Lecciones de la Biblia que nadie me enseñó durante mi niñez y juventud

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Hubo muchas cosas que nadie me enseñó en mi juventud, y literalmente tuve que “desaprender” muchas otras. Pero no me tomó mucho tiempo entender lo que realmente dice la Biblia y lo que representan las tradiciones y creencias inventadas y establecidas por el hombre.


Fuente: Thinkstock

Hace poco me di el gusto de visitar una librería, uno de mis pasatiempos favoritos, y me llamó la atención la cantidad de libros con títulos como “Cincuenta cosas que aprendí de mi perro” o “Lecciones de vida que me enseñó mi madre”, casi todos escritos por personajes famosos. Esto me hizo meditar por un momento. Evidentemente no soy ninguna celebridad, pero me di cuenta de que, a diferencia de los autores famosos, yo no aprendí ciertas verdades fundamentales de la vida en mi entorno familiar, especialmente las que se encuentran en la Biblia. Crecí en una iglesia protestante tradicional, pero mientras estudiaba en la universidad me convertí al catolicismo romano. Un día cualquiera fui a visitar a un familiar, y vi que tenía una colección de folletos religiosos. Éstos contenían preguntas muy importantes sobre temas bíblicos que para mí eran irrelevantes: qué sucede después de la muerte, en qué día se debe adorar a Dios, y cuál es la recompensa de los salvos. No supe quién publicaba aquellos folletos y la verdad es que en aquel momento no me interesó. Según yo, todas las respuestas a estos interrogantes parecían ser “más que obvias” y cualquier persona que hubiera ido a la escuela dominical debía conocerlas, ¿o no?

Lo que aprendí acerca de la Navidad

Una de las grandes lecciones que nadie me enseñó cuando era joven, fue que la temporada de Navidad no era más que paganismo disfrazado. Cuando leí esto por primera vez, me sentí muy sorprendido y hasta un poco ofendido. ¿Qué de malo podía tener la alegre temporada de Navidad? ¿No se suponía que Jesucristo era el centro de la misma? Pero lo que más me impactó fue esto: ¡no tuve ninguna dificultad para encontrar fuentes históricas imparciales y fidedignas que confirmaban los orígenes totalmente antibíblicos y paganos de esta festividad! Por ejemplo, prácticamente cualquier enciclopedia confiable muestra que los romanos celebraban el festival de las saturnales, que consistía en una semana de orgía y desenfreno entre el 17 y 23 de diciembre y que concluía el 25 del mismo mes con la celebración del renacimiento del Sol. Unos 300 años después de Cristo, esta fiesta, celebrada a mediados de invierno, fue adoptada por la fe cristiana (o sea, por la Iglesia católica) bajo la excusa de que el 25 de diciembre debía ser observado como recordatorio del nacimiento de Jesús. Pero una mirada más acuciosa a las Escrituras y a la historia demuestra que en realidad Jesús nació en algún momento del otoño, y no al final del invierno. El conocido historiador William Manchester escribió lo siguiente sobre la celebración romana de las saturnales, que se convirtió en un día festivo supuestamente “cristiano”: “El cristianismo fue gradualmente infiltrado y hasta pervertido en gran medida por el paganismo, el mismo que [la fe cristiana] intentaba destruir” (A World Lit Only by Fire [Un mundo iluminado solo por fuego], 1993, p. 11).

Lo que aprendí sobre el cristianismo

Otra lección que nadie me enseñó en mi juventud fue cómo eran los cristianos del primer siglo. Fieles al ejemplo que les habían dejado Jesús y sus apóstoles, sus prácticas religiosas los hacían ser prácticamente indistinguibles en medio de la comunidad judía de la época, entre las cuales se destacaba el día en que se reunían para adorar a Dios, conforme al cuarto de los Diez Mandamientos. Todos los cristianos que yo conocía asistían a la iglesia el domingo, por lo cual me desconcertó no poder encontrar en la Biblia ningún indicio de que el día de adoración, el sábado (séptimo día de la semana) había sido cambiado al domingo (primer día de la semana). Como claramente demuestran fuentes históricas tanto religiosas como seculares, los primeros cristianos se reunían para adorar a Dios en el séptimo día: ¡el sábado! Y no solo eso, sino que además muchos cristianos siguieron acudiendo abiertamente a las sinagogas judías en sábado hasta el siglo IV, ¡a pesar de los esfuerzos sistemáticos para impedir que lo hicieran, y que se intensificaron en el siglo II!

Lo que aprendí sobre mi vida

Sin embargo, el factor decisivo, y que para mí representó la lección más importante que nadie me enseñó cuando era joven, fue ésta: al morir, no iría al cielo en un estado consciente. Según la Biblia, tampoco iría al infierno, al menos no según la popular versión del infierno imaginado por Dante. De todos modos, estaba confundido. La enseñanza tradicional me había hecho creer que ya era salvo y que pasaría la eternidad en un paraíso de felicidad. Por lo tanto, cuando a través de estos folletos descubrí las palabras de Pablo en 1 Corintios 15, apenas pude creerlo. El mismo Pablo hace la pregunta: “¿Cómo dicen algunos entre vosotros que no hay resurrección de muertos?” (1 Corintios 15:12). ¿Cómo? ¿A qué se refería Pablo con esto de la resurrección? ¿No se suponía que al morir iríamos directamente al cielo? Pablo escribió acerca de un futuro mucho más espléndido y emocionante, y no podía dar crédito a mis ojos cuando leí: “Y así como hemos traído la imagen del terrenal [nuestro estado físico actual], traeremos también la imagen del celestial [el todopoderoso Jesús resucitado] . . . los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados” (1 Corintios 15:49, 52, énfasis nuestro en todo este artículo). Aun no me recuperaba de mi sorpresa por el significado de lo anterior, cuando leí las asombrosas palabras de 1 Juan 3:2: “Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él [Jesús] se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es”. ¿Cómo es la apariencia espiritual de Jesús resucitado? Véalo usted mismo en Apocalipsis 1:13-18. Yo consulté este pasaje, y leí la siguiente descripción de Jesús: “Su cabeza y sus cabellos eran blancos como blanca lana, como nieve; sus ojos como llama de fuego . . . su rostro era como el sol cuando resplandece en su fuerza”. ¿Conoce usted en la actualidad a alguien que encaje en esta descripción? Según la Biblia, un día sí lo conocerá.

Usted también puede aprender mucho de la Biblia

Sí, hubo muchas cosas que nadie me enseñó en mi juventud, y literalmente tuve que “desaprender” muchas otras. Pero no me tomó mucho tiempo entender lo que realmente dice la Biblia y lo que representan las tradiciones y creencias inventadas y establecidas por el hombre. En las Escrituras encontré muchas otras lecciones semejantes, pero quizá usted quiera descubrir algunas de ellas por sí mismo. ¿Quiere intentarlo? Lea nuestro folleto gratuito Los Diez Mandamientos. Ese fue mi punto de partida, y luego de haberlo leído, seguí con Las fiestas santas de Dios. La Biblia está llena de cosas maravillosas. ¡Descubra ahora mismo el significado que tienen para usted!

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