Diez razones por las que no celebro la Navidad

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¡Llegó la época nuevamente! Pronto nos veremos rodeados de los sonidos, señales y aromas de la Navidad. Muchas personas comprarán más de lo que puedan pagar, y cuando lleguen las cuentas, se preguntarán si realmente vale la pena.

Cada año casi dos mil millones de personas celebran la Navidad en todo el mundo. Esta fiesta está tan arraigada en la sociedad moderna que aun en las naciones que no tienen cultura cristiana, o tienen muy poco de ella, cada vez la celebra un mayor número de personas.

La Navidad es algo tan monumental que desempeña un papel crucial en la economía de muchas naciones. Al comienzo de la estación navideña los almacenes ven cómo sus ventas se incrementan súbitamente. Las escuelas y universidades dan un período de vacaciones, muchas oficinas cierran con el fin de que sus empleados puedan tomar sus vacaciones y viajar con sus familias; algunas personas incluso, quizá por primera vez en el año, entran a una iglesia.

Por lo tanto, no debe sorprendernos que cuando yo les digo a las personas que no celebro la Navidad, sus caras reflejen sorpresa. No es muy común que alguien no la celebre, y más aún si ese alguien ha sido ministro ordenado durante 16 años y sea el director de una revista bíblica.

¿Qué hay al respecto? ¿Por qué alguien no habría de querer celebrar la Navidad como lo hace casi todo el mundo? ¿Existen razones válidas para no celebrarla?

A continuación ofreceré mis 10 principales razones por las que no celebro la Navidad.

1.- La Navidad es motivada por el comercio.

No es difícil darnos cuenta de lo que realmente impulsa esta festividad en nuestro mundo. Cal Thomas, columnista norteamericano que con frecuencia escribe desde una perspectiva cristiana, en su columna de diciembre de 2003 reconoció que hay verdades incómodas acerca de la Navidad.

Comenzó diciendo: “No estoy seguro de que ya valga la pena celebrar la Navidad”
y se lamenta de que esta festividad se convirtió “en una exposición de renos, escenas invernales y el sustituto de Dios, Santa Claus, quien ayuda a que los comerciantes se aprovechen de la culpa que algunos padres sienten por no dedicarles tiempo a sus hijos el resto del año”.

Entonces hace una buena pregunta: “¿Por qué debemos participar en esta farsa en la que el punto principal de adoración se ha desviado de un bebé en un pesebre a una modelo en un almacén de ropa interior femenina?. . . El no haber podido encontrar lugar en la posada, ha sido reemplazado por no poder encontrar un lugar en el estacionamiento del centro comercial”.

Pero tal vez su comentario más perspicaz es este: “Es muy útil entender cómo el pasar tan sólo un año sin codiciar las cosas materiales, puede ayudarnos a romper el hábito. Es algo semejante a liberarse de una adicción o de cierto estilo de vida. Alejarse de esto puede hacernos entender que no echamos de menos este comportamiento y tampoco es necesario para sentirse feliz y satisfecho”.

Habiéndome despedido de la Navidad hace varias décadas, ¡no pude haberlo expresado mejor yo mismo!

2.- La Navidad no se menciona en la Biblia.

Esto es bastante obvio, pero la mayoría de las personas no se detienen a analizarlo. Los libros del Nuevo Testamento abarcan más de 30 años de la vida de Jesucristo y más de 30 años de la iglesia primitiva después de su muerte y resurrección, pero en ninguna parte encontramos ni la más remota mención de una celebración de Navidad o de algo parecido.

La Biblia ciertamente nos revela algunos detalles acerca de su nacimiento —la aparición del ángel a María y luego a José, las condiciones que rodearon su nacimiento en un establo en Belén, la intervención del coro celestial para los pastores en los campos fuera del pueblo— pero en ningún pasaje bíblico se registra que alguien haya celebrado la Navidad o algún indicio de que Dios el Padre o Jesucristo esperan que nosotros lo hagamos así.

3.- Jesucristo no nació el 25 de diciembre.

Tal vez le sorprenda, pero es verdad. ¿Nos acordamos de los pastores que “velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño”? (Lucas 2:8). El clima en diciembre en los alrededores de Belén es con frecuencia muy frío, húmedo y lluvioso.

