Añorando aquellos buenos tiempos

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Añorando aquellos buenos tiempos

A veces uno escucha a la gente hablar acerca de “los buenos tiempos” —una época en que la vida era más simple, más fácil, sin los problemas y la confusión del mundo actual. ¿Añora usted a veces “los buenos tiempos de antaño”?

Cuáles fueron esos “buenos tiempos” depende de nuestro marco de referencia. Para algunos, los buenos tiempos fueron los años treinta, cuando la vida era simple y el país giraba en torno a la iglesia y los valores familiares.

Otros podrían decir que fue la década de los años cincuenta, cuando todos parecían disfrutar de un creciente estándar de vida. Y otros podrían incluso pensar en la década de los ochenta como una época de prosperidad y rejuvenecimiento del orgullo nacional.

¿O tal vez los buenos tiempos fueron en 1952? Las estampillas costaban solo 3 centavos, las radios a transistores de bolsillo hicieron su aparición en las tiendas, y Cantando bajo la lluvia fue una de las películas más populares en ese entonces. Por supuesto, para los miles de personas que en esos momentos sufrían y morían en la Guerra de Corea, esos días no fueron tan buenos.

Quizás usted recuerde con agrado el año 1964. Los Beatles hacían furor, y John Wayne era un actor de cine muy popular. La ciencia prometía un futuro con mucho tiempo libre, con gran cantidad de comidas pre-elaboradas, y sin enfermedades. Pero quienes vivían en Estados Unidos, quizás se acuerden también del temor que sintieron en su niñez cuando sus compañeros de colegio practicaban cómo protegerse debajo de las mesas en caso de una guerra termonuclear entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Y puede que algunos de ellos se acuerden también de cómo tenían que sentarse en la parte de atrás del bus debido al color de su piel.

O quizás los buenos tiempos fueron en el año 1996. Ese año fue cuando se empezaron a vender computadores personales para unirse a unos 45 millones de personas que navegaban la red. Pero desde ese tiempo, ¿han sido erradicadas la pobreza y la guerra?

Cuando yo era adolescente, solíamos ver el programa televisivo The Waltons (La familia Walton). La historia giraba en torno a una numerosa familia que vivió en los años treinta y cuarenta. Para mí, sus vidas parecían ser maravillosas: la escuela era muy divertida, la comunidad trabajaba en equipo y todos los problemas se resolvían rápidamente.

Pero la realidad es que el tiempo representado en este programa fue muy distinto. Los años treinta presenciaron la Gran Depresión. A pesar de que en esta serie se tocó el tema de la pobreza y la cesantía, la realidad para millones de personas fue mucho más dura.

Recuerdo a mi padre contándonos acerca de cómo, durante la Gran Depresión, él, junto con su madre y hermanos, fueron lanzados a la calle porque no podían pagar el arriendo. Poco después vino la Segunda Guerra Mundial—un tiempo horrendo, durante el cual fallecieron unos 60 millones de seres humanos. Para cientos de millones de personas, esos “buenos tiempos” no fueron muy buenos.

Cuando perdemos el propósito y la esperanza en el presente y el futuro parece incierto o gris, tendemos a mirar hacia el pasado para reconfortarnos por la pérdida de lo bueno. Queremos creer en un tiempo menos complicado, cuando las personas realmente se amaban unas a otras, y la naturaleza humana era básicamente buena.

La verdad es que la naturaleza humana, y la condición humana, han sido siempre una combinación de bondad y maldad. Los buenos tiempos nunca fueron tan buenos como nos parecen ahora.

¿Añora usted los buenos tiempos cuando debe hacer frente a las incertidumbres económicas, los problemas familiares, el caos político, la pérdida de propósito espiritual y el deterioro de la moral que aqueja a la sociedad? A continuación presentamos tres pasos que usted puede tomar para permitir que Dios le ayude a darle significado al presente y alcanzar el futuro que él le ofrece más allá del momento actual.

Paso 1: Busque el futuro de Dios para su vida

  El problema de tener un punto de vista distorsionado y color de rosa en cuanto al pasado es que impide que uno se esfuerce por ese futuro que Dios desea para nosotros.

