Inteligencia Artificial- Amenaza futura

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La humanidad está amenazada de extinción en varias formas. Actualmente, según advierten algunos, se cierne otro riesgo potencialmente mortal: la inteligencia artificial.

El tema de este artículo, la inteligencia artificial [llamada también inteligencia computacional] parece de ciencia ficción. Varias películas y shows de televisión ya lo han usado para representar escenarios de pesadilla, con computadoras que se vuelven malévolas, como Hal 9000, de la película 2001: Una odisea espacial; Skynet, de la película Terminator; y el sistema de vigilancia masivo de la serie estadounidense de CBS Person of Interest (Vigilados).

¿Podrían las computadoras adquirir tanto poder y autonomía como para extraer la información de Internet y llegar a controlar el armamento nuclear creado por el hombre, las redes eléctricas, los sistemas de producción y distribución de agua y alimentos y, potencialmente, subyugar a la humanidad para que les obedezcan? Es una idea aterradora, pero quizá no tan absurda como alguna vez se creyó.

La guerra informática ha sido noticia frecuente en los últimos tiempos. Ya sea por piratería, filtración o ataques de software malicioso, la guerra cibernética (el uso de computadoras para invadir, dañar o robar información a otras computadoras) se ha vuelto cada vez más común en todo el mundo. Por ejemplo, el programa nuclear iraní sufrió un grave retroceso a causa de un feroz virus informático en 2010, y la campaña presidencial de 2016 en los Estados Unidos se vio afectada por la filtración de documentos políticos perjudiciales. Todo esto es posible debido a las constantes pugnas geopolíticas, a la mayor dependencia de los sistemas informáticos y al casi omnipresente Internet.

Sin embargo, estos son solo síntomas de un riesgo progresivo: el rápido avance de la IA, o inteligencia artificial.

¿Qué es la inteligencia artificial? Es un programa informático que llega al punto en que, como dice el New Oxford American Dictionary (Nuevo diccionario estadounidense de Oxford), “puede realizar tareas que normalmente requieren del intelecto humano, como la percepción visual, el reconocimiento del habla, la toma de decisiones y la traducción de idiomas”.

Historia de la IA

La inteligencia artificial ha existido desde que se inventaron computadoras rudimentarias durante la Segunda Guerra Mundial para ayudar a descifrar códigos militares secretos. ¡La revolución cibernética ha permitido que hoy los teléfonos inteligentes sean miles de veces más potentes que los computadores utilizados para llevar el hombre a la luna! Además, ha contribuido a que el mejoramiento de la IA avance de forma significativa.

En 1969, los computadores IBM 360 utilizados por la NASA podían contener aproximadamente seis megabytes de información. Según los estándares de hoy, un chip de memoria de 32 gigabytes, fácilmente disponible por menos de 20 dólares, puede contener más de 5000 veces la cantidad de datos que todas esas enormes computadoras IBM 360, que en su época costaban, cada una, ¡más de 3 millones de dólares! Y los teléfonos inteligentes de hoy tienen en promedio al menos 16 gigabytes, o sea más de 2500 veces la capacidad de almacenamiento que poseían los computadores IBM de la NASA.

El increíble poder de computación disponible en la actualidad muestra cuán rápidamente estamos siendo arrastrados ​​por una enorme revolución tecnológica. Como señaló recientemente The Economist, “La asociación de expertos del McKinsey Global Institutedice que la IA está contribuyendo a una transformación de la sociedad que está ocurriendo ‘a una velocidad diez veces más rápida, y a una escala 300 veces mayor, o aproximadamente 1000 veces el impacto, que la Revolución Industrial’” (jun. 25, 2016, página 3 de la sección del informe especial, énfasis nuestro en todo este artículo).

Aprendizaje profundo

Estamos siendo testigos del vertiginoso ritmo de la era computacional, pues el acceso y asequibilidad de las computadoras y la información aumenta con cada año que pasa.

En los últimos años, la IA ha alcanzado un notable avance. Algunos investigadores lograron copiar un aspecto de cómo funciona el cerebro a través de su red neuronal. Se llama “aprendizaje profundo”, y ahora las computadoras no solo pueden realizar exámenes más rápido que nunca en conjuntos de datos de dimensiones sin precedentes, sino que van un paso más allá: analizanel valor de esos datos. De esta manera “aprenden” a medida que mejoran su rendimiento, simulando la forma en que los circuitos neuronales se fortalecen en el cerebro durante el proceso de aprendizaje.

