Cómo devolverle al mundo su grandeza

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El mundo fue una vez un paraíso. Pero ese paraíso fue destruido, y la humanidad ha sufrido desde entonces. Afortunadamente, Dios tiene un plan para crear nuevamente un mundo maravilloso ¡y usted puede ser parte del proceso!

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se postuló para la presidencia con la intención de “devolverle a Estados Unidos su grandeza (Make America Great Again), según el eslogan de su campaña. Sin embargo, el hecho de querer devolverle la supremacía a su país le ha acarreado bastantes críticas.

Desde luego, todos los países desean ser grandiosos, y todos los líderes nacionales debieran hacer cuanto esté a su alcance para asegurarse de que sus países alcancen su máximo potencial. ¿Quién no desea que su nación sea exitosa, próspera y grandiosa?

Prosperidad y grandeza

Sin duda, Estados Unidos es la nación militarmente más poderosa y la más próspera que el mundo jamás haya visto. Con razón tantos inmigrantes cruzan sus fronteras, ya sea legal o ilegalmente, para tener la oportunidad de una vida mejor. Como regla general, aquellos que forman parte de las naciones de habla inglesa tienen una mejor calidad de vida que la mayoría de la población mundial. Estados Unidos, Canadá, Gran Bretaña, Australia y Nueva Zelandia han recibido bendiciones en abundancia. Pero estas naciones también están experimentando un gran deterioro moral al eliminar a Dios y los valores bíblicos del ámbito público, lo que no les augura un buen futuro.

Lamentablemente, cuando observamos la humanidad como un todo vemos una devastadora pobreza, hambrunas, violencia, odio, guerras y enfermedades. Así que ampliando nuestro enfoque más allá de Estados Unidos (del cual muchos dirían que ya es grande, relativamente hablando), nos preguntamos: ¿qué se necesita para que el resto del mundo sea grande? ¿Es acaso remotamente posible que el mundo entero pueda ser próspero?

¿Podrían los medios de comunicación social lograr que algo así se haga realidad? Facebook tiene una página llamada “Make Our World Great Again” (Devolvamos a nuestro mundo su grandeza). Su misión es que “nos unamos como una familia grande y feliz, con la esperanza de devolverle a nuestras vidas su significado”. ¡Desde luego, esta pregunta es una broma!, ya que se requerirá mucho más que una simple publicación en los medios de comunicación masivos, una página en Facebook, o una amplia campaña publicitaria para llevar algo así a cabo.

Sin embargo, la solución en realidad es muy clara y absolutamente descomplicada.

Uniéndose a la causa

Desde la atrevida proclamación del presidente Trump que prometió devolverle a Estados Unidos su grandeza, mucha gente se ha unido a la causa y utilizado su frase para mejorar sus propias vidas. De hecho, otras naciones están haciendo lo mismo.

Por ejemplo, un informe de la agencia noticiosa estadounidense  The Associated Press [Prensa asociada] publicado a comienzos de este año, dice: “El primer ministro de Hungría dice que hay una oportunidad para que la Unión Europea adopte reformas que ‘le devolverán a Europa su grandeza’. El primer ministro, Viktor Orban, dijo en una conferencia en Bruselas . . . que la Unión Europea debiera abandonar sus intenciones federalistas, porque solo los Estados miembros más fuertes pueden garantizar ‘el éxito del bloque político’” (“Hungary Leader Orban Says It's Time to Take Trump Seriously” [Orban, líder de Hungría, dice que es hora de tomar en serio a Trump], ene. 26, 2017).

¡Así que el eslogan político de Trump se ha hecho muy popular! Todos desean que su país y continente sean grandiosos. Es interesante el uso de la palabra “devolverle”. Esto presupone que las condiciones de cierta nación o del mundo fueron buenísimas en algún momento del pasado.

¿Podemos regresar a un período de la historia en que el mundo era magnífico? ¿Cuándo fue que todo marchaba bien? ¿Cuándo hubo prosperidad generalizada? ¿Cuándo hubo ausencia de guerras? ¿Cuándo hubo suficiente comida para todos? ¿Cuándo reinó la paz en la Tierra?

Quienes estamos vivos no lo hemos experimentado en nuestras vidas, ni tampoco lo hicieron nuestros padres o abuelos, sin embargo, ¡hubo una época en que el mundo sí fue grandioso! Pero para estudiar el tema tenemos que remontarnos en el tiempo a un periodo muy lejano de la historia humana.

