Dos segundos después: ¿Qué hará usted cuando llegue una gran crisis mundial?

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En un momento de gran crisis, ¿qué se llevaría consigo? Si no se está preparando ya, aquella cosa, la más valiosa de todas, tal vez no esté a su alcance.


La vida que comienza dos segundos después de un evento inesperado será vivida de acuerdo a cierto elemento llamado carácter.

Fuente: Thinkstock

De pronto, se ve forzado a evacuar su habitación de hotel en suelo extranjero y solo tiene unos segundos para levantarse, ponerse algo de ropa y salir. Usted no sabe si regresará, ni qué le espera en la calle. ¿Qué se llevará con usted? Más de lo que usted jamás podrá imaginarse.

Yo tuve que enfrentarme a esta disyuntiva en Amán, Jordania, en noviembre de 2005, cuando un grupo de terroristas atacó con explosivos tres hoteles cercanos al nuestro. Éste no fue atacado, pero no teníamos forma de saberlo en aquel momento. A las 11:00 p.m. me despertó un fuerte golpe en mi puerta, y los gritos de un empleado del hotel que apremiaba a los huéspedes para que despertaran, se vistieran y salieran a la calle. Sin saber qué pasaría, todo lo que pudimos hacer fue ponernos rápidamente algo de ropa y salir.

En una emergencia similar, ¿qué se llevaría consigo? Quizás usted se haya hecho la pregunta “¿qué haría yo en caso de?”, para determinar qué cosas son las más valiosas e importantes en su vida. En mi caso, aquella noche tuve solo unos pocos segundos para contestar tal pregunta. En ese momento me pareció fácil: tomé mi pasaporte y mis pasajes de avión. No sabía si regresaría a mi habitación de hotel, y tenía una reserva para viajar a casa el día siguiente. ¡Lo único que quería era estar en ese vuelo!

La pregunta de qué se llevaría con usted si tuviese que arrancar de su casa con solo unos segundos de advertencia es algo que se debe contemplar a un nivel más profundo. Lo más seguro es que se lleve algo irreemplazable o que valore más que cualquier otra cosa. Algunas personas dicen que se llevarían una Biblia. Otras dicen que se llevarían sus álbumes de fotos familiares, que jamás podrían ser reemplazadas. Puede que esto haya cambiado en esta era de fotos digitales — quizá ahora muchos se llevarían su computador portátil o su teléfono inteligente.

Entonces, ¿qué se llevaría con usted durante tales circunstancias?

Aunque el objeto físico que se lleve dirá algo acerca de lo que usted valora, es importante darse cuenta de que si tal momento se presenta, lo único que todos llevaremos con nosotros al huir durante una emergencia será la escala de valores según la que vivimos: ¡nuestro carácter!

Cuando un momento así nos sorprende, somos lo que somos: la suma de todas nuestras experiencias y decisiones, y esto determinará cómo reaccionamos frente a una crisis.

Nuestro carácter —justo o no— es lo que nos llevaremos con nosotros cuando tengamos una prueba o situación de emergencia. El tipo de persona que somos determina cómo nos manejamos en un momento de extrema tensión.

Esta cualidad intangible será de crucial importancia para enfrentar la llegada de tiempos de aflicción nunca antes vistos, y respecto a los cuales la Biblia hace claras advertencias: la Gran Tribulación y el Día del Señor, los que de acuerdo a la profecía tendrán lugar en este mundo justo antes de la segunda venida de Jesucristo.

“Velemos y seamos sobrios”

 El apóstol Pablo les advirtió a sus seguidores cristianos acerca de esto en un pasaje profético, que tal vez sea el más claro y convincente de todos los que él escribió: “Pero acerca de los tiempos y de las ocasiones, no tenéis necesidad, hermanos, de que yo os escriba. Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche; que cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta, y no escaparán.

“Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os sorprenda como ladrón. Porque todos vosotros sois hijos de luz e hijos del día; no somos de la noche ni de las tinieblas. Por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios. Pues los que duermen, de noche duermen, y los que se embriagan, de noche se embriagan.

“Pero nosotros, que somos del día, seamos sobrios, habiéndonos vestido con la coraza de fe y de amor, y con la esperanza de salvación como yelmo. Porque no nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo, quien murió por nosotros para que ya sea que velemos, o que durmamos, vivamos juntamente con él” (1 Tesalonicenses 5:1-10).

Aquí, en este conocido pasaje, Pablo enfatiza que debemos estar preparados. Cuando menos se espere, y cuando las cosas parezcan normales en un período de aparente paz y seguridad, Dios enviará al mundo una gran tribulación en un futuro tiempo de juicio. Inesperadamente, como un ladrón en la noche, el mundo se transformará rápida y dramáticamente en algo muy distinto, nunca antes visto en ningún período de la historia.

¿Qué podría desencadenar algo así? Quizá sea un ataque terrorista que provoque una reacción súbita y más violenta de lo esperado por parte de alguna nación muy poderosa, conduciendo a una guerra masiva que involucre a muchas naciones.