Una fuente de consulta hace notar que este pasaje argumenta “en contra de que el nacimiento de Cristo hubiera ocurrido el 25 de diciembre, ya que el clima no hubiera permitido que los pastores estuvieran en los campos con sus rebaños” (The Interpreter’s One-Volume Commentary [“Comentario del intérprete en un solo volumen”]).

Y el libro Celebrations: The Complete Book of American Holidays (“Celebraciones: Una guía completa de las festividades norteamericanas”) nos dice que el relato de Lucas acerca del nacimiento de Cristo “sugiere que Jesús tal vez haya nacido en verano o a comienzos del otoño. Diciembre es frío y lluvioso en Judea, y sería más razonable suponer que los pastores hubieran querido proteger a sus rebaños por la noche” en lugar de dejarlos a la intemperie (p. 309).

Además, en Lucas 2:1-4 se nos dice que Jesús nació en Belén porque sus padres vinieron a esa ciudad a registrarse en el censo romano. Los romanos eran bien conocidos por ser eficientes administradores. No hubiera tenido sentido llevar a cabo un censo en pleno invierno, cuando las temperaturas con frecuencia descendían por debajo de cero y viajar era tan difícil por las condiciones de los caminos. ¡Llevar a cabo un censo en semejantes condiciones habría sido contraproducente!

4.- Es una celebración pagana que ha sido cristianizada.

Quizá le sorprenda, pero nuevamente esto es verdad. Si así lo desea, puede enterarse de los antecedentes históricos de la Navidad leyendo casi cualquier enciclopedia.

Analicemos algunas de las costumbres asociadas con la Navidad. ¿Qué tienen que ver con el nacimiento de Cristo los árboles verdes, el muérdago, un hombre enfundado en un vestido rojo y un trineo tirado por renos que vuelan? Nada de eso tiene que ver con él, pero sí tiene que ver con los antiguos festivales paganos.

¿Qué decir de la fecha del 25 de diciembre? ¿Cómo llegó a asociarse con la supuesta fecha del nacimiento de Jesucristo? Los historiadores Gerard y Patricia Del Re explican al respecto: “La tradición de celebrar el 25 de diciembre como la fecha del nacimiento de Cristo llegó a los romanos desde Persia. Mitra, el dios persa de la luz y de los contratos sagrados, nació de la roca un 25 de diciembre. Roma era famosa por su fascinación por los dioses extranjeros y sus cultos, y en el tercer siglo el emperador pagano Aurelio estableció el Dies Invicti Solis, el día del sol invencible, el 25 de diciembre.

”Mitra era la personificación del sol, así que este período de su renacimiento era una celebración esencial para el mitraísmo, que se había convertido en la más reciente religión oficial de Roma. . . Se cree que el emperador Constantino se adhirió al mitraísmo hasta el tiempo en que se convirtió al cristianismo. Él probablemente desempeñó un papel fundamental para lograr que la festividad mayor de su antigua religión se introdujera en su nueva fe” (The Christmas Almanac [“Almanaque de la Navidad”], 1979, p. 17).

Es difícil determinar la primera vez que alguien celebró el 25 de diciembre como Navidad, pero los historiadores generalmente concuerdan en que fue en algún momento del siglo iv, algo así como 300 años después de la muerte de Cristo. Y se escogió una fecha engañosa porque ¡ya era una celebración pagana muy popular que conmemoraba el nacimiento del dios sol!

De forma similar, casi todas las costumbres asociadas con la Navidad han sido tomadas de las antiguas festividades paganas realizadas en honor de otros dioses.

5.- Dios condena el uso de costumbres paganas para adorarlo a él.

Ya que supuestamente la Navidad es un día de adoración y celebración a Dios el Padre y a Jesucristo, ¿no sería una buena idea tomar en cuenta lo que dice la Biblia acerca de cómo debemos adorar a Dios?

La respuesta es bastante clara. Dios nos da una instrucción explícita acerca de utilizar costumbres paganas para adorarlo, lo que es exactamente la Navidad. Veámosla en Deuteronomio 12:28-32: “Ten cuidado de obedecer todos estos mandamientos que yo te he dado. . . Así habrás hecho lo bueno y lo recto a los ojos del Señor tu Dios. Ante tus propios ojos el Señor tu Dios exterminará a las naciones que vas a invadir y desposeer. . .después de haberlas destruido cuídate de no seguir su ejemplo y caer en la trampa de inquirir acerca de sus dioses. No preguntes: ‘¿Cómo adoraban estas naciones a sus dioses, para que yo pueda hacer lo mismo?’ No adorarás de esa manera al Señor tu Dios, porque al Señor le resulta abominable todo lo que ellos hacen para honrar a sus dioses. . . Cuídate de poner en práctica todo lo que te ordeno, sin añadir ni quitar nada” (Nueva Versión Internacional).

