¿Cometerá Estados Unidos suicidio nacional?

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El renombrado filósofo alemán Friedrich Hegel dijo que uno de los hechos más sorprendentes de la historia es que la humanidad no aprende nada de ella. Lamentablemente, su observación es absolutamente cierta.

En los casi 20 años que he trabajado como editor de esta revista, he estudiado bastante sobre historia. He caminado entre las ruinas de capitales y palacios de reinos e imperios que hace mucho colapsaron, y me he preguntado qué cosas habrán presenciado esas murallas. Como bien lo expresó uno de los más grandes reyes de uno de esos imperios extinguidos, “Hay camino que al hombre le parece derecho; Pero su fin es camino de muerte”. Este rey fue Salomón, y sus palabras fueron preservadas para nosotros en la Biblia (Proverbios 14:12; 16:25, énfasis nuestro en todo este artículo).

Salomón era famoso por su sabiduría. El libro de Proverbios sigue siendo hasta nuestros días un valiosísimo compendio de consejos sensatos sobre cómo evitar los numerosos peligros que presenta la vida, tanto a nivel nacional
como personal.

Hay camino que al hombre le parece derecho; Pero su fin es camino de muerte”. Esta es una de esas verdades eternas que nunca hemos aprendido, y prueba de ello es el deterioro y caída de tantos imperios y reinos. En la actualidad, los Estados Unidos y otras naciones caminan a tropezones por el mismo sendero pedregoso y desgastado que otros han recorrido
anteriormente.

¿Dónde puede uno siquiera empezar a buscar soluciones para los masivos y aparentemente insolubles problemas nacionales? A pesar de contar con el ejército más poderoso del mundo, Estados Unidos no ha ganado ninguna guerra en décadas. Apenas una generación atrás, este país era el principal prestamista del mundo; ahora es el principal deudor. Ni siquiera puede proteger sus propias fronteras contra la arremetida de inmigrantes ilegales, mafiosos y traficantes de drogas, mientras algunos de sus ciudadanos son cruelmente decapitados por yihadistas que juran llegar hasta sus costas con sus tácticas de terror.

La justicia enaltece a una nación, pero el pecado deshonra a todos los pueblos”, escribió Salomón en Proverbios 14:34 (Nueva Versión Internacional). Como explicamos en esta edición, la corrupción moral de Estados Unidos es una desgracia no solo para su gente, sino también para el mundo entero.

Hace muchos años, otro hombre famoso por su sabiduría –Abraham Lincoln, que más tarde llegaría a ser el decimosexto presidente de los Estados Unidos– pronunció ciertas palabras que ahora, cuando contemplamos el lamentable estado actual de la nación, parecen aterradoramente proféticas:

“¿Hasta qué punto podemos tolerar el acercamiento del peligro? Yo respondo que si alguna vez nos afecta, [el peligro] debe provenir de nosotros mismos . . . Si nos toca en suerte sufrir destrucción, nosotros debemos ser sus autores y consumadores. Como nación de hombres libres, debemos enfrentarnos a lo que sea,o morir por suicidio”.

¿Puede una nación verdaderamente cometer suicidio? Ciertamente, Lincoln así lo pensaba; más aún, estaba convencido de ello. Más tarde, en medio de la guerra civil que estaba destrozando a su país, él escribió: “Hemos crecido en número, riqueza y poder como ninguna otra nación jamás lo ha hecho. Pero nos hemos olvidado de Dios . . . Hemos llegado a ser . . . demasiado orgullosos como para orarle al Dios que nos creó”.

Él le dijo a la nación lo quenecesitabaescuchar en vez de lo quequeríaescuchar. Lincoln sentía una enorme responsabilidad hacia el país que tanto amaba, y lo mismo sentimos quienes publicamos Las Buenas Noticias.Nos duele profundamente ver el rumbo que está tomando una nación que le ha vuelto la espalda a Dios, y las plagas que estamos acarreándonos como resultado. Únase en oración a nosotros para clamarle a Dios ¡Venga tu Reino!,y acerquémonos a él para pedirle perdón por nuestros pecados y que nos libre de cometer suicido nacional.

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