Profecías acerca de Jesús: ¿Comprueban que él fue el Mesías?

Versión para impresora


Con el nacimiento, la vida, la muerte y la resurrección de Jesucristo se cumplieron cientos de profecías. Cada una de ellas se llevó a cabo con extraordinaria precisión. Estas profecías cumplidas comprueban que la Biblia es verdadera y que el plan de Dios para nuestro futuro es algo seguro.


Fuente: Lisa Thornberg/iStock/Thinkstock

Hace poco más de 2 000 años, en la pequeña ciudad de Belén (ubicada en Judea, provincia del Imperio romano), una joven mujer dio a luz un varoncito. Aunque en ese entonces no se sabía, este niño estaba destinado a cambiar por completo la historia de la humanidad. Sus padres, José y María, nombraron al recién nacido “Jesús”, de acuerdo a la voluntad de Dios.

Es imposible describir adecuadamente lo que significaría para el mundo la venida de Jesús. Nosotros escasamente podemos comprender todas las obras que él hizo. Uno de los relatos bíblicos acerca de su vida y obra afirma: “Y hay también otras muchas cosas que hizo Jesús, las cuales si se escribieran una por una, pienso que ni aun en el mundo cabrían los libros que se habrían de escribir” (Juan 21:25).

Muchos han intentado describir a Jesús y sus obras. De acuerdo a un renombrado historiador, solo en el idioma inglés se han publicado más de 100 000 libros acerca de su vida. La venida de Jesucristo, sus enseñanzas, su muerte y resurrección revolucionaron la historia y dieron origen a la religión con mayor número de adeptos en el mundo.

¿Fue Jesús simplemente otro falso maestro que impulsó a sus crédulos seguidores
—que lo consideraban el Mesías— a establecer una religión en su nombre, una religión que por pura casualidad se ha preservado en el tiempo y que hoy en día cuenta con más de 2 mil millones de adherentes? ¿O acaso es cierto lo que la Biblia enseña acerca de él — que él era el Mesías o Cristo, el Hijo de Dios, y que su vida y obra fueron profetizadas mucho antes de su nacimiento?

¿Fue Jesús verdaderamente único?
En aquella época aparecieron también otros hombres afirmando que eran algún tipo de mesías que libraría al pueblo del yugo romano. “La cruda realidad es que entre los años 67 y 37 a.C. en Palestina perecieron no menos de 100 000 hombres en rebeliones fracasadas” (William Barclay,The Mind of Jesus[La mente de Jesús], 1963, p. 45).

Todos estos disturbios sociales no sirvieron de nada, mientras que la obra de Jesús sobrevivió y prosperó con el tiempo. Este es solo uno de los maravillosos aspectos de Jesús de Nazaret. Su extraordinaria personalidad, jamás igualada por ninguna otra persona en toda la historia del hombre, se destacó también mediante otros hechos.

Uno de ellos tiene que ver con las muchas profecías acerca de él. La naturaleza de su nacimiento y muchos aspectos de su vida y obra fueron predichos en el Antiguo Testamento, y este artículo se enfoca en esa faceta de su vida.

Cierta fuente calcula que en el Antiguo Testamento se encuentran “trescientas treinta y dos distintas predicciones que fueron literalmente cumplidas con Cristo” (Floyd Hamilton, The Basis of Christian Faith [Los fundamentos de la fe cristiana], pp. 156-157). La probabilidad de que algo así ocurra por simple casualidad es un gran reto a nuestra capacidad para medir estadísticas.

La Biblia que tenemos hoy en día terminó de escribirse hace casi dos mil años. Está compuesta de lo que comúnmente se conoce como el Nuevo Testamento y el Antiguo Testamento, los cuales consideramos partes de un solo libro. Sin embargo, algunos no se dan cuenta de que el Antiguo Testamento fue concluido unos 400 años antes de la venida de Jesucristo.

Las profecías acerca de él estaban ahí, esperando que alguien las cumpliera y validara la Biblia como la Palabra de Dios. Las profecías alusivas a Jesús habían sido escritas con muchísima antelación. Si un hombre hubiese salido del vientre de su madre y hubiese cumplido solo unas cuantas de las profecías de Dios, hubiéramos atribuido tal cosa a una simple coincidencia; ¡pero el haber cumplido más de 300 profecías elimina cualquier posibilidad de coincidencia!

“El islam no puede citar ninguna profecía acerca de la venida de Mahoma registrada cientos de años antes de su nacimiento. Los fundadores de cualquier otro culto tampoco pueden identificar ningún texto que vaticine específicamente su propia aparición” (Wilbur Smith, The Incomparable Book[El libro incomparable], 1961, p. 10). ¡La Biblia es única en este sentido! Veamos unos cuantos ejemplos específicos de profecías cumplidas.