Y si algunos piensan que esto forma parte de algún mandamiento del Antiguo Testamento que ya no está vigente, el apóstol Pablo habla acerca de lo mismo en 2 Corintios 6, en donde habla acerca del lugar y papel que desempeñan las costumbres y prácticas religiosas no bíblicas en la adoración del pueblo de Dios:”. . .¿Qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? ¿Y qué concordia Cristo con Belial [el diablo y los demonios]? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo? ¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente. . . Por lo cual, salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, y no toquéis lo inmundo; y yo os recibiré, y seré para vosotros por Padre, y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso. Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios” (2 Corintios 6:14-18; 7:1).

En lugar de llamar “cristianas” a las costumbres paganas, o permitir que los miembros de la iglesia continúen con sus antiguas prácticas paganas, el apóstol Pablo les dice en términos concretos que deben abandonar y dejar todas estas formas de adoración y adorar a Dios en verdadera santidad, tal como él lo ordena. De la misma forma, Jesús dijo que sus verdaderos seguidores “en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (Juan 4:24), no según las costumbres y el simbolismo paganos.

6.- Celebrar la Navidad es adorar a Dios en vano.

Ya que la Navidad es una mezcla de antiguas costumbres paganas inventadas por el hombre y una festividad que no se encuentra en la Biblia, ¿acepta Dios, y le agrada, esta clase de adoración?

Jesús nos da la respuesta en su franca reprensión a los maestros religiosos de su época, hombres que habían reemplazado con tradiciones humanas las verdades de Dios y sus mandamientos: “Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, como está escrito: Este pueblo de labios me honra, mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas mandamientos de hombres. . . Bien invalidáis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición” (Marcos 7:6-9).

En el siglo xvii la Navidad era de hecho prohibida en Inglaterra y algunas partes de las colonias norteamericanas debido a sus orígenes paganos y no bíblicos. ¡En esa época se entendía algo que las personas en la actualidad parecen haber olvidado o nunca conocieron!

No se puede lograr que Cristo sea parte de algo en lo que nunca estuvo.

Algunas personas reconocen que hay varios problemas con la Navidad. Pero en lugar de afrontarlos, aseguran que lo que deberíamos hacer es “lograr que Cristo vuelva a ser parte de la Navidad”.

Sin embargo, es imposible que Cristo “vuelva a formar parte de la Navidad”, porque nunca estuvo allí en primera instancia. Él nunca oyó hablar de la palabra “Navidad” mientras estuvo aquí en la tierra, ni tampoco sus apóstoles la oyeron. Uno puede investigar la Biblia de principio a fin, pero no va a encontrar los términos “Navidad”, “árbol de Navidad”, “muérdago”, “Santa Claus” o “reno volador”.

Volver a poner a Cristo en la Navidad puede sonar bonito, pero no es más que un esfuerzo vano para tratar de justificar una tradición humana en lugar de hacer lo que la Biblia nos dice que debemos hacer.

7.- En la Biblia se nos dice que conmemoremos la muerte de Jesús, no su nacimiento.

La Biblia no menciona en ninguna parte que debemos celebrar el nacimiento de Jesús. Esto no significa que la Biblia no nos ordene que conmemoremos un acontecimiento altamente significativo en la vida de Jesucristo. En verdad lo hace, pero ese acontecimiento es su muerte, no su nacimiento.

Veamos lo que el apóstol Pablo, al dar las instrucciones que el mismo Cristo le había dado, les dijo a los cristianos: “Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan; y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí. Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí. Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga . . . Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa” (1 Corintios 11:23-28).

Y sí, muchos creyentes en la actualidad celebran lo que suponen es una forma de tomar la comunión o “la cena del Señor”. No se dan cuenta, sin embargo, del significado total de estos hechos, o de que lo que Pablo está describiendo aquí es la Pascua, término que Jesús mismo utilizó al referirse a esta celebración (Mateo 26:18-19; Marcos 14:14-16; Lucas 22:8-13, 15).