“El aprendizaje profundo”, dice The Economist, “permite que los sistemas aprendan y mejoren procesando múltiples resultados en vez de ser programados en detalle, [y] ya se está usando para mejorar las herramientas de búsqueda en Internet, bloquearcorreos electrónicos no deseados, sugerir respuestas a correos electrónicos, traducir páginas web, reconocer comandos de voz, detectar fraudes de tarjetas de crédito y conducir vehículos que se automanejan” (p. 4).

Hasta ahora, tales mejoras en las funciones de la IA no han representado una amenaza probable para la humanidad, pero a medida que se multiplica su capacidad, es posible que en el futuro puedan comenzar a controlar el proceso de toma de decisiones que solía ser dominio exclusivo de los seres humanos. Y al parecer, según los principales científicos y líderes de la industria, tal posibilidad no está muy lejana.

Advertencias de expertos eminentes

Debido a este rápido avance de la IA, algunos de los especialistas más brillantes en tecnología han advertido sobre su peligroso potencial.

Elon Musk, el multimillonario de la tecnología y fundador de la famosa generación de autos eléctricos Tesla y también de SpaceX (empresa estadounidense que envía cohetes a la estación espacial), advirtió en 2014 que el progreso de la inteligencia artificial es “potencialmente más peligroso que las armas nucleares” (p. 13).

Posteriormente añadió: “Creo que debemos ser muy cautelosos con la inteligencia artificial. Si tuviera que predecir cuál es la mayor amenaza de nuestra existencia, probablemente sería esa. Así que tenemos que ser muy cuidadosos con este tema. Los científicos creen cada vez más que debería existir algún tipo de entidad reguladora a nivel nacional e internacional, solo para garantizar que no cometamos una locura. Con la inteligencia artificial estamos invocando al demonio” (citado por Matt McFarland, “Elon Musk: ‘With Artificial Intelligence We Are Summoning the Demon’” [Con la inteligencia artificial estamos invocando al demonio], The Washington Post,oct. 24, 2014).

A principios de este año, Musk hizo otra advertencia. En una entrevista declaró: “Uno de los asuntos más inquietantes es la inteligencia artificial . . . Se puede llegar al punto en que la IA supere al ser humano más inteligente. Esta es una circunstancia peligrosa”.

Parte del problema, explicó, es no poder prever hasta donde pueden llegar estos avances. “Una forma de verlo es imaginar que con toda seguridad seremos visitados por extraterrestres superinteligentes en 10 o 20 años, a lo sumo. La superinteligencia digital será como un extraterrestre” (Zoe Nauman, “End of the World as We Know It” [El fin del mundo tal como lo conocemos], The Sun, feb. 16, 2017).

Stephen Hawking, el famoso astrofísico, también expresó su preocupación diciendo: “El desarrollo pleno de la inteligencia artificial podría significar el fin de la raza humana” (Rory Cellan-Jones, “Stephen Hawking Warns Artificial Intelligence Could End Mankind” [Stephen Hawking advierte que la Inteligencia Artificial podría acabar con la humanidad], BBC News, dec. 2,  2014).

Bill Gates, cofundador de Microsoft, añadió: “Estoy entre los que están preocupados por la superinteligencia. Al principio las máquinas harán muchas tareas por nosotros, sin ser superinteligentes. Bien manejado, eso sería algo positivo. Sin embargo, unas pocas décadas después esa inteligencia será lo suficientemente poderosa como para ser una preocupación. En esto coincido con Elon Musk y otras personas, y no entiendo por qué a algunos no les preocupa” (Peter Holley, “Bill Gates on Dangers of Artificial Intelligence: ‘I Don’t Understand Why Some People Are Not Concerned’”[Bill Gates sobre los peligros de la inteligencia artificial: No entiendo por qué algunas personas no se preocupan], The Washington Post, ene. 29, 2015).

La preocupación es tan grande, que a principios de este año “centenares de científicos y tecnólogos firmaron una carta abierta promoviendo la investigación sobre los problemas de la inteligencia artificial, en un intento por combatir los peligros de la tecnología”. Entre los firmantes estaban Musk, Hawking, representantes de Google y las principales empresas de IA, y académicos de las principales universidades del mundo.

Dicho documento advierte que “es importante investigar cómo aprovechar sus beneficios y al mismo tiempo evitar posibles trampas”, y recomienda que “nuestros sistemas de IA deben hacer lo que queremos que hagan” (Andrew Griffin, “Stephen Hawking, Elon Musk and Others Call for Research to Avoid Dangers of Artificial Intelligence” [Stephen Hawking, Elon Musk y otros convocan investigación para evitar los peligros de la inteligencia artificial], The Independent, ene. 12, 2017).