El huerto de Edén: Cuando el mundo era grandioso

¿Cuál fue la intención original de Dios para nuestro planeta? Se nos dice que lo que fue creado “era bueno en gran manera” (Génesis 1:31). Todo era perfecto y funcionaba armónicamente entre sí. Los árboles eran hermosos para la vista y buenos para proveer alimento.

¿Se ha preguntado alguna vez cómo era el huerto de Edén? ¿Se ha imaginado a Adán y Eva viviendo en un ambiente idílico, con un clima perfecto, tanto así que ni siquiera necesitaban ropa para sentirse cómodos? ¿Y qué se puede decir de todos los magníficos animales que moraban en perfecta paz con Adán? Dios incluso le trajo los animales y le pidió que los nombrara. Ninguno lo atacó,  le mordió la cabeza ni le rasguñó el rostro. ¡Era un paraíso!

Edén ha llegado a representar un tipo de paraísoo ambiente idílico para nosotros. ¿No nos gustaría a todos vivir en el paraíso? Adán y Eva fueron colocados en un huerto exuberante, en el cual vivían en paz con la naturaleza y no tenían temor del mal tiempo o los animales salvajes. Este era un ambiente perfecto, en el cual se podía preparar a los seres humanos para su destino final en la familia de Dios.

Pero ¿qué pasó con ese paraíso?

¡Algo sucedió en ese huerto que cambió el curso de la historia humana para siempre! Y ese algo no fue placentero; de hecho, fue terriblemente malo.

Dos árboles en el huerto

Como preludio se nos dice “Y el Eterno Dios hizo nacer de la tierra todo árbol delicioso a la vista, y bueno para comer; también el árbol de vida en medio del huerto, y el árbol de la ciencia del bien y del mal” (Génesis 2:9; énfasis nuestro en todo este artículo).

Entre los árboles del huerto había dos que eran especialmente notables: el árbol de la vida, y el árbol de la ciencia del bien y el mal. Dios les dijo a Adán y a Eva que no comiesen del segundo. Es indispensable que entendamos  la importancia de estos árboles para ver cómo el mundo puede llegar a ser grandioso nuevamente, ¡tal como lo fue el huerto de Edén en su momento!

¿Cómo podemos volver al paraíso? ¡Todo tiene que ver con la historia de aquellos dos árboles!

Tristemente, Adán y Eva decidieron averiguar por su cuenta qué era bueno y qué era malo. Ignorando las instrucciones de Dios tomaron de la fruta del árbol de la ciencia del bien y del mal, lo cual les había sido prohibido (vv. 16-17; 3:1-19).

 “Y dijo el Eterno Dios: He aquí el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal; ahora, pues, que no alargue su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre. Y lo sacó el Eterno del huerto del Edén, para que labrase la tierra de que fue tomado. Echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del huerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía por todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida”(Génesis 3:22-24).

Todo se arruinó súbitamente cuando Adán y Eva desobedecieron a Dios y pecaron; pero los problemas no terminaron con ellos.

Las decisiones tienen consecuencias

Según vemos en estas escrituras y otras posteriores, el camino de la desobediencia a Dios se convirtió en la norma para los hijos y nietos de Adán y Eva, ¡y continuó siéndolo hasta nuestro mundo actual, incluyéndolos a usted y a mí!

La gravedad del pecado de la humanidad hizo necesario el sacrificio de nuestro Señor y Salvador, para que pudiésemos volver a tener la esperanza del propósito original del árbol de la vida en el huerto de Edén: la vida eterna en la familia de Dios.

Desde aquel fatídico momento, a nuestro mundo se le quitó el derecho a poseer el conocimiento pleno de Dios y su plan para nosotros. La humanidad ya no tiene acceso directo al árbol de la vida ni a Dios, y podemos ver los resultados de ello a nuestro alrededor.

El árbol de la vida es presentado en el relato bíblico en los primeros capítulos de Génesis, y lo vemos de nuevo en Apocalipsis, el libro final de las Escrituras. Extraordinariamente, lo que se encuentra  entre estos dos libros, o sea el resto de la Biblia, es la historia de la humanidad que vive según el árbol de la ciencia del bien y el mal — ¡y es increíble cuán bien se demuestra esto!

Nuestro mundo actual

Nosotros obviamente ya no tenemos el huerto de Edén. ¿Cuál es nuestra situación actual?

