Mantenga vivo el espíritu de la Fiesta todo el año

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¿Siente que es difícil volver a acostumbrarse a la vida cotidiana después de la Fiesta? Usted no es el único.

La Fiesta se acabó. Por alguna razón, da la impresión de que cada año es más corta, aunque siempre dura ocho días. Tres sábados y diez servicios religiosos en tan solo ocho días parecen haber transcurrido en cuestión de minutos, como si el periodo de la Fiesta se hubiese acelerado y comprimido.

Después de semejante euforia espiritual y emocional puede resultar muy difícil reajustarse a nuestras vidas diarias y no sentirse aburrido, desalentado o solo. Una vez que esos sentimientos comienzan a apoderarse de nosotros, pueden crecer hasta convertirse en una crisis espiritual de grandes dimensiones, capaz de afectar nuestra relación con nuestro Padre y con Jesucristo. A veces pasamos rápidamente de un estado de gran fervor espiritual a uno de gran desánimo.

Si esto comienza a ocurrirle, ¡no se preocupe, porque el antídoto se halla ahí mismo, frente a usted, grabado en el significado mismo de la Fiesta de Tabernáculos y el Último Gran Día que acabamos de celebrar!

Mantención de las relaciones, primera parte: Dios y Jesucristo

Nos demos cuenta de ello o no, es indudable que el aspecto más enriquecedor y satisfactorio de la Fiesta es nuestro profundo compañerismo con Dios durante ocho días. Cuando solicitamos la presencia y la guía de Dios en las oraciones de apertura al inicio de los servicios religiosos y sabáticos, ¡realmente lo sentimos así! Queremos que Dios esté presente y que tenga un rol activo durante ese lapso de tiempo, guiando nuestro hablar, nuestra conducta y nuestros pensamientos.

Después de la Fiesta, estas cosas deben mantenerse como prioridades indispensables. Proverbios 3:6 nos instruye diciendo que si tomamos en cuenta a Dios en todo lo que hacemos, él será una fuerza activa y orientadora en nuestras vidas. Si a usted le cuesta incluir a Dios en cada aspecto de su vida, intente lo siguiente: diga una “oración de apertura” cada mañana, antes de empezar su jornada. Tal como lo hacemos en la Fiesta, pídale a Dios que participe personalmente en las actividades del día que comienza, y no olvide agradecerle por su presencia y su mano guiadora.

También asegúrese de dedicar tiempo cada día al estudio y la meditación sobre la vida de Jesucristo. Si mantenemos su ejemplo de vida perfecta en el primer plano de nuestros pensamientos, se nos hará más fácil esforzarnos al máximo para imitarlo. Cuando meditamos y apreciamos el abnegado sacrificio de nuestro Mesías, es menos difícil mantener nuestra perspectiva y humildad, porque nos damos cuenta de que sin nuestro grandioso Dios nunca podremos ser realmente felices.

Mantención de las relaciones, segunda parte: Nuestros hermanos

Una buena parte de la recarga espiritual que recibimos durante la Fiesta proviene del estrecho contacto con nuestra familia espiritual. Tenemos el privilegio de pasar ocho días completos con nuestros hermanos y hermanas, algo que muy pocos tienen la ventaja de hacer día a día. Yo quedé muy impresionado con los hermanos en Alemania, porque muchos de ellos solo tienen la oportunidad de pasar tiempo de calidad con sus hermanos en la fe una vez al año, durante la Fiesta. El sentimiento de gozo y gran emoción que reinaba en el salón de reuniones cada día era absolutamente electrizante.

¿Qué sucede cuando ya no estamos inmersos en ese maravilloso ambiente de la Fiesta? La red de apoyo de nuestra familia espiritual desaparece, y nuevamente nos vemos enfrentados a nuestros viejos problemas mundanos. El Salmo 120 es el primero de los “cánticos graduales”. Estos salmos representan la subida progresiva al Monte del Señor para adorar en el Templo, tal como lo hacemos en sentido espiritual cada año para acudir a la Fiesta. Note lo que pensaba David mientras escribía este salmo, antes de subir a la Fiesta: “¡Ay de mí, que soy extranjero en Mésec, que he acampado entre las tiendas de Cedar! ¡Ya es mucho el tiempo que he acampado entre los que aborrecen la paz! Yo amo la paz, pero si hablo de paz, ellos hablan de guerra” (Salmo 120:5-7, Nueva Versión Internacional).