La IA, cada vez más común y peligrosa

Así, pues, estamos justo en el inicio del “aprendizaje profundo” de la revolución de la IA. Lo que parecía ciencia ficción hace unos cuantos años, poco a poco se está convirtiendo en una realidad. Los vehículos que se automanejan mediante IA, que ahora se utilizan en ciertas áreas, en general han probado ser más seguros que los conducidos por humanos (aunque ha habido choques).

Podemos interactuar en la computadora con los asistentes virtuales de IA tales como Watson de IBM, Siri de Apple, Alexa de Amazon, Cortana de Microsoft y Google Now. Al mismo tiempo, hay serios problemas de privacidad con la cantidad de información personal que recopilan estos servicios. De hecho, muchos usuarios no están conscientes de que gran parte de lo que dicen en la intimidad de sus hogares puede ser escuchado por dispositivos inteligentes y almacenado en línea. Una revelación reciente de Wikileaks reveló que algunos televisores pueden ser infiltrados por agencias de espionaje, convirtiéndolos en receptores sin el conocimiento de sus propietarios.

Pero lo más preocupante, en opinión de algunos, es el aspecto potencialmente mucho más peligroso de esta revolución computacional. Como señala James Barrat, un experto en el campo de la IA: “Los drones robóticos semiautónomos ya matan a docenas de personas cada año. Cincuenta y seis países tienen o están desarrollando drones para la guerra; hay una verdadera carrera por dotarlos de autonomía e inteligencia. . . La IA es una tecnología de doble propósito, como la fisión nuclear. La fisión nuclear puede iluminar ciudades o incinerarlas. Su aterrador poder era inimaginable para la mayoría de la gente antes de 1945, pero con la IA avanzada, en este momento estamos como en los años treinta. Es improbable que sobrevivamos a una irrupción tan violenta como la fisión nuclear” (Our Final Invention: Artificial Intelligence and the End of the Human Era [Nuestro último invento: La inteligencia artificial y el fin de la era humana], 2016, p. 21).

Rusia está desarrollando drones submarinos (“Russia Tests Terrifying Unmanned ‘Drone Submarine’ Capable of Carrying Nuclear Warheads Within Range of the US” [Rusia ensaya aterradores ‘drones submarinos’ capaces de portar ojivas nucleares que podrían llegar hasta los Estados Unidos], Daily Mail, dic. 8, 2016). ¿Qué pasaría si el control de estos drones se dejara al criterio de la IA?

Torre de Babel cibernética

Sin ninguna duda hay una desesperada carrera mundial entre las naciones tecnológicamente más avanzadas para construir esta primera torre de Babel cibernética.  Esto permitiría a la humanidad volver a acumular un poder capaz de generar una amenaza que probablemente no podrá controlar.

La primera vez, cuando toda la humanidad unió sus esfuerzos en una gran empresa autónoma, la arenga fue: “Vamos, edifiquémonos una ciudad y una torre, cuya cúspide llegue al cielo; y hagámonos un nombre, por si fuéremos esparcidos sobre la faz de toda la tierra” (Génesis 11:4).

Cuando Dios vio los propósitos de la gente, a medida que conjuntamente progresaban en conocimiento y tecnología, dijo: “Nada les hará desistir ahora de lo que han pensado hacer. Ahora, pues, descendamos, y confundamos allí su lengua, para que ninguno entienda el habla de su compañero” (Génesis 11:6-7). La oportuna intervención de Dios detuvo temporalmente el desarrollo tecnológico que amenazaba el bienestar del hombre y aun su supervivencia.

Ahora los científicos están calculando cuándo llegaremos a la etapa de la IAG, o inteligencia artificial generalizada, el nivel de inteligencia humana capaz de razonar y pensar, que no necesita ser programada para resolver problemas específicos.

Como Barrat explica: “En este momento los científicos están creando inteligencia artificial, o IA, cada vez más potente y sofisticada. Parte de esa IA ya se encuentra en computadores, electrodomésticos, teléfonos inteligentes y automóviles. También está en poderosos sistemas automatizados de respuestas a preguntas (QA), como Watson. Y además es promovida por organizaciones tales como Cycorps, Google, Novamente, Numenta, Self-Aware Systems [sistemas de autoconciencia que tienen su propia personalidad], Vicarious Systems [sistemas que simulan ser humanos] y DARPA (Defense Advanced Research Projects Agency [Agencia de Proyectos de Investigación Avanzados de Defensa, de Estados Unidos]), que están desarrollando ‘arquitecturas cognitivas’. Sus creadores esperan que [la IA] alcance el nivel de la inteligencia humana en poco más de una década” (p.17).