Lamentablemente, vemos los resultados de que los seres humanos hayan tomado del árbol de la ciencia del bien el mal (decidiendopor ellos mismos lo que es bueno o malo) en vez de optar por el árbol de la vida.

La mayoría de la humanidad vive en la pobreza, está devastada por los conflictos sociales y la guerra, pasa hambre, carece de ropa suficiente y adecuada, y no tiene acceso a agua limpia para beber. Muchos gobiernos  y funcionarios políticos corruptos mantienen a sus ciudadanos viviendo al límite de la pobreza y la miseria. La riqueza y las libertades que disfrutan las principales naciones de habla inglesa y los otros países de Occidente son la excepción, no la regla.

Jesucristo dijo que sería así. De hecho, él afirmó que sin la intervención de Dios finalmente terminaríamos destruyéndonos a nosotros mismos. Note esta profecía que nos dio poco antes de su crucifixión y resurrección:

“Y estando él [Jesús] sentado en el monte de los Olivos, los discípulos se le acercaron aparte, diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo?

“Respondiendo Jesús, les dijo: Mirad que nadie os engañe. Porque vendrán muchos en mi nombre . . . y a muchos engañarán [refiriéndose a las religiones falsas, incluyendo al cristianismo falso]. Y oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin. Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes [epidemias], y hambres, y terremotos en diferentes lugares. Y todo esto será principio de dolores” (Mateo 24:3-8),

¡Jesús nos advirtió que estas cosas son solo el comienzo! Se nos dice que la pestilencia, las guerras, el hambre y la religión falsa aquejarán al mundo hasta que Jesucristo finalmente regrese. Y lo que vemos en nuestro mundo actual es solo el “principio de dolores”. ¡En vez de mejorar, las condiciones empeorarán muchísimo más!

Tal como Jesús vaticinó casi dos mil años atrás, vamos por un terrible camino de destrucción.

Estados fracasados

La tarea primordial y absolutamente esencial de cualquier gobierno es establecer un orden público basado en el estado de derecho, que le permita a la gente vivir en paz y seguridad. Aquellos países que no establecen un orden han sido llamados “Estados fracasados” en los últimos años.

Un Estado fracasado tiene varias características: un gobierno central tan débil o ineficaz, que tiene poco control práctico sobre gran parte de su territorio; incapacidad para proveer servicios públicos; amplia corrupción y criminalidad; refugiados y desplazamiento involuntario de la población; y un marcado deterioro económico.

Los habitantes de estos Estados fracasados representan una porción significativa de la población mundial. Es claro que mientras muchas de las naciones occidentales de nuestro mundo son consideradas “grandes” en comparación con otras, miles de millones de personas definitivamente no viven en buenas condiciones. De hecho, muchas viven en condiciones subhumanas, ¡algo que dista mucho del propósito original del huerto de Edén!

Los cuatro jinetes del Apocalipsis

Cuando observamos más de cerca nuestra presente situaciónmundial, podemos notar un paralelo en el relato de las profecías de Jesús en Mateo 24 y Apocalipsis 6 en cuanto a los tristemente famosos “cuatro jinetes del Apocalipsis”. Los primeros dos representan las religiones falsas y guerras generalizadas. Los otros dos son descritos comenzando en el versículo 5:

“Cuando abrió el tercer sello, oí al tercer ser viviente, que decía: Ven y mira. Y miré, y he aquí un caballo negro; y el que lo montaba tenía una balanza en la mano. Y oí una voz de en medio de los cuatro seres vivientes, que decía: Dos libras de trigo por un denario, y seis libras de cebada por un denario; pero no dañes el aceite ni el vino”. Este caballo representa la hambruna y la escasez, y un exorbitante incremento en el precio de los productos básicos y de lujo.

“Cuando abrió el cuarto sello, oí la voz del cuarto ser viviente, que decía: Ven y mira. Miré, y he aquí un caballo amarillo, y el que lo montaba tenía por nombre Muerte, y el Hades le seguía; y le fue dada potestad sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con espada, con hambre, con mortandad, y con las fieras de la tierra” (Apocalipsis 6:8). Este caballo representa las epidemias (que generalmente aparecen después de las guerras y hambrunas) junto con otros desastres.

Lo que Jesús les dijo a sus discípulos, y lo que vemos profetizado en el libro de Apocalipsis, es que vendrá un tiempo en el cual los dolores aumentarán y los jinetes de la hambruna y las plagas cabalgarán infundiendo incluso más espanto. La guerra y la religión falsa se propagarán por todo el orbe. En este punto, las naciones del mundo no estarán buscando la grandeza ¡sino las cosas básicas para la supervivencia humana!