Cuando yo era niño, una vez fui de excursión con unos amigos. Estábamos caminando por un barranco que era usado en las noches por borrachos hasta que se les disipara su intoxicación. De repente, uno de los chicos se arrodilló bruscamente y gritó, “¡Dinero!” Luego encontró otra moneda, y después otra. Dentro de poco nos vimos los tres en el suelo buscando y desenterrando monedas que se habían caído de los bolsillos de los borrachos. En poco rato habíamos llenado nuestros bolsillos con docenas de monedas de 25, 10 y 5 centavos en una fascinante “búsqueda del tesoro”.

Después de ese incidente, procuré por un buen tiempo caminar con mi cabeza inclinada, mirando al suelo en busca de monedas. Pero luego tuve que reaprender cómo caminar sin mirar al suelo. Porque al mirar para abajo, puede que encuentre una moneda de 10 o 25 centavos de vez en cuando –¡pero imagínese todas las puestas de sol que me perdería, toda la gente que nunca conocería, y todos los accidentes que sufriría por chocar con cosas!

Esa es la triste realidad de vivir en el pasado, esperando recapturar de alguna manera los buenos tiempos que ya se fueron. Para lidiar con la nostalgia, usted debe aceptar que Dios tiene una meta futura para su vida, y que ese futuro depende de sus decisiones actuales.

Jesucristo enseñó acerca de su futuro regreso para recompensar a sus seguidores valiéndose de una parábola acerca de ovejas y cabras (los verdaderos seguidores que aman a Dios y a su prójimo son representados por las ovejas, mientras que aquellos que solo afirman amar a Dios y a su prójimo son representados por las cabras). La promesa de la parábola para sus verdaderos seguidores es esta: “Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo” (Mateo 25:34).

¡El futuro ya está planeado! La pregunta que Dios hace es esta: ¡Cuánto desea usted el futuro que Él ofrece?

Dios quiere limpiar el desastre que hay en su vida. El Creador de la vida quiere enseñarle cómo funciona ésta. Él tiene un propósito para usted, pero usted debe admitir primero que su manera de hacer las cosas no funciona. Usted debe pedirle a Dios que le muestre las fallas en sus acciones y pensamientos, y que le revele la forma correcta de vivir, como es demostrada en la Biblia. ¡Solo entonces podrá usted recibir el futuro que él quiere entregarle!

Paso 2: Busque el propósito de Dios en su vida ahora

Dios tiene un maravilloso futuro planeado para todos aquellos que lo buscan. Esto nos lleva al siguiente paso de este camino hacia la vida eterna: usted debe buscar el prop?ito de Dios en su vida ahora.

El apóstol Pablo viajó a Atenas y se enfrentó a un grupo de algunos de los filósofos más educados de ese tiempo. Él fue desafiado a explicarles a estos pensadores greco-romanos —que estaban empapados de idolatría politeísta— un concepto acerca de Dios y su propósito para los seres humanos que era completamente nuevo para ellos.

Esto es lo que Pablo les dijo: “El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas, ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas.

“Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los límites de su habitación; para que busquen a Dios, si en alguna manera, palpando, puedan hallarle, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros. Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos; como algunos de vuestros propios poetas también han dicho: Porque linaje suyo somos.

“Siendo, pues, linaje de Dios, no debemos pensar que la Divinidad sea semejante a oro, o plata, o piedra, escultura de arte y de imaginación de hombres.

“Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos” (Hechos 17:24-31).

Dios creó a los seres humanos porque quiere hijos para que estén con él en su familia por toda la eternidad. Cuando usted se vuelve hacia Dios, y se somete al propósito que él tiene para su vida, puede tener una relación de Padre-hijo con él ahora mismo. El apóstol Pablo escribió: “Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es” (1 Juan 3:2).

Si usted desea este futuro, la promesa de ser como Dios y verlo como él es, entonces usted debe dedicar su vida a actuar y pensar como un hijo de Dios. En el siguiente versículo, Juan escribió: “Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro” (v. 3).

Jesucristo, como su hermano mayor, debe convertirse en el modelo de su conducta. Usted debe pasar tiempo en oración, pidiéndole a Dios que guíe su vida a fin de prepararlo para el futuro que él ofrece, y estar dispuesto a obedecer sus instrucciones.