Profecía 1: Jesús nacería en Belén
“Pero de ti, Belén Efrata, pequeña entre los clanes de Judá, saldrá el que gobernará a Israel; sus orígenes se remontan hasta la antigüedad, hasta tiempos inmemoriales” (Miqueas 5:2, Nueva Versión Internacional).

Cualquiera que conozca aunque sea someramente los detalles del nacimiento de Cristo sabe que sus padres no vivían en Belén sino en Nazaret, a varios días de camino hacia el norte. Cuando Jesús estaba por nacer, se requería algo que obligara a José y María a viajar desde su hogar hasta la aldea de Belén.

Ese algo fue el censo romano. El emperador Augusto emitió un decreto que exigía que todos los habitantes del imperio se empadronaran. La gente debía registrarse en sus lugares de nacimiento, por lo que José llevó a María, su prometida, a Belén, y mientras estaban allí, nació Jesús (Lucas 2:1-7).

¿Habrá sido posible que Augusto fuera motivado por Dios para declarar que todos los habitantes de su reino debían ser censados en ese preciso momento? La respuesta es ¡sí! Esta sería la primera de muchas instancias en que ha habido intervención divina para llevar a cabo la profecía.

Profecía 2: Un heraldo proclamaría la llegada de Jesús
Más de cuatro siglos antes del nacimiento de Jesús, Dios levantó un profeta, quien predijo que el ministerio de Jesús sería precedido de otro profeta que anunciaría su llegada: “Yo estoy por enviar a mi mensajero para que prepare el camino delante de mí” (Malaquías 3:1).

Este heraldo fue Juan el Bautista, y la historia de cómo proclamó el ministerio de Jesucristo es la siguiente: “Vino palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. Y él fue por toda la región contigua al Jordán, predicando el bautismo del arrepentimiento para perdón de pecados, como está escrito en el libro de las palabras del profeta Isaías, que dice: Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor; Enderezad sus sendas” (Lucas 3:2-4).

Mientras más sumamos las predicciones acerca de la venida del Señor, más disminuyen las posibilidades de que estos fenómenos hayan sucedido por accidente. A través de la historia de la humanidad han nacido muchas personas en Belén; de hecho, están naciendo bebés ahí en este mismo instante, pero ¿cuántos han nacido en Belén y además han tenido un heraldo que proclamara por adelantado que venían a predicar la Palabra de Dios?

El nacimiento de Jesucristo fue profetizado en el Antiguo Testamento, y más tarde su venida fue anunciada anticipadamente por Juan el Bautista. Ambas profecías fueron cumplidas.

Profecía 3: Jesús entraría a Jerusalén montado en un asno
El profeta Zacarías registró una profecía referente a un acontecimiento que tendría lugar durante la última semana de la vida de Jesús: “Alégrate mucho, hija de Sion; da voces de júbilo, hija de Jerusalén; he aquí tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna” (Zacarías 9:9).

Durante la última semana de su vida terrenal, Jesús entró a Jerusalén montado en un asno y se proclamó a sí mismo como el Mesías de Dios (Mateo 21:7-11). ¿Cuántos hombres en la historia de la humanidad han entrado a Jerusalén como gobernantes cabalgando sobre un asno? Esta profecía por sí sola es algo que no tiene precedente histórico.

Como dijimos, mientras más profecías se cumplen, más escasa es la posibilidad de que estos eventos sucedan por simple accidente. ¿Cuántos hombres han entrado a Jerusalén montados en un asno además de haber nacido en Belén, y han contado con un precursor que anunciara su venida con anticipación?

Profecía 4: Jesús sería como un pastor herido
“Levántate, oh espada, contra el pastor, y contra el hombre compañero mío, dice el Eterno de los ejércitos. Hiere al pastor, y serán dispersadas las ovejas” (Zacarías 13:7).

Esta profecía fue cumplida la noche en que Jesús fue arrestado y los discípulos lo abandonaron y huyeron (Mateo 26:31, 56). Más tarde, los soldados romanos golpearon repetidas veces a Jesús, quien había declarado ser el buen Pastor (Juan 10:14). Lo golpearon con las palmas de sus manos (Mateo 26:67) y al día siguiente fue asesinado — el Pastor efectivamente fue herido, y sus seguidores más cercanos se dispersaron.