Mésec y Cedar eran zonas habitadas por pueblos gentiles que no entendían el camino de vida de Dios. Algunas veces el mundo nos puede parecer como Mésec y Cedar, tal como lo expresó David, con gente que en ocasiones nos trata de manera injusta o despreciativa, especialmente cuando tratamos de vivir de acuerdo a la Palabra de Dios. Cuando volvemos a nuestras “tiendas” en nuestros lugares de residencia, puede ser muy difícil volver a adaptarse a vivir en un mundo que carece de la esperanza que nosotros tenemos.

Además de mantener nuestro enfoque espiritual muy cerca de Dios, podemos fortalecer nuestra motivación haciendo un compromiso para mantenernos cerca de nuestros hermanos aún después de la Fiesta. Si usted tiene hermanos que viven cerca, hágase tiempo para visitarlos durante la semana; ¡esto los beneficiará tanto a ellos como a usted! Si usted vive en un área aislada y alejada de los demás hermanos, manténgase en contacto con ellos a través de llamadas telefónicas, correos electrónicos, Skype, ¡o una simple carta, al estilo antiguo! No subestime el impacto positivo que esto puede generar en usted y en los demás. Salomón entendía muy bien la importancia de la comunicación a larga distancia: “Como el agua fresca a la garganta reseca son las buenas noticias desde lejanas tierras” (Proverbios 25:25, NVI).

Manténgase espiritualmente activo sirviendo a Dios y a los demás

El propósito más importante de la Fiesta tiene que ver con servir, tanto en aplicación como en significado. Trabajamos arduamente durante la Fiesta a fin de que sea una experiencia memorable para quienes nos rodean, ya sea como acomodadores, oradores, directores de himnos, dando la bienvenida a los asistentes o ayudando detrás de bambalinas. Cuando la Fiesta se acabe, usted puede darle especial prioridad al servicio a los demás en su congregación. Si todavía no se ha involucrado en esta labor, hágase el propósito de ayudar cada vez que vea una necesidad. Si conoce a alguien en la congregación que tiene una necesidad personal, no relacionada con los servicios, háblele privadamente y ofrézcase para ayudarle más tarde.

Uno de los aspectos más positivos del servicio es que beneficia mutuamente a todos los involucrados: una persona recibe ayuda, y la otra, la oportunidad de expresar el atributo cristiano de una actitud altruista. Dios enriquece nuestras vidas con abundantes dones espirituales, y espera que los utilicemos productivamente, sirviéndolo a él en beneficio de otros. Pedro destacó la importancia de ello a los hermanos de su generación: “Cada uno ponga al servicio de los demás el don que haya recibido, administrando fielmente la gracia de Dios en sus diversas formas” (1 Pedro 4:10, NVI).

Durante los ocho días de la Fiesta, recuerde una de las verdades más profundas de la Biblia: el plan de Dios incluye a todos los seres humanos, cada uno a su tiempo. Con esto en mente, no olvide que su servicio no debe limitarse exclusivamente a la Iglesia. Aunque en la actualidad Dios enfoca su interés principalmente en la Iglesia, él está profundamente involucrado e interesado en lo que les sucede a quienes se hallan fuera de la comunidad de la fe. Recuerde que el acto supremo de servicio de Jesucristo, su sacrificio voluntario, fue llevado a cabo por amor a toda la humanidad (Juan 3:16).

Mientras mantiene sus prioridades en el orden correcto, sin olvidar sus obligaciones de servir a Dios en su Iglesia, busque oportunidades para servir a su comunidad y a sus vecinos. Hay muchas organizaciones honorables de caridad y ayuda a la comunidad que se preocupan de satisfacer las necesidades físicas de los más vulnerables y necesitados, todos los cuales son miembros potenciales de la familia de Dios. Servir de esta manera es aún más importante cuando podemos establecer una conexión personal con los depositarios de nuestra ayuda, porque es una manera de hacer brillar nuestra luz y que así los demás vean la gloria de nuestro Padre (Mateo 5:16). Junto con dar un buen ejemplo de vida cristiana, podemos mostrar con hechos lo que representa el Último Gran Día y su significado para toda la humanidad.

Para concluir: practique el compañerismo y el servicio hacia Dios y sus hermanos. Desarrolle relaciones significativas y duraderas, y dé un buen ejemplo a quienes lo rodean, glorificando a Dios en todo lo que haga. Al meditar en el significado de la Fiesta que acabamos de celebrar y decidirnos a vivir estos principios después de su culminación y durante todo el año, podemos hacer mucho más que combatir el desánimo: podemos establecer un patrón y también hábitos que durarán para siempre.

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