O tal vez sea un colapso financiero que amenace con el desplome de la economía mundial, arrastrando consigo el estilo de vida al que todos nos hemos acostumbrado.  Puede que se tomen acciones sin precedentes para mantener la economía funcionando, y podríamos ver un realineamiento masivo de naciones y de la economía internacional en una sola autoridad centralizada, con amplia cooperación de todos. Lo que al principio parecerá benigno para muchos, se convertirá en un poder opresivo y controlador que traerá como resultado el período más difícil de la humanidad.

En la Biblia hay profecías específicas que describen los eventos de este período como muy repentinos y a una escala jamás vista en ninguna otra era de la historia (Daniel 12:1).

Y como Pablo lo describió, estos acontecimientos vendrán súbita e inesperadamente, “como ladrón en la noche”. Encontrar a un ladrón en la noche es simplemente aterrador. Un hecho de esta naturaleza se presenta sin advertencia e inmediatamente pone a prueba nuestra determinación, valentía, preparación e ingenio, y nuestra reacción dependerá de cuanto nos hayamos preparado de antemano para tal eventualidad.

¿Qué hacer, entonces, cuando ocurra algo de esta magnitud?

¿Qué tan grave podría llegar a ser la situación?

Hay toda una industria que se enfoca en este tipo de emergencias y que ayuda a la gente a prepararse por si ocurre una catástrofe. Se pueden construir búnkeres y abastecerlos de comida, agua y otro tipo de cosas para (ojalá) permitirles a las personas sobrevivir un tiempo de crisis.

Estas recomendaciones van mucho más allá de las medidas rutinarias y lógicas ante la posibilidad de un huracán, tornado, terremoto u otro fenómeno climático de envergadura. Obviamente, uno debe tomar precauciones para aguantar unos días de inconveniencias debido a un apagón eléctrico o a los daños causados por un desastre natural, pero pensar en prepararse para soportar una crisis grave, como un ataque nuclear, es otra cosa. ¿Es siquiera posible estar completamente preparados para algo así?

Unos años atrás se publicó una obra ficticia que llevaba el título A Second Later [Un segundo después] y que relataba la historia hipotética de un arma de pulso electromagnético (PEM) que es detonada sobre Estados Unidos, cortando toda la electricidad. En el escenario del libro, todo aquello que necesita corriente eléctrica para funcionar es destruido por el PEM de una bomba nuclear detonada en cierto punto de la atmósfera. El PEM no causa daño directo a la vida biológica, pero destruye por completo la red eléctrica y todo lo que está conectado a ella, y todo aquello que funciona con electricidad.

La historia es ficticia, pero basada en hechos perfectamente factibles. Expertos científicos y militares han advertido desde hace mucho que esto es posible y que se deben tomar precauciones anticipadamente para confrontar tal ataque. En teoría, toda nación que posea una bomba nuclear, y los medios para enviarla, podría provocar algo así.

“Un segundo después” relata lo que ocurre en la vida de un pequeño pueblo en Carolina del Norte (Estados Unidos) después de que un arma de PEM es detonada. En los primeros treinta días, más de la mitad de los habitantes del pueblo muere de inanición por falta de alimentos; los vehículos motorizados no funcionan porque sus circuitos eléctricos están arruinados; los camiones no pueden repartir comida; la comida refrigerada ya ha sido consumida o se ha descompuesto, y no se puede producir más porque los tractores no pueden labrar, plantar ni cosechar, y la red eléctrica está destruida.

Sin electricidad, los medicamentos vitales se acaban pronto y no pueden ser reemplazados. Uno de los personajes del libro muere en unas pocas semanas cuando su suministro de insulina, que no ha sido refrigerado, pierde su efectividad. La gente que toma medicamentos para el corazón o drogas potentes para controlar otras enfermedades, sufre inimaginablemente cuando se le acaban sus medicamentos. Todo el sistema de salud se viene abajo, con fatales consecuencias.

En la historia, la estructura social se desmorona: las personas matan para sobrevivir;  grandes pandillas desenfrenadas comienzan a vagabundear por las calles, saqueando para conseguir alimentos; las ciudades se ven forzadas a movilizar a sus habitantes armados para poder protegerse. Es hermano contra hermano, vecino contra vecino.

La novela pinta un retrato sombrío y gráfico de lo que podría pasar en caso de que tal ataque ocurriese en nuestro mundo moderno. Sin electricidad, la civilización tal como la conocemos tendría un fin abrupto y espantoso. La muerte por hambrunas, enfermedades y conflictos ocurriría dentro de unas cuantas semanas, y los escenarios apocalípticos que se ven en las películas se harían realidad.

Dos segundos después

El libro es titulado Un segundo después para ilustrar el hecho de que un segundo después de que un evento similar a un “ladrón en la noche” tiene lugar, todo cambia. La vida que una vez conocimos ya no existe y uno tiene que buscar a tientas la manera de salir adelante. La vida que comienza en el siguiente segundo, dos segundos después de la crisis, será vivida de acuerdo a cierto elemento que mora dentro de nosotros, algo llamado carácter. Éste trasciende cualquier cosa física que pueda definirnos. El carácter proviene del espíritu y no se puede ver ni medir con ninguna de nuestras posesiones materiales.