A partir del nivel de la IAG, científicos y expertos militares esperan llegar a la IAS, o inteligencia artificial superior, mediante la cual las computadoras serán ilimitadamente más inteligentes que los humanos. Si esto ocurriera, el proverbial genio de la botella saldría, y sería muy difícil hacerlo volver a ella.

Elon Musk ya ha advertido que la IA en manos equivocadas se convertiría en una verdadera pesadilla. Según The Economist, “Sus autos Tesla utilizan la última tecnología de IA para dirigirlos, pero a Musk le preocupa que una futura IA dominante se vuelva tan poderosa que los humanos no puedan controlarla. ‘Está bien si tienes a un Marco Aurelio como emperador [emperador romano humanitario], pero no tan bueno si tienes a un Calígula [emperador sanguinario]’, dijo él” (p. 4).

Si este nuevo e inmenso poder de la IA cae en manos equivocadas, ¿será usado para controlar a la gente? ¿Podría un régimen malvado usar este nuevo poder de la IA para controlar a las personas con códigos digitales e incluso permisos de trabajo? Apocalipsis 13 describe una época futura de control estatal totalitario en una moderna Babilonia que decidirá quién podrá comerciar, lo que presumiblemente exigirá rastrear a cada persona, pero tendremos que esperar y ver cómo se va a implementar esto.

El espíritu en el hombre

Hay un aspecto que sin duda impedirá el avance esperado en esta desenfrenada carrera del hombre por construir computadores inteligentes cada vez más potentes para tratar de asemejar, y luego superar, el cerebro humano. Es un hecho que la inteligencia humana es el resultado del cerebro humano que trabaja en conjunto con el espíritu en el hombre, algo que no se puede reproducir físicamente.

La Biblia revela este componente no físico en los seres humanos, que les da la capacidad de pensamiento abstracto, emociones y conciencia. Dice: “Ciertamente espíritu hay en el hombre, y el soplo del Omnipotente le hace que entienda” (Job 32:8).

Esta es una barrera formidable para que las máquinas alcancen alguna vez un nivel genuino de inteligencia y pensamiento humanos. Numerosos científicos piensan que el hombre es solo una entidad física carente de un componente espiritual, de modo que copiar y luego superar su mente es un objetivo alcanzable, aunque aterrador.

Sin embargo, aunque una computadora nunca llegue a tener consciencia de sí misma, los científicos creen que podría simular la inteligencia del hombre. Con la información suficiente, el poder de la computación y ejemplos de la vida real, una computadora podría eventualmente “actuar” como un ser humano, creando lo que algunos podrían considerar una forma de semivida, algo que puede no estar muy lejos en el horizonte.

¡Venga tu reino!

La humanidad ya enfrenta muchos peligros que podrían conducirla a la extinción: armas nucleares, armas químicas mortales y epidemias provocadas o de origen natural. Y ahora, este nuevo riesgo letal concebido por los mismos seres a los que finalmente podría destruir.

Sin embargo, tal como sucedió con la torre de Babel, Dios dijo que intervendría en el tiempo del fin para impedir que la raza humana termine autoaniquilándose. Como Cristo prometió: “Y si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo [sobreviviría]; mas por causa de los escogidos [o sea, por causa de sus seguidores], aquellos días serán acortados” (Mateo 24:22).

¿Cuándo sucederá esto? No sabemos con certeza, pero ya vemos algunas de las condiciones profetizadas en la Biblia para el fin de esta era. Como leemos en Daniel 12:4, el transporte y el conocimiento se multiplicarían en gran medida antes del regreso de Jesucristo. Gracias a la revolución tecnológica, los viajes y la información han aumentado exponencialmente en los últimos tiempos, cumpliendo la profecía acerca de estas condiciones.

¿Qué podemos hacer mientras tanto? Como ya hemos visto, no debemos perder la esperanza. Debemos amar las verdades de Dios más que nunca, ayudar a divulgar las buenas nuevas del Reino de Dios venidero, y orar para que venga ese reino y ponga fin al peligroso mal gobierno del hombre en la Tierra, que sigue deteriorándose.

Jesucristo nos recuerda que debemos orar cada día: “Ven y sé nuestro único rey. Que todos los que viven en la tierra te obedezcan, como te obedecen los que están en el cielo” (Mateo 6:10, Traducción en Lenguaje Actual). Esta será la solución definitiva para la riesgosa aventura del hombre en cuanto a la IA y otras actividades tecnológicas que pueden terminar en una catástrofe.  

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