El Espíritu Santo no es un ser personal

Por las pruebas que pueden encontrarse en la Biblia, claramente se ve que el Espíritu Santo no es una persona en una supuesta Trinidad.

“. . . No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho el Eterno de los ejércitos” (Zacarías 4:6).

En el capítulo anterior vimos que la doctrina de la Trinidad no provino de ninguno de los que escribieron la Biblia, sino que se originó bastante después de que había sido escrito el Nuevo Testamento. ¿Cómo, entonces, debemos definir el Espíritu Santo si no es una persona?

En la Biblia no se nos presenta al Espíritu Santo como un ente o persona diferente. Por el contrario, la forma y contextos en que se menciona nos hacen ver que es el poder que proviene de Dios (Zacarías 4:6; Miqueas 3:8). Investigadores judíos que han examinado los pasajes en que es mencionado en el Antiguo Testamento nunca han definido el Espíritu Santo como otra cosa que no sea el poder de Dios.

En el Nuevo Testamento el apóstol Pablo se refirió a él como al espíritu “de poder, de amor y de dominio propio” (2 Timoteo 1:7). Cuando el ángel le hizo saber a María que habría de concebir sobrenaturalmente, le dijo: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra” (Lucas 1:35).

Jesús comenzó su ministerio “en el poder del Espíritu” (Lucas 4:14). A sus seguidores les dijo: “Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo . . .” (Hechos 1:8).

En Hechos 10:38 el apóstol Pedro nos dice que “Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret”. Este era el mismo poder por medio del cual Jesús pudo hacer todos esos grandes milagros durante su ministerio. El Espíritu Santo es la naturaleza, presencia y expresión mismas del poder de Dios obrando activamente en sus siervos (Juan 14:23; 2 Pedro 1:4; Gálatas 2:20).

Jesucristo obró por medio del apóstol Pablo “con potencia de señales y prodigios, en el poder del Espíritu de Dios” (Romanos 15:19). Vez tras vez las Escrituras presentan al Espíritu Santo como el poder de Dios.

En su artículo acerca del Espíritu Santo, The Anchor Bible Dictionary (“Diccionario bíblico del ancla”) lo describe como la “manifestación de la presencia y poder divinos, perceptibles especialmente en la inspiración profética” (1992, 3:260).

En la Biblia con frecuencia vemos que Dios inspiraba a sus profetas y a sus siervos por medio del Espíritu Santo. Pedro afirmó que “nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2 Pedro 1:21).

Por su parte, Pablo escribió que el plan de Dios había sido “revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu” (Efesios 3:5), y que lo que él mismo enseñaba era inspirado por el Espíritu Santo (1 Corintios 2:13). Pablo explica, además, que es por medio de su Espíritu que Dios les revela a los verdaderos cristianos las cosas que ha preparado para los que le aman (vv. 9-16). Obrando por medio de su Espíritu, Dios el Padre revela la verdad a quienes le sirven.

Jesús les dijo a sus discípulos que “el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho” (Juan 14:26). Es por medio del Espíritu de Dios en nosotros que podemos lograr percepción y entendimiento espirituales.

Cristo poseía esta comprensión espiritual en grado sumo. Como el Mesías, fue profetizado que sobre él reposaría el “espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor del Eterno” (Isaías 11:2). Como el Hijo del Hombre, Jesucristo ejemplificó en su comportamiento personal las cualidades divinas del omnipotente Dios, viviendo totalmente por las normas bíblicas del Padre, por medio del Espíritu Santo (ver 1 Timoteo 3:16).

Otras cualidades del Espíritu Santo

En las Escrituras se habla del Espíritu Santo de muchas maneras que nos comprueban que no es una persona divina. Por ejemplo, en Hechos 10:45 y en 1 Timoteo 4:14 se le menciona como un don. También se nos hace notar que puede ser apagado o extinguido (1 Tesalonicenses 5:19), que puede ser derramado (Hechos 2:17, 33), y que somos bautizados en él (Mateo 3:11).

La gente puede beber de él (Juan 7:37-39), participar de él (Hebreos 6:4) y estar llenos de él (Hechos 2:4; Efesios 5:18). Somos renovados en el Espíritu Santo (Tito 3:5) y debemos avivarlo dentro de nosotros (2 Timoteo 1:6). Estas características impersonales ciertamente no son atributos de una persona.

En Efesios 1:13-14 se nos dice que es “el Espíritu Santo prometido”, el cual “garantiza nuestra herencia”, y en el versículo 17 se le menciona como “el Espíritu de sabiduría y de revelación” (NVI).

Este Espíritu no es sólo el Espíritu de Dios el Padre, porque en la Biblia también se le llama “el Espíritu de Cristo” (Romanos 8:9; Filipenses 1:19). Ambas formas de llamarlo se refieren al mismo Espíritu, ya que sólo hay un Espíritu (1 Corintios 12:13; Efesios 4:4). Por medio de Jesucristo, el Padre transmite el mismo Espíritu a los verdaderos cristianos (Juan 14:26; 15:26; Tito 3:5-6), guiándolos y capacitándolos para que sean “hijos de Dios” y lleguen a ser “participantes de la naturaleza divina” (Romanos 8:14; 2 Pedro 1:4).

A diferencia de Dios el Padre y Jesucristo, quienes continuamente se comparan a los hombres en lo que se refiere a su forma y figura, al Espíritu constantemente se le representa de varias maneras o manifestaciones muy distintas, tales como viento (Hechos 2:2), fuego (v. 3), agua (Juan 4:14; 7:37-39), aceite (Salmos 45:7; comparar con Hechos 10:38; Mateo 25:1-10), una paloma (Mateo 3:16) y como “arras” o garantía de la vida eterna (2 Corintios 1:22; 5:5; Efesios 1:13-14). Estas representaciones serían muy difíciles de entender, por no decir otra cosa, si el Espíritu Santo fuera una persona.