Muchos no tienen la menor idea de la verdadera fecha de la muerte de Jesús y la celebración anual de la Pascua, pero este no es el tema que estamos tratando. Lo que es claro es que Jesús espera que sus verdaderos seguidores celebren su muerte —no su nacimiento— al celebrar la Pascua.

8.- La Navidad ensombrece el plan de Dios.

Como mencionamos anteriormente, la Pascua tiene un enorme significado en el plan de Dios para la humanidad. La Pascua del Antiguo Testamento, descrita en Éxodo 12, prefiguraba el papel futuro de Jesucristo y su sacrificio. Como la sangre de los corderos sacrificados para la Pascua libró a los israelitas en tanto que los primogénitos de los egipcios perecieron, el sacrificio de Cristo en lugar nuestro nos libra de la muerte, la muerte eterna.

Pablo hizo alusión a esta gran verdad cuando escribió en 1 Corintios 5:7: “. . . nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros”. De forma similar, Juan el Bautista, hablando por inspiración divina, dijo de Jesús: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo (Juan 1:29).

Pedro escribió que hemos sido redimidos “con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación” (1 Pedro 1:19). Esta es una clara referencia al cordero pascual (Éxodo 12:5).

Una clave primordial en el plan de Dios para la humanidad es la muerte de Cristo por nuestros pecados. Él es el “Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo” (Apocalipsis 13:8), dando a entender con esto que su muerte, que paga por nuestros pecados, fue planeada aun antes de que los primeros seres humanos fueran creados (1 Pedro 1:18-20). Sólo por medio de su muerte, que paga por los pecados, pueden los seres humanos recibir el don divino de la vida eterna (Juan 3:14-17; Hechos 4:12; 1 Corintios 15:20-22).

La Navidad, por el contrario, no enseña nada de esto. Desafortunadamente, debido a que es una mezcolanza de costumbres y creencias no bíblicas, a la que se han agregado unos pocos elementos de verdad bíblica, ¡lo único que logra es oscurecer el increíble propósito del nacimiento de Jesucristo, así como la razón por la cual él va a regresar a la tierra!

9.- Yo prefiero celebrar las fiestas que Jesucristo y sus apóstoles celebraron.

En la Biblia Dios nos da la posibilidad de elegir entre varias opciones. ¿Haremos las cosas a su manera o a la nuestra? ¿Lo adoraremos como él nos dice que lo hagamos o esperaremos que él honre cualquier práctica religiosa que escojamos, sin importarnos lo que nos enseñan las Escrituras?

Siempre es bueno preguntarse: ¿Qué haría Jesús? Las Escrituras nos dicen claramente lo que él hizo. Jesús no les dio a sus seguidores la opción de adoptar prácticas paganas en su adoración. Él y sus apóstoles claramente guardaron las fiestas santas de Dios que encontramos enumeradas en Levítico 23.

Como hemos mencionado, ellos guardaron la Pascua (1 Corintios 11:23-26). Las Escrituras además nos muestran que guardaron la Fiesta de los Panes sin Levadura (Hechos 20:6; 1 Corintios 5:7-8). La iglesia del Nuevo Testamento fue fundada en un Día de Pentecostés (Hechos 2:1), otra de las fiestas santas que claramente guardaron (Hechos 20:16). Además, guardaron el Día de Expiación (llamado el “ayuno” en Hechos 27:9) y la Fiesta de los Tabernáculos (Juan 7:2, 10).

10.- Por su parte, la Navidad no aparece en el registro bíblico.

La mayoría de las personas no saben que la Biblia incluye una lista de las fiestas que Dios ordenó, que Jesús mismo celebró y que los apóstoles y la iglesia primitiva todavía estaban guardando décadas después de la muerte y la resurrección de Cristo. Y a diferencia de la Navidad, estas fiestas revelan muchísimo acerca del papel y la misión de Jesucristo.

Cada una de ellas nos enseña una lección fundamental acerca de lo que Jesús ha hecho, está haciendo y aún hará para llevar a cabo el maravilloso plan que Dios tiene para la humanidad. La diferencia entre esto y el anticuado y desgastado paganismo y el comercialismo rampante de la Navidad, es como la diferencia que existe entre el día y la noche.

Le he dado las 10 razones principales por las que no celebro la Navidad. Espero que tome en serio esta información, que estudie el asunto por su propia cuenta y que siga las instrucciones que Dios nos ha dado en la Biblia. BN

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