Cada declaración que hicieron los profetas del Antiguo Testamento acerca de Jesús fue cumplida y registrada en el Nuevo Testamento. Esto confirma que estos eventos estaban siendo completamente dirigidos por Dios, y que la Biblia es infalible. Es prácticamente imposible explicarlos a menos que haya habido una mano divina guiándolos.

Profecía 5: Jesús sería traicionado por 30 piezas de plata
“Entonces el Señor me dijo: Entrégaselas al fundidor. Así que tomé las treinta monedas de plata y se las di al fundidor del templo del Señor” (Zacarías 11:13, NVI).

Esta profecía fue cumplida cuando Judas entregó a Jesús a los principales sacerdotes por el precio de 30 piezas de plata (Mateo 26:15-16). Más tarde, agobiado por el remordimiento, Judas trató de devolver el dinero a los sacerdotes pero éstos se rehusaron a aceptarlo, y Judas lo arrojó al piso del templo. Los sacerdotes después tomaron el dinero y lo usaron para comprar “el campo del alfarero, para sepultar a los extranjeros” (Mateo 27:3-10).

Esta profecía es muy específica. Solo preguntémonos: ¿cuántos hombres que han aceptado dinero ensangrentado para traicionar a un amigo han intentado devolverlo más tarde y han sido rechazados? Más aún, ¿cuáles son las posibilidades de que dicho dinero sea utilizado en la compra de un terreno para sepultar a los vagabundos, tal como se había predicho siglos antes?

Profecía 6: Jesús no se defendióm al ser juzgado
“Maltratado y humillado, ni siquiera abrió su boca; como cordero, fue llevado al matadero; como oveja, enmudeció ante su trasquilador; y ni siquiera abrió su boca” (Isaías 53:7).

Cuando Jesús compareció ante el procurador romano Poncio Pilato, los principales sacerdotes y ancianos le lanzaron muchas acusaciones, a las cuales Jesús no respondió. Pilato “se llenó de asombro” ante este hombre inocente que había debido soportar tanto odio y acusaciones falsas y que sin embargo no habló para defenderse (Mateo 27:12-14, NVI).

¿Cuántos hombres a través de la historia han reaccionado como Jesús lo hizo al enfrentarse a un juicio del que dependía su vida? ¿Cómo puede alguien absolutamente inocente tener la fortaleza para contenerse y no intentar salvar su vida? La respuesta es que Jesús era el Hijo de Dios. Él había venido a la Tierra a cumplir las profecías que se habían escrito acerca suyo y sabía que, aunque era inocente, debía morir por nuestros pecados.

Únicamente el Mesías podía soportar tan atroces circunstancias sin quejarse. Él aguantó todo y no pecó, “ni hubo engaño en su boca” (Isaías 53:9), y con esto estableció un ejemplo para todos los cristianos que son perseguidos a causa de su fe (1 Pedro 2:21-23).

Profecía 7: Jesús moriría crucificado
“Porque perros me han rodeado; Me ha cercado cuadrilla de malignos; Horadaron mis manos y mis pies” (Salmo 22:16). Pilato flageló a Jesús y “le entregó para ser crucificado” (Mateo 27:26). Para que esta profecía pudiera cumplirse era necesaria una extraordinaria cadena de eventos.

Los líderes judíos deseaban deshacerse de Jesús, al cual consideraban su competidor. Sin embargo, los romanos no permitían a los judíos imponer la pena capital. Si éstos hubieran matado a Jesús, probablemente lo hubieran hecho por apedreamiento (Hechos 7:58), ya que los judíos no practicaban la crucifixión.

Los romanos se valían de la crucifixión para castigar a criminales empedernidos y especialmente a quienes aparentemente representaban una amenaza a la paz romana. Pilato sabía que Jesús no era ninguna amenaza, y que se lo habían entregado “por envidia” (Mateo 27:18).

Los judíos llevaron a Jesús ante Pilato, acusándolo de que él básicamente constituía una amenaza para Roma (Lucas 23:2). Una vez más Pilato se negó a sentenciar a Jesús para ser crucificado, porque sabía que los judíos habían inventado esta acusación. Entonces ellos obligaron a Pilato a sentenciar a Jesús implicando que el gobernador estaba siendo desleal al emperador (Juan 19:12). Pilato temía ser reportado a Roma, lo cual ponía en peligro su cargo de procurador.

Como vemos, para que esta profecía respecto a la forma en que moriría Jesús se cumpliera se requería una serie de circunstancias sumamente inusuales. El cumplimiento de esta profecía respecto a la vida y muerte de Jesucristo se suma a la montaña de evidencia que comprueba que este hombre, cuya vida fuera profetizada y extraordinariamente planificada por Dios de antemano, era el Mesías. Este cumplimiento fortalece aún más la prueba infalible de que la Biblia es la Palabra de Dios. Ningún libro común y corriente tiene grabadas las huellas digitales de Dios como la Biblia.