Paso 3: No permita que las dificultades lo desvíen del futuro que Dios está planeando para usted

¿Está usted permitiendo que los problemas de hoy le roben la tranquilidad mental y la esperanza para el futuro?

No son solamente los grandes problemas de la vida —tales como enfermedades, pérdida del trabajo, muerte de un ser querido— los que nos impiden vivir ansiando el futuro de Dios, sino que la lucha diaria con las pequeñas aflicciones también nos puede desgastar y desviar de su propósito.

Una vez leí acerca de un árbol en Colorado, Estados Unidos, el cual los científicos estaban investigando porque, según los cálculos, había sobrevivido unos 400 años. Había sido alcanzado por rayos en varias ocasiones, y sobrevivido sequías, avalanchas y tormentas. Finalmente sucumbió —pero no por alguna de estas graves amenazas, sino que por una plaga de pequeñísimos insectos que destruyeron el árbol desde su interior.

Nosotros podemos permitir que una plaga de inconvenientes y problemas diarios drenen nuestra fuerza emocional y espiritual —o podemos comenzar a ver las dificultades de la vida como oportunidades de aprender lecciones por parte de Dios, para que así se pueda llegar a cumplir su propósito en nuestras vidas. Cuando Dios está a cargo de su vida, usted puede comenzar a considerar los problemas como oportunidades para confiar en que él llevará a cabo lo que es correcto y mejor para usted, como hijo de Dios que es (Romanos 8:28).

¿Cuándo fueron los buenos tiempos de antaño?

Imagínese una fuerte tormenta fuera de su casa. Hay un fuerte viento, las ramas de los árboles crujen, y una fría lluvia golpea su techo. Usted y su familia duermen cálida y cómodamente, a salvo de las inclemencias del clima. En el futuro, usted podría recordar este evento del pasado como “los buenos tiempos”.

Ahora imagine a un grupo de pescadores en un lago durante esa misma tormenta. Están empapados y congelados. El mástil se ha roto. El bote está llenándose de agua con el embate de cada ola. Ellos se miran unos a otros y sin decir palabra comparten el terror de que todos van a morir.

Uno de los hombres grita que hay alguien caminando hacia ellos —¡alguien caminando en el agua! Pedro percibe que es Jesucristo, y salta del bote, y por unos momentos él también camina en el agua. Después de que Jesucristo rescata a Pedro, que se estaba hundiendo, se suben al bote y con unas pocas palabras el Hijo de Dios calma la tormenta (Mateo 14:24-33).

Años más tarde, ninguno de los que había dormido profundamente en la seguridad y calidez de su hogar se acuerda de esa noche, pero para los pescadores en aquel bote, hay muchas ocasiones en las que otros les piden que cuenten el relato de cuando estuvieron en una terrible tormenta y Jesús los salvó. Los padres repiten esta historia a sus hijos. Todos están de acuerdo en que desearían haber estado allí y que esos sí fueron “buenos tiempos”.

Sin importar lo que nadie más estaba haciendo esa noche, el mejor lugar donde se podía haber estado era en un bote a punto de hundirse en medio de una tormenta. Puede que usted haya estado tiritando de frío y terror, pero vio a Jesucristo caminando en el agua y calmar la tormenta a través del poder de Dios.

Así sucede con frecuencia en la vida. Muchas veces, en nuestros peores momentos de desesperanza y temor, es cuando Dios se vuelve más real para nosotros. A veces los buenos tiempos están en las tormentas que Dios calma.

 Si usted está permitiendo que Dios cumpla su propósito en su vida hoy mismo, no hay un mejor tiempo para vivir que ahora —incluso con sus dificultades y problemas— porque Dios lo está preparando para su futuro.

Dios quiere limpiar su vida. Él quiere que usted acuda a él como la fuente de su vida y como su Padre. Él quiere que usted sea su hijo para siempre en su reino. Éste es el futuro para usted. La pregunta que se le hace es: ¿desea el futuro que Dios tiene para usted, viviendo su propósito en su vida hoy mismo?

BN