En Mateo 1:20 encontramos otra prueba de que el Espíritu Santo no es un ente sino el poder de Dios. En este pasaje leemos que Jesús fue engendrado por el Espíritu Santo. Sin embargo, Jesús continuamente oraba a Dios el Padre y hacía referencia a él como a su Padre; en cambio, no se refería así al Espíritu Santo (Mateo 10:32-33; 11:25-27; 12:50). Jamás hizo referencia al Espíritu Santo como su Padre. Es obvio que el Espíritu Santo fue el medio o poder por el cual el Padre engendró a Jesús como su Hijo.

El ejemplo y la enseñanza de Pablo

Si Dios fuera una Trinidad, el apóstol Pablo, quien escribió muchas de las bases teológicas de la iglesia primitiva, ciertamente habría entendido y enseñado este concepto. Sin embargo, en ninguno de sus escritos encontramos tal enseñanza.

Es más, el saludo inicial que Pablo acostumbraba en las cartas que enviaba tanto a iglesias como a personas era “Gracia y paz sean a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo”. El Espíritu Santo nunca fue mencionado en ninguno de sus saludos. (Se puede decir lo mismo de Pedro en los saludos de sus dos epístolas.)

El mismo saludo, con sólo pequeñas diferencias, aparece en cada una de las epístolas que llevan el nombre de Pablo (ver Romanos 1:7; 1 Corintios 1:3; 2 Corintios 1:2; etc.) Como puede comprobarse, el Espíritu Santo nunca se menciona en todos estos saludos. Este sería un insólito e inadmisible descuido si el Espíritu realmente fuera una persona o ente coigual a Dios el Padre y a Cristo.

Esto resulta más sorprendente aún cuando tenemos en cuenta que en las congregaciones a las que les escribía Pablo, había muchas personas con antecedentes politeístas quienes anteriormente habían adorado a muchos dioses. En sus epístolas no vemos que este apóstol hubiera hecho ningún intento por explicar la Trinidad o que el Espíritu Santo era un ser divino igual que Dios el Padre y Jesucristo.

De todos los escritos de Pablo, sólo en 2 Corintios 13:14 se menciona el Espíritu Santo junto con el Padre y con Cristo, y eso sólo en relación con “la comunión del Espíritu Santo” que todos los creyentes compartían, y no en una declaración teológica acerca de la naturaleza de Dios. Como lo explica Pablo, el Espíritu Santo es el elemento unificador que nos mantiene juntos en un compañerismo justo y piadoso, no sólo entre uno y otro, sino también con el Padre y el Hijo.

No obstante, aquí tampoco se habla del Espíritu Santo como si fuera una persona. Observemos que nuestra comunión o vínculo es del Espíritu Santo, no con el Espíritu Santo. Como se nos dice en 1 Juan 1:3, “nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su hijo Jesucristo”. Aquí ni siquiera se hace mención del Espíritu Santo.

Pablo nos dice que “sólo hay un Dios, el Padre . . . y un Señor, Jesucristo . . .” (1 Corintios 8:6). No se hace mención del Espíritu Santo como un ser divino.

Otras perspectivas bíblicas

Jesús tampoco habló nunca del Espíritu Santo como si se tratara de un tercer personaje divino. Más bien, en muchos pasajes sólo habló de la relación entre él y Dios el Padre (Mateo 26:39; Marcos 13:32; 15:34; Juan 5:18, 22; etc.). El concepto del Espíritu Santo como una persona brilla por su ausencia de las enseñanzas de Jesús. Con respecto a las muchas veces que Jesucristo habló de la relación entre él y el Padre, resulta bastante interesante el hecho de que nunca mencionó tener ninguna relación semejante con el Espíritu Santo.

Otra cosa que debemos tener en cuenta es que en las visiones del trono de Dios registradas en la Biblia, en las que aparecen el Padre y Cristo, el Espíritu Santo nunca es visto (Hechos 7:55-56; Daniel 7:9-14; Apocalipsis 4-5; 7:10). A Jesús se le menciona muchas veces estando a la diestra del Padre, pero no se menciona a nadie que esté a su siniestra. En ninguna parte de las Sagradas Escrituras aparecen juntas tres personas divinas.

Incluso en el último libro de la Biblia (y último en ser escrito), no se menciona al Espíritu Santo como una persona divina. En este libro se habla de “un cielo nuevo y una tierra nueva” (Apocalipsis 21:1), donde estará “el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos” (v. 3). También Cristo, el Cordero de Dios, estará allí (v. 22). Tampoco aquí aparece el Espíritu Santo; otro error inconcebible si el Espíritu fuera la tercera persona de un Dios trino.

Por las pruebas que pueden encontrarse en la Biblia, claramente se ve que el Espíritu Santo no es una persona en una supuesta Trinidad. Lamentablemente, la doctrina no bíblica de la Trinidad ofusca la enseñanza bíblica de que Dios es una familia, una familia que, como veremos, ¡es nuestro destino final!

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¿Es Dios uno? ¿Es una trinidad? ¿Quién fue Jesús de Nazaret? ¿Fue un simple hombre, o mucho mas? ¿Cuál era el significado de su muerte y resurrección?. En este folleto aprenderá más acerca de la naturaleza de Dios, de Jesucristo y nuestro futuro destino con ellos como se revela en la Biblia.

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