“No te dejaré”

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Los cristianos son hijos de Dios, a los cuales él ha escogido amorosamente. Al igual que cualquier padre cariñoso, Dios no nos abandona cuando cometemos errores o no logramos vivir según sus normas, siempre y cuando nos arrepintamos y tratemos de agradarle.


Fuente: Thinkstock

“No te dejaré”, le dijo la nueva madre adoptiva a Taylor, su hijo recientemente adoptado. 

En un emotivo reportaje, el noticiero CBS Newsinformó que la asistente social Connie Going, de St. Petersburgo, Florida (EE. UU.), se había encargado de encontrarles padres adoptivos a más de 1.000 niños en riesgo social de la bahía de Tampa antes de que Taylor llegara a su vida.

Taylor y sus hermanos habían ingresado al sistema de hogares de acogida en 2003 debido al abandono en que los tenían sus padres drogadictos. Con el tiempo todos fueron adoptados, pero Taylor fue enviado de regreso debido a que le era difícil controlar su ira (Steve Hartman, “Social Worker Finds Perfect Home for Troubled Foster Child” [Asistente social encuentra el hogar perfecto para niño en serios problemas], 27 de diciembre de 2013).

Después de ser enviado de regreso por segunda vez, Taylor, de diez años, le rompió el corazón a Connie. “No podía pensar en nada más que él, en cómo se sentía y cómo se culpaba a sí mismo una vez más”, dijo ella.

Al día siguiente de que lo trajeran de regreso, ella hizo los arreglos necesarios para que dejara de ser su cliente y convertirlo en su hijo. Connie había buscado en todas partes a alguien que lo aceptara como hijo. “Y ese alguien era yo”, dijo ella.

Fue en ese momento que Connie decidió convertirse en su mamá en vez de su visitadora social. Él todavía tiene problemas con su ira, pero esto ha mejorado mucho a partir de cierto incidente decisivo: en un momento de enojo él la amenazó con marcharse, y mientras se alejaba, Connie le dijo: “Yo no te dejaré”.

Taylor se quitó la mochila y entró a la casa. Se dio cuenta de que había encontrado a alguien que lo amaría en tiempos buenos y malos y que no lo enviaría de vuelta a otro hogar temporal. “Y me dije: ‘sí, aquí es donde pertenezco’, dijo Taylor. ‘Ella conoce mi peor lado y aun así se preocupa de mí y me quiere’”.

La historia de Taylor contrasta profundamente con otra historia que leí en las noticias locales de Cincinnati, Ohio, un mes antes. Los padres adoptivos de un niño de nueve años cometieron un crimen al intentar devolverlo al servicio de protección a menores ¡después de haberlo criado desde que era un recién nacido! Dijeron que estaba demostrando un comportamiento agresivo y que había amenazado a la familia con un cuchillo, pero en vez de buscarle y proveerle la ayuda que necesitaba, decidieron enviarlo de vuelta. Aunque no sé exactamente lo que pasó, me sentí muy acongojada por este niño. ¡Esta familia era todo lo que él conocía desde su infancia, y ahora lo estaban devolviendo!

Ambas situaciones me hicieron llorar, pues comprendo las emociones que uno llega a sentir cuando es rechazado. Habiendo crecido en ocho hogares de acogida y dos hogares para niños, siempre sentí que la culpa era mía, y que no era lo suficientemente simpática como para que una familia quisiese quedarse conmigo. Al igual que pasó con Taylor, si las cosas se volvían muy difíciles, la familia de acogida me enviaba de vuelta, ya que yo no les pertenecía. Obviamente, me sentía muy insegura.

Las dos historias y mi propia experiencia me hicieron meditar sobre nuestra relación con Dios. ¡Él nos ha escogido y continuará comprometido con nosotros!

Dios desea ser su Padre

Cualquiera sea la razón, nosotros también podemos tener inseguridades en cuanto a nuestra relación con Dios y nuestra vida cristiana.

¿Cuántas veces cometemos errores, pecamos, y pensamos que Dios nunca nos perdonará? Creemos que si nos equivocamos una vez más, Dios no va a querer nada más con nosotros. Así es como Taylor se sintió con las familias que lo habían acogido, y con mucha razón, hasta que llegó Connie.