Este pareciera ser un panorama muy deprimente para la mayor parte de la humanidad actual y todo el mundo en el futuro no tan lejano, por lo que debemos preguntarnos: ¿será el paraíso restablecido alguna vez? ¿Cómo se puede volver a tener un mundo grandioso?

Haga lo que Dios dice para que sea bendecido

Alexis de Tocqueville fue un diplomático, científico político e historiador francés muy conocido por su obra Democracy in America [Democracia en Estados Unidos], publicada en dos volúmenes (1835 y 1840). Él viajó a los Estados Unidos a principios del siglo xivpara investigar las razones del increíble éxito de esta nueva nación, y declaró lo siguiente en su libro:

“Al llegar a Estados Unidos, el aspecto religioso del país fue lo primero que me llamó la atención; y mientras más tiempo pasaba ahí, más percibía las consecuencias políticas que resultaban de este nuevo estado de cosas . . . Solo cuando asistí a las iglesias de Estados Unidos y escuché cómo sus púlpitos ardían de justicia llegué a comprender el secreto de su genio y poder . . . el salvaguardia de la moralidad es la religión, y la moralidad es la mejor seguridad de la ley, como también la promesa más segura de la libertad”.

Así que Tocqueville vio la conexión entre la religión, la seguridad, la moralidad, la libertad y la ley. Su opinión nos lleva a esta simple conclusión: todas las naciones deben seguir el manual de instrucciones del Creador, y entonces se les dará a escoger el árbol de la vida.

En Apocalipsis 2:7 Jesús dice: “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios”.

Vemos aquí que el árbol de la vida es lo que nos lleva de vuelta al paraíso. Sin embargo, note que requiere que venzamos. Pero ¿vencer qué?

Leemos más acerca de esto en el último capítulo de la Biblia. Vaya ahí y mire. Esto tiene que ver con el tiempo del nuevo cielo y la nueva Tierra descritos en el capítulo 21, cuando la ciudad celestial, la Nueva Jerusalén, descenderá a la Tierra con Dios el Padre, quien morará con nosotros.

Apocalipsis 22:2 dice: “En medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones”.

Por tanto, el árbol de la vida es lo que hará que la humanidad se sane y nuestro mundo se convierta nuevamente en un paraíso. Esta conexión con Dios es indispensable, pero hay otro requisito muy importante, y que también tiene que ver con vencer.

Apocalipsis 22:14 nos dice: “Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas en la ciudad”.

Aquí vemos que el acceso al árbol de la vida exige obediencia a los mandamientos de Dios. Exige sacar el pecado de nuestra vida y vencer nuestros propios deseos egoístas. Y el árbol de la vida es lo que nos permite tener una relación con Dios y que su Espíritu se una a nuestro espíritu humano, llevándonos finalmente a la vida eterna como seres espirituales (Romanos 8:11-30; 1 Corintios 15:42-53).

Cómo llegar a ser una gran nación

¿Qué hace que una nación sea grande? Note estas palabras en Deuteronomio 4 que Moisés les dijo a los israelitas en el desierto antes de cruzar el río Jordán para llegar a la Tierra Prometida. Estas palabras nos dicen cómo llegar a ser un gran pueblo, cómo ser una gran nación:

 “Ahora, pues, oh Israel, oye los estatutos y decretos que yo os enseño, para que los ejecutéis, y viváis, y entréis y poseáis la tierra que el Eterno el Dios de vuestros padres os da. No añadiréis a la palabra que yo os mando, ni disminuiréis de ella, para que guardéis los mandamientos del Eterno vuestro Dios que yo os ordeno . . . Mirad, yo os he enseñado estatutos y decretos, como el Eterno mi Dios me mandó, para que hagáis así en medio de la tierra en la cual entráis para tomar posesión de ella.

“Guardadlos, pues, y ponedlos por obra; porque esta es vuestra sabiduría y vuestra inteligencia ante los ojos de los pueblos, los cuales oirán todos estos estatutos, y dirán: Ciertamente pueblo sabio y entendido, nación grande es esta. Porque ¿qué nación grande hay que tenga dioses tan cercanos a ellos como lo está el Eterno nuestro Dios en todo cuanto le pedimos? Y ¿qué nación grande hay que tenga estatutos y juicios justos como es toda esta ley que yo pongo hoy delante de vosotros?” (Deuteronomio 4:1-8).