Esa noche en Amán, cuando tuve que salir de la habitación del hotel por una amenaza de bomba, tomé el pasaporte y los pasajes de avión. En aquella abrupta emergencia me llevé estas cosas que eran físicas, útiles y prácticas.

Pero cuando ocurra un evento de la categoría descrita por Pablo como “un ladrón en la noche”, los elementos tangibles no serán suficientes.

Vamos a necesitar algo muy distinto para sobrevivir a tal experiencia. La vida será tan precaria, con un equilibrio tan frágil, que exigirá que actuemos y demostremos nuestra valentía espiritual y nuestro ingenio. La supervivencia dependerá de una capacidad espiritual que haya sido previamente desarrollada mediante decisiones conscientes para actuar y vivir de manera correcta, según las sagradas enseñanzas de nuestro Creador.

El apóstol Pedro describió exactamente lo que se debe hacer: “Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir, esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios, en el cual los cielos, encendiéndose, serán deshechos, y los elementos, siendo quemados, se fundirán! Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia” (2 Pedro 3:11-13).

En los versículos anteriores, Pedro había desacreditado a los burladores que decían que tales cosas nunca ocurrirían (2 Pedro 3:3-7), refiriéndose al tiempo de Noé y al diluvio que Dios envió para enjuiciar a un mundo malvado que se rehusó a aceptar su conocimiento santo. Y el abandono deliberado de Dios y su camino constituye la principal razón para los eventos que vendrán.

Tiempos como éstos

Vivimos en tales tiempos. El conocimiento de Dios está siendo rechazado a un ritmo tan rápido en el debate público, que quienes hemos vivido lo suficiente como para haber conocido una era distinta, en la cual la  mayoría apoyaba una moralidad basada en Dios (aunque solo fuera de los dientes para afuera), estamos impactados.

Después de los recientes fallos de la Corte Suprema de Estados Unidos en cuanto al matrimonio entre personas del mismo sexo, un joven colega me dijo: “Ahora por fin entiendo por qué la gente de su generación está tan enfurecida con los cambios en el tema del matrimonio entre personas del mismo sexo. Ustedes han vivido lo suficiente para haber presenciado una era distinta, cuando esto no era aceptado de manera general por el público”.

El mundo actual se encamina rápidamente al extremo en que hablar sobre el conocimiento de Dios tal como ha sido registrado en las Escrituras será considerado no solo anticuado e irrelevante, sino que además,  “intolerante” y “degradante”. Se acerca el momento en el cual hablar de lo que Dios simplemente enseña en la Biblia será tan mal visto, que quienes lo hagan o lo defiendan serán silenciosamente perseguidos.

Pedro exhorta a quienes escuchan —aquellos que vivan en el tiempo profético del fin— a ser personas de comportamiento santo y carácter divino. Hay un mundo nuevo que viene, donde solo morará la justicia. El puente a ese mundo, durante los tiempos catastróficos que vienen, será cruzado por aquellos que se hayan vestido de fe, virtud, entendimiento, dominio propio, constancia, devoción a Dios, afecto fraternal y amor (2 Pedro 1:5-7).

El mensaje que ofrecemos enLas Buenas Noticias es simple y directo: ¿cómo puede usted prepararse para algún peligroso evento futuro, como aquel profetizado en las Escrituras? Poniendo su vida en orden ahora.Estudie su Biblia para descubrir la forma en que Dios desea que usted viva y el estilo de vida que él aceptará durante los difíciles tiempos que se avecinan. Convierta a Dios y su verdad en el ancla y refugio en su vida diaria, y confíe plenamente en que Dios lo escudará y protegerá en el día de prueba.

Observe y comprenda

¿Estudia usted las profecías bíblicas y está interesado en los eventos de los tiempos del fin? ¿Observa usted este mundo actual y ve como las cosas están escalando hasta reventar en una nueva crisis, quizás la crisis que marcará el fin de esta era, y se pregunta si será digno de escapar de los eventos de los últimos días (Lucas 21:36) y ser salvo mediante la gracia de Dios? Probablemente así sea, y es por eso que usted lee Las Buenas Noticias y ha leído este artículo hasta aquí.

De ser así, escuche con cuidado lo que dice Pedro. Él escribe que la palabra profética es segura “y a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones” (2 Pedro 1:19).

Las profecías debieran motivarlo a caminar bajo la luz de la Palabra de Dios, produciendo un cambio en su vida que le permita navegar en este malvado mundo actual y lo prepare para el intenso período de juicio que se avecina.

¿Qué tipo de persona deberemos ser usted y yo? Tendremos que ser capaces de discernir lo que es santo en un mundo donde tal cosa es menospreciada por algunos y no comprendida por la mayoría. Esta es la única manera de poder estar preparados para lo que ciertas profecías claves vaticinan.

Lo único que nos servirá de ayuda cuando comience el tiempo de prueba será el carácter y los valores que tengamos. Eso es lo único valioso que podremos llevar con nosotros cuando contemos con solo un instante para decidir y, dos segundos después, comencemos a enfrentar la realidad de un mundo muy diferente. ¡Un carácter justo es lo único que nos ayudará!  

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