Una marejada de nacionalismo árabe

El suceso más significativo después del Tratado de Versalles al final de la segunda guerra mundial fue el despertar del nacionalismo árabe.

El suceso más significativo después del Tratado de Versalles al final de la segunda guerra mundial fue el despertar del nacionalismo árabe. Desilusionados por la traición de las potencias europeas, los iraquíes se rebelaron en contra de sus dirigentes ingleses. Éstos, en un momento en que ya estaban financieramente débiles debido a los cuatro años de la guerra, ahora se veían obligados a tratar de mantener la paz en una región hostil.

La formación de la patria judía independiente también tuvo gran significado. No cabe duda que la historia del Cercano Oriente después de la segunda guerra mundial habría sido muy diferente si no se hubiera formado el Estado de Israel.

Al principio, los árabes no culparon a los europeos por la existencia de Israel, ya que durante los primeros días de la nación judía fueron principalmente los países comunistas del oriente de Europa los que suministraron armas para combatir contra los ejércitos árabes. Debido a que muchos israelíes vivían en comunidades agrícolas llamadas kibbutzim, los países del bloque comunista pensaron que Israel podría servirles de apoyo en el Cercano Oriente, región que en aquel tiempo aún estaba bajo el dominio de las potencias europeas.

Más adelante, los judíos de los Estados Unidos serían el medio para asegurar el apoyo de esta nación y afirmar lo que es la única democracia de tipo occidental en la región. Mientras tanto, los rusos encontraron otro posible apoyo en la comarca.

Frustrados por la derrota en su intento por destruir a Israel en 1948, y furiosos en contra de su corrupto rey Faruk, simpatizante de Occidente, oficiales del ejército egipcio derrocaron la monarquía en 1952 y establecieron una república revolucionaria. Esto animó a otros en la región a hacer lo mismo; el sueño de la unidad árabe parecía estar por realizarse.

El liderazgo radical de Gamal Abdel Nasser alentó a los egipcios y a todos los árabes a expulsar la influencia occidental. Nasser nacionalizó el canal de Suez, propiedad franco-inglesa, lo que originó la integración de un ejército tripartita —Inglaterra, Francia e Israel— para recuperar el canal y derrocar ese extremista gobierno árabe que amenazaba los intereses israelíes y occidentales. Pero Estados Unidos, temeroso de la creciente influencia soviética en la región, obligó a los aliados a retirarse. A pesar de eso, durante los siguientes 25 años los soviéticos estuvieron apoyando a Egipto y a otras naciones árabes en contra de Israel.

Después de Egipto, fue Iraq la que derrocó a su monarquía prooccidental. Debe tenerse en cuenta que los reyes y otros gobernantes hereditarios del mundo árabe generalmente han estudiado en Occidente, la mayoría en Inglaterra y Estados Unidos, y en no pocos casos han adquirido las costumbres occidentales, lo que molesta seriamente a sus súbditos más religiosos.

El sistema de gobierno que los ingleses habían dejado al salir de Iraq en 1932, era una monarquía constitucional con un parlamento elegido (como el gobierno británico). Pero ninguno de los dos perduró mucho tiempo. En 1958 los militares que bajo el régimen otomano tenían mucha influencia, se apoderaron del gobierno en un sangriento complot en el que asesinaron al rey Faisal y a la mayor parte de su familia, quienes eran hachemitas. El gobierno constitucional no ha tenido ningún éxito en el mundo árabe.

Más adelante, Iraq quedó bajo la dictadura de Saddam Hussein. En 1969 el rey Idris de Libia fue derrocado por el extremista Muammar Gaddafi. A medida que las monarquías iban desapareciendo, las repúblicas que las sucedían se convertían en dictaduras. Siria incluso se ha convertido en una república dinástica, ya que a la muerte del presidente en turno, su hijo asume el poder.

En 1958, Egipto, Siria, la República del Yemen y los Estados Árabes Unidos integraron la República Árabe Unida, en un intento de lograr la unidad árabe que sólo duró hasta 1961. No obstante, el deseo por la unidad permanece.

Un motivo principal detrás de este deseo de unificación es contar con un poder militar que sea capaz de oponerse a Israel de manera más efectiva. Provocados por los ejércitos árabes en 1967, los israelíes contraatacaron rápidamente y lograron otra victoria en lo que se llamó la guerra de los seis días. En esa ocasión Israel obtuvo el control del Margen Occidental o Cisjordania (del cual se había apoderado Jordania en la guerra de 1948), las alturas de Golán (anteriormente propiedad de Siria) y la franja de Gaza (de la cual se había apoderado Egipto en la guerra de 1948). Además, por primera vez desde el tiempo de la diáspora (dispersión), Jerusalén volvía a manos de los judíos.

En la guerra de 1973, frecuentemente llamada de Yom Kippur debido a que empezó con un ataque conjunto de varias naciones árabes el Día de Expiación. Una vez más, los atacantes no lograron su propósito. Entre estas dos guerras empezó el terrorismo palestino, y después de la de 1973 el mundo árabe empezó a utilizar como arma el petróleo a fin de presionar a Occidente; el resultado fue la cuadruplicación del precio del petróleo y el desequilibrio de la economía mundial.

Todas estas derrotas convencieron aún más a los árabes de la necesidad de unirse, pero no han podido lograrlo. No obstante, la mezcla del apasionado nacionalismo, el resentimiento hacia Occidente, el odio hacia Israel y las frustraciones del pueblo en relación con sus propios gobiernos y dirigentes, ha hecho resurgir una antigua fuerza de terror: el fundamentalismo islámico.

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Desde Septiembre del año 2001, el terrorismo ha venido a ser una amenaza real para millones de personas en todo el mundo. Ese día de horror también hizo que el Cercano Oriente estuviera en primer plano de los noticieros del mundo entero.

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