Puedo decir por experiencia propia que Dios siempre ha sido mi factor estabilizador. Cuando todo el resto de la gente ya no quería nada más conmigo, Dios siempre estaba ahí. Me tomó tiempo aprender que Dios nunca me abandonaría.

A pesar de sus tropiezos con el pecado en tantas ocasiones, ¡Dios nunca perderá la fe en usted, siempre y cuando esté dispuesto a arrepentirse! ¡Nunca! ¡Él está dedicado a usted! Él cumplirá las promesas que le ha hecho. “Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré” (Hebreos 13:5).

Recuerde dos cosas: primero, si usted duda de su valor propio o siente que está lejos de alcanzar la meta, nunca olvide que está hecho según la imagen de Dios; y segundo, que él lo ama tanto, que soportó el castigo para que usted viviera: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16).

Por lo tanto, si Dios lo ama tanto como para dar a su Hijo para que sufriese y muriera en lugar suyo, ¿por qué le daría la espalda en sus peores momentos? Dios no nos creó para abandonarnos sin más ni más. ¡Él nos ofrece el perdón y la vida!

Su Padre estará a su lado durante las pruebas

Taylor tuvo la bendición de encontrar una madre adoptiva que lo amará sin importar lo que pase. Nosotros también hemos sido bendecidos con un Padre perfecto que nos ama sin importar lo que pase, siempre y cuando continuemos tratando de seguirlo y complacerlo.

Tal como Taylor, quien escuchó las palabras “No te dejaré” de su nueva madre, Dios nunca nos dejará en este oscuro mundo para que nos las arreglemos solos. ¡No hay nada que pueda separarnos de nuestro Padre celestial! Mientras tengamos un corazón arrepentido, Dios nos levantará y nos cuidará en nuestros momentos de debilidad y necesidad.

Hay veces en que nos sentimos muy apartados de Dios, y que no merecemos su amor. Connie Going dijo acerca de los niños: “Cuando sienten que no son dignos de ser amados y se enfrentan a alguien que los ama, se aterran”.

Taylor no podía imaginarse que alguien podría quererlo a pesar de sus defectos. Puede que nos sintamos así con Dios cuando estamos pasando por una prueba o nos hemos equivocado. Podemos sentir temor y que no merecemos ser amados. Quizás haya ocasiones en las que usted se pregunta cómo alguien puede amarlo después de lo que ha hecho.

Dios cumple sus promesas, y una de ellas se encuentra en Romanos 8:38-39: “Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación, podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor” (Nueva Versión Internacional).

Y cuando usted esté en su punto más bajo y sienta que quizá Dios lo ha abandonado porque su pecado es demasiado grande para ser perdonado, recuerde otra promesa que se encuentra en Salmos 55:22: “Echa sobre el Eterno tu carga, y él te sustentará; no dejará para siempre caído al justo”. A través del arrepentimiento, pidiéndole que nos perdone y esforzándonos para no repetir ese pecado, Dios nos levanta y nos sostiene a través de las pruebas.

Dios nos anima en 2 Timoteo 1:7: “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio”.

Construya hoy una relación con su padre

Entonces, si se cae, si se equivoca, o si siente que no merece ser amado, levántese y sepa que Dios está ahí para consolarlo, amarlo y animarlo para seguir adelante. Usted le pertenece. Él sabe todo acerca de usted, lo entiende y está dedicado a usted. Él sabe lo bueno, lo malo y lo horrible, y aun así lo ama.

Al adoptar a Taylor, Connie lo eligió como hijo. De la misma manera, ¡Diosnos elige a nosotros! Pablo les expresó esta idea a los cristianos de ese tiempo: “Dios decidió adoptarnos como hijos suyosa través de Jesucristo. Eso era lo que él tenía planeado y le dio gusto hacerlo. Dios nos eligiópara que así se le honre por su grandioso amor, que nos dio gratuitamente por medio de su Hijo amado” (Efesios 1:5-6, Palabra de Dios para Todos,énfasis nuestro en todo el versículo).

De hecho, Dios desea que usted sea parte de su familia para siempre.

Por lo tanto, siéntase alentado de que Dios no lo va a devolver cuando usted cometa un error, ¡porque usted es su hijo! No su hijo de acogida. ¡Usted es su propio hijo que él ha escogido y con quien quiere pasar toda la eternidad!  

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