La temporada de la Pascua

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Constantemente debemos hacernos la siguiente pregunta: ¿Ha hecho una verdadera diferencia en mí la muerte de Jesucristo? ¿Qué impacto ha causado en mi vida el observar año tras año la Fiesta de Panes sin Levadura?


Fuente: ©UCG.org

Pablo exigió a los corintios que se formularan estas preguntas cuando tomaban el pan y el vino, que simbolizaban el cuerpo maltratado de Jesucristo y su sangre derramada: “Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa” (1 Corintios 11:28). Algunos eran culpables de participar del servicio de la Pascua de la Iglesia de Dios “indignamente” (versículos 27, 29).

¿Qué significa observar la Pascua “indignamente”?

¿Qué estaban haciendo mal los corintios? Primero que nada, habían convertido la Pascua en una cena común y corriente. La Pascua que Jesús instituyó comprendía el consumo de un trozo de pan sin leudar y un poco de vino (1 Corintios 11:23-26), es decir, no era una cena convencional (v. 20). Sin embargo, al incorporar equivocadamente la comida en la celebración de la Pascua, ellos habían violado otro principio bíblico: los que podían costear alimentos y bebidas comían juntos antes de que otros llegaran para celebrar el servicio de la Pascua. Además, algunos de los más pudientes comían enfrente de miembros de la congregación que no tenían nada, sin que se les pasara por la mente compartir sus bendiciones con ellos (versículos 17-22). No tomaban en cuenta la pobreza de sus hermanos que formaban parte del mismo Cuerpo de Cristo al celebrar la Pascua, la cual representa en sí misma la unidad que debemos tener todos como partes de un solo organismo.

En el contexto de esta situación es que Pablo les exige que se examinen a sí mismos para que no coman ni beban de manera indigna. Al participar del servicio de la Pascua del Señor consumiendo toda una comida y, aún peor, con una actitud discriminatoria, demostraban que no eran capaces de “discernir” (apreciar plenamente) el Cuerpo del Señor.

El mayor problema que aquejaba a la congregación de Corinto era la división entre sus miembros. Ciertos grupos apoyaban a un líder que ellos mismos habían escogido (1 Corintios 1:10-12) y, en lugar de juzgarse o examinarse a sí mismos, pasaban su tiempo juzgando a otros de su misma congregación, mirándolos en menos. Su conducta durante la Pascua del Señor destacó la forma en que violaban la lección y el significado de esta importante ceremonia.

Esta era la temporada de la Pascua y de la Fiesta de Panes sin Levadura, festivales que eran observados por la Iglesia que Cristo fundó. Los miembros de la Iglesia entendían claramente que las fiestas del Señor debían ser guardadas por los discípulos de Cristo, y se oponían a las celebraciones y costumbres paganas que posteriormente se infiltraron en la fe cristiana.

Lo que simboliza el pan sin levadura

Al enfrentar otro problema que aquejaba a la congregación de Corinto, el apóstol Pablo se refirió a la observancia de la Fiesta de Panes sin Levadura. Entre algunos miembros de la congregación había inmoralidad sexual y borracheras, y aparentemente poco o nada se estaba haciendo para corregir estos pecados. Cuando Pablo reprende a la congregación por su permisivo enfoque en cuanto a la nueva manera de vivir en Cristo, menciona la Fiesta de Panes sin Levadura: “De cierto se oye que hay entre vosotros fornicación, y tal fornicación cual ni aun se nombra entre los gentiles; tanto que alguno tiene la mujer de su padre . . . Limpiaos, pues, de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura como sois; porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros. Así que celebremos la fiesta, no con la vieja levadura, ni con la levadura de malicia y de maldad, sino con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad” (1 Corintios 5:1, 7-8).

La observancia de esta fiesta de Dios tenía un especial simbolismo. Aquí Pablo habla brevemente del profundo significado de la Pascua y los Panes sin Levadura: debido a que Cristo fue sacrificado por nosotros, debemos convertirnos en una nueva masa, sin la levadura del pecado de nuestra antigua manera de vivir. Las viejas conductas mundanas, tales como la malicia y la maldad, son representadas por la levadura, y como Cristo murió por nosotros liberándonos de los pecados pasados, debemos vivir una nueva vida en Cristo.

¿Podemos afirmar que estas fiestas han provocado un profundo impacto en nosotros? ¿Nos enfocamos en llegar a ser nuevas personas mediante Cristo que vive en nosotros? ¿Nos esforzamos para sacar el pecado de nuestra vida? ¿Sentimos un fuerte deseo de sinceridad y verdad? Cristo declaró: “Tu palabra es verdad” (Juan 17:17).