¿Notó cuantas veces se menciona una “nación grande” en este pasaje?

Seguir a Dios es lo que hace grande a una nación. Seguir sus leyes y sus justos mandamientos es lo que la engrandece. ¡Una nación que tenga a nuestro Dios “tan cercano a [ella]” sería maravillosa! ¡Así es como se le devuelve la grandeza al mundo! ¡Seguir a Dios es lo que le devolverá al mundo su grandeza! Ello ocurrirá cuando Jesucristo regrese a establecer el Reino de Dios en la Tierra para gobernar a las naciones.

El Reino de Dios no será un Estado fracasado, sino el gobierno más exitoso que jamás se haya visto. Será fuerte y eficaz, controlará su territorio, proveerá los mejores servicios públicos, no habrá corrupción gubernamental, los refugiados ya no huirán de sus fronteras, ¡y la economía florecerá!

Sin embargo, se necesita mucho más que el simple conocimiento para alcanzar paz y cooperación duraderas. Se necesita un cambio espiritual en la gente, un cambio tal que inspire a naciones completas a querer emularlo. Es un cambio de espíritu, un cambio de corazón. Es estar cerca de Dios. Es tener acceso al árbol de la vida y no decidir por uno mismo lo que es bueno o malo.

Una advertencia para usted y para mí

Pero ahora note el siguiente versículo en Deuteronomio 4, porque es una advertencia para usted y para mí: “Por tanto, guárdate, y guarda tu alma con diligencia, para que no te olvides de las cosas que tus ojos han visto, ni se aparten de tu corazón todos los días de tu vida . . .” (Deuteronomio 4:9). Debemos prestar atención y no olvidar nunca lo que hemos visto y se nos ha entregado. No se aparte de la verdad de Dios durante todos los días de su vida.

A quienes son verdaderamente llamados por Dios el Padre, se convierten y se llenan de su Espíritu, se les dan las herramientas necesarias para ser grandes en la familia de Dios. Hemos recibido la promesa de la vida eterna y, espiritualmente hablando, ya somos ricos sin importar nuestras circunstancias económicas, sociales o de salud. Espiritualmente no vivimos en la pobreza, la confusión, la tristeza o los conflictos. Y un día esto se les ofrecerá a todos aquellos que hayan vivido.

Parece ser que todas las naciones, pueblos y personas quieren ser grandes. Busque en Internet información sobre casi cualquier país y comprobará que el deseo de cada pueblo es alcanzar la grandeza; pero esto no ocurrirá simplemente con desearlo: solamente vendrá por medio de Dios, y solo al ser guiados a la obediencia de sus mandamientos y leyes. Así dirá él entonces, como leímos en Deuteronomio 4:6: “Ciertamente pueblo sabio y entendido, nación grande es esta”.

De vuelta al árbol de la vida

El mundo fue una vez creado con toda perfección, y en medio del huerto de Edén se encontraba el árbol de la vida. Pero debido a los pecados de Adán y Eva y de todos los seres humanos desde ese entonces, a nuestro mundo actual se la ha negado el acceso a ese árbol, y los seres humanos han decidido determinar por sí mismos qué es bueno y qué es malo y continuar tomando del árbol de la ciencia del bien y el mal.

Pero muy pronto Jesucristo regresará para darle acceso al árbol de la vida nuevamente a toda la humanidad, y así se les permitirá a las naciones y pueblos alcanzar la grandeza. Pero esto exige cambiar el gobierno mundial, vencer el pecado y obedecer la ley de Dios.

Sí, hay un plan definitivo para que los ideales del Edén sean restablecidos y devolverle la grandeza al mundo. Lamentablemente,  el hombre emprendió una trágica travesía hace 6000 años, desde que Adán y Eva pecaron por primera vez, y todos hemos seguido ese ejemplo. ¡La culpa es nuestra! Pero Dios desea rescatarnos.

Nuestro sueño de un mundo utópico y casi imposiblemente ideal se hará realidad esta vez, y pronto. El paraíso divino será restaurado, y así es como se le devolverá la grandeza al mundo. ¡Todo tendrá que ver con la intervención de Dios, quien nos ayudará a rechazar la elección que hizo el hombre entre los dos árboles del huerto de Edén y a escoger correctamente esta vez!  BN

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