vea Jueces 17:6; 21:25). Los estándares bíblicos son ridiculizados, y después, prácticamente olvidados.

El aborto y la eutanasia han ganado mucha aceptación debido a esta perspectiva errónea y liberal. Demasiados son los que justifican el asesinato de quienes no han nacido y hasta alientan la muerte prematura de los ancianos y enfermos de nuestra sociedad. El matrimonio y la familia —el aglomerante que mantiene unida a la sociedad— son redefinidos o desechados para satisfacer los caprichos egoístas de
la gente.

Los triunfos del Islam

Contrariamente al Islam, Occidente ha perdido la fe en sus propios valores religiosos tradicionales. Las principales iglesias han debido soportar décadas de un inquietante deterioro. La asistencia a sus templos muy a menudo se halla en franca caída. Las enseñanzas de la Biblia son cuestionadas en los centros religiosos. El clero occidental ahora incluye a los así llamados “ateos cristianos”.

Fíjese nuevamente en lo que dice Melanie Phillips: “La pérdida de fe religiosa ha significado que Occidente haya reemplazado la razón y la verdad por ideologías y prejuicios,lo que se manifiesta como una inquisición secular. El resultado ha sido una especie de desquiciamiento masivo, a medida que la verdad y la mentira, lo bueno y lo malo, víctima y agresor, etc., son puestos en orden inverso de importancia.

“En lo que parece una caza de brujas al estilo medieval, los científicos que se muestran escépticos en cuanto al calentamiento global son destituidos de sus puestos; Israel es demonizada con saña; y Estados Unidos es vilipendiado por hacerle la guerra al terrorismo –todo basado en falsedades y propaganda que la gente cree como ciertas”(The World Turned Upside Down, contraportada frontal).

El profeta hebreo Isaías previó este aspecto de la trágica condición humana que nos afecta en la actualidad: “¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz . . . !” (Isaías 5:20). Nuestro Creador Dios da a conocer su propia perspectiva de las cosas mediante su Palabra de verdad y sus juicios, que perduran eternamente (Salmo 119:160).

Dios incluyó el principio de causa y efecto en la composición misma de nuestro mundo. Un ejemplo bíblico de ello: “Ciertamente el que bate la leche sacará mantequilla, y el que recio se suena las narices sacará sangre; y el que provoca la ira causará contienda” (Proverbios 30:33). Esto demuestra que el simple principio de causa y efecto produce los mismos resultados en todas las civilizaciones.

Vemos el resultado final de ello en todo nuestro entorno: Islam crece en cifras y fuerza, mientras Occidente sigue decayendo. Los adherentes del islamismo no cuestionan a Alá ni las enseñanzas del Corán, por muy contradictorias que nos parezcan a nosotros, los occidentales. Sin embargo, en este Occidente supuestamente cristiano, nosotros tomamos muy a la ligera el cuestionamiento y falta de respeto a Dios y a la Biblia.

Dios se lamenta así: “¿Hay alguna nación que haya cambiado de dioses,

a pesar de que no son dioses? ¡Pues mi pueblo ha cambiado al que es su gloria, por lo que no sirve para nada!” (Jeremías 2:11, Nueva Versión Internacional).

¿Qué debería hacer Occidente?

La reacción ideal de la civilización occidental sería seguir el consejo de Melanie Phillips en el Daily Mail: “Si es que alguna vez ha existido un momento en el que los guardianes religiosos de la civilización occidental debieran actuar como sólidos defensores de su transparencia moral, es éste” (“Paralysis and Moral Confusion on Piazza Mahatma Gandhi” [Parálisis y confusión moral en la Plaza Mahatma Gandhi], nov. 8, 2011).

Pero la posibilidad de que esto se haga realidad parece ser muy remota. Así es que todo se reduce a lo que escojamos como individuos.

Su relación con Dios debe ocupar el lugar más importante de su existencia. Jesucristo le dice exactamente cómo enfrentar estas tendencias y acontecimientos del tiempo del fin: “Mirad también por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería y embriaguez y de los afanes de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día. Porque como un lazo vendrá sobre todos los que habitan sobre la faz de toda la tierra. Velad, pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre” (Lucas 21:34-36, énfasis nuestro).

Los seductores engaños de esta era, con su sistema de entretenimiento tan pervertido, su enfoque en la gratificación del ego y sus múltiples distracciones, nos tientan para que sigamos sus falsos caminos. El apóstol Pablo advierte al pueblo de Dios: “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre”(1 Juan 2:15-17).

Mientras trabaja en la restauración total de sus caminos de justicia (Hechos 3:19-21), Dios está en el proceso de acabar con esta malvada era de la humanidad. Jesucristo nos exhorta a orar “Venga tu reino” (Mateo 6:10). ¡Y sin ninguna duda, nuestro Creador responderá a esa oración!

Pero antes de eso, él enseñará a las naciones ciertas lecciones muy duras. Como Jesús dijo, refiriéndose a los eventos que precederán su retorno: “En esos días, Dios castigará a los desobedientes, tal como estaba anunciado en la Biblia” (Lucas 21:22, Traducción en Lenguaje Actual).

Este será un tiempo de ajuste de cuentas muy traumático. Jesús también dijo, refiriéndose a aquel tiempo: “Porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá. Y si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados” (Mateo 24:21-22).

¡A medida que se acerca el fin de esta era, este es el mejor momento para que cambiemos el rumbo de nuestras vidas y nos enfoquemos en Dios y su maravilloso plan para la humanidad! 

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