¡La observancia de estos festivales nos dice que el cambio permanente y verdadero sí es posible! Jesucristo espera una transformación en nuestras vidas.

Cambiar, pero ¿de qué a qué?

Pablo reitera a la congregación en Corinto: “Porque aún sois carnales; pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres?” (1 Corintios 3:3). La conducta natural de los seres humanos, que da como resultado envidia y contienda, tiende a empeorar en algunas situaciones en que peligran sus intereses personales y su importancia. La Biblia llama a esto ser carnal; es una respuesta típica de todos nosotros cuando nuestros intereses individuales se ven amenazados.

Usted y yo nacimos en este mundo y somos influenciados por un espíritu intensamente egoísta que satura prácticamente todo el comportamiento humano. A muy temprana edad adquirimos ansias de protagonismo sin la menor consideración por el bienestar de los demás. “¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros? Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia . . .” (Santiago 4:1-2). Santiago describe la deplorable condición de este mundo; los resultados de la guerra y la violencia entre naciones, tribus, familias o individuos pueden atribuirse a la incapacidad de las personas de dominar eficazmente su tendencia a complacer los deseos de la carne.

Lo que debe cambiar es nuestra naturaleza humana. Jesucristo venció al mundo (Juan 16:33) y espera que todos aquellos que han sido llamados en esta era también venzan al mundo (Apocalipsis 2:26, 3:21). Cristo desea usarnos y para ello se valdrá de quienes Dios llama a adoptar la mente de su Hijo y que se comprometen permanentemente con él. Debemos cambiar nuestras vidas y dejar de lado las tendencias humanas que tan fácilmente desembocan en ira, discordia y violencia. Con el tiempo debemos desarrollar un comportamiento más reflexivo y controlado, caracterizado por amor, paciencia y humildad. Cristo ha hecho posible que transformemos nuestras vidas por medio de su poder y mente, los cuales moran en nosotros.

Conformémonos a la imagen de Cristo

Dios está llevando a cabo un propósito aquí en la Tierra en medio del continuo deterioro de la humanidad. “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos” (Romanos 8:28-29).

El propósito de Dios claramente afirma que somos “hechos conforme a la imagen de su Hijo” (Romanos 8:29), es decir, somos una representación de Cristo. Toda la creación está esperando la culminación de esta importante obra. El mundo de mañana solo incluirá a quienes hayan sido llamados y escogidos por el Padre y que hayan desarrollado la mente de Cristo como un rasgo permanente de su carácter.

Las fiestas santas de Dios son las que nos revelan su plan para traer primero salvación a unos cuantos y posteriormente a todo el mundo. Uno debe observar estas fiestas con esto en mente y prepararse para guardarlas examinándose a sí mismo — ¡no a los demás!

 

El pan sin levadura simboliza el convertirse en una nueva persona

Al comer pan ázimo durante siete días, como el Eterno ordena, usted está demostrando que está preparado para vivir por la misma Palabra de Dios, y diciendo que hará su parte para poner su Palabra dentro de su ser — en su mente y corazón, y para vivir exclusivamente por esa Palabra. Cierto dicho reza así: “Uno es lo que come”. De la misma manera, si nos alimentamos de los valores de este mundo expresados mediante los medios de comunicación, la televisión o el cine, tenderemos a conformarnos a ellos. Pablo dice enfáticamente: “No imiten las conductas ni las costumbres de este mundo, más bien dejen que Dios los transforme en personas nuevas al cambiarles la manera de pensar” (Romanos 12:2, Nueva Traducción Viviente). Una de las grandes lecciones de los Días de Panes sin Levadura es que debemos interiorizar la Palabra de Dios, y en sinceridad y verdad autoexaminarnos en comparación con su ley.

Sabemos que Jesucristo es el Verbo de Dios. Este simbolismo también es representado en el servicio de la Pascua. El trozo de pan sin levadura que comemos durante la Pascua representa nuestro compromiso de esforzarnos por tener la misma mente y vivir la misma vida que Jesús.

La Pascua y los Días de Panes sin Levadura significan un cambio profundo, continuo y permanente para uno. Solo mediante Jesucristo podemos transformar verdaderamente nuestras vidas. ¿Tendrán esta Pascua y los Días de Panes sin Levadura el impacto que Dios desea ver en usted?  EC

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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