Profecía 8: Jesús moriría con los criminales, pero sería sepultado con los ricos
“[Jesús] derramó su vida hasta la muerte, y fue contado entre los transgresores” (Isaías 53:12). Aunque era perfectamente inocente, Jesucristo fue crucificado entre dos malhechores, flagrantes violadores de la ley (Marcos 15:27-28; Lucas 23:33).

Isaías 53 también dice: “Y se dispuso con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte” (v. 9). Esto puede parecer una contradicción, pero la primera parte denota que inicialmente se le había asignado una fosa común destinada a los criminales, y la última parte muestra lo que en realidad sucedió: fue sepultado en la tumba de José de Arimatea, un hombre rico que le pidió especialmente su cuerpo a Pilato (Mateo 27:57, 60). Una vez más vemos que solamente Dios pudo haber predicho todos estos hechos por adelantado y haberse asegurado de su cumplimiento, registrándolos muchos siglos antes.

Y aún hay más en el futuro, según la Palabra segura de Dios
Felizmente, Jesús no permaneció muerto ni en la tumba. Se había profetizado que  seguiría haciendo cosas magníficas, lo cual solo sería posible si volvía a vivir. De hecho, sabemos que Jesús resucitó de los muertos y que después de aparecerse a muchas personas subió al cielo para sentarse a la diestra de su Padre. Allí estará hasta que llegue el momento de su retorno a la Tierra, esta vez como “Rey de reyes y Señor de señores” (Apocalipsis 19:16).

Debemos maravillarnos de la forma tan exacta en que Jesús cumplió la profecía. Además, debemos leer la Palabra inspirada de Dios, la Biblia, con gran reverencia, porque no solo nos habla de las profecías que han sido cumplidas sino también de lo que va a suceder en el futuro.

Nos dice que Jesús va a regresar para establecer el Reino de Dios sobre la Tierra y que en ella reinará para siempre (Apocalipsis 11:15). ¡Usted puede estar allí y ser parte de ese Reino si pone en práctica la Palabra de Dios y le dedica su vida a él desde ahora!

Se han escrito muchos otros libros que pretenden ser sagrados. ¿Cómo podemos distinguir la Biblia de todos ellos? Una de las maneras más efectivas es a través de la profecía cumplida.

Hablando por medio de Isaías, Dios dice: “Desde hace mucho tiempo anuncié las cosas pasadas. Yo las profeticé; yo mismo las di a conocer. Actué de repente, y se hicieron realidad . . . Por eso te declaré esas cosas desde hace tiempo; te las di a conocer antes que sucedieran, para que no dijeras: ‘¡Fue mi ídolo quien las hizo! ¡Mi imagen tallada o fundida las dispuso!’” (Isaías 48:3, 5, NVI).

¡Lea su Biblia! ¡Estúdiela diligentemente, porque es la Palabra de Dios! En sus páginas podrá leer acerca del plan de Dios y de su voluntad para usted. Lo que él desea para todos los seres humanos es mucho más grande que lo que nuestras mentes pueden concebir.

No obstante, podemos entender aunque sea un poquito de su voluntad leyendo la Biblia. Dios nos dice en 1 Corintios 2:9-10: “Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman. Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios”.  

Compartir Compartir Compartir

Mas Información

Folletos relacionados

La Iglesia que edificó Jesucristo

La Iglesia que edificó Jesucristo

¿Acaso el cristianismo dividido que podemos ver a nuestro alrededor es esa Iglesia que edificó Jesucristo? Sólo las Sagradas Escrituras pueden dar una respuesta confiable a esta pregunta.

© 1995-2017 Iglesia de Dios Unida, una Asociación Internacional | Política Privacidad | Terminos de Uso

Prohibida la reproducción total o parcial sin permiso está prohibida.
Toda la correspondencia y las preguntas deben ser enviadas a info@iduai.org. Envíe preguntas sobre el funcionamiento de este sitio Web a webmaster@iduai.org.

Note que aunque este sitio Web es en español, existen servicios y documentación sobre productos que actualmente no se ofrecen en español. Algunos servicios y correspondencia, incluyendo documentos importantes relacionados con la privacidad, terminos legales, ciertos números de teléfono, páginas del sitio y otras comunicaciones por Internet, pueden estar disponibles solo en inglés.


X
You may login with either your assigned username or your e-mail address.
The password field is case sensitive.
Loading