Cómo romper con el hábito de la Navidad

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Si ha estado leyendo la revista Las Buenas Noticias o viendo algunos de los programas de Beyond Today por algún tiempo, probablemente haya entendido lo que la Biblia dice acerca de la Navidad. ¿Cuál debe ser su próximo paso?


Fuente: ©Andrew Neel/Unsplash

Quizás usted haya oído que la Navidad no es tan cristiana como parece. Tal vez se esté preguntando si este año debería celebrarla o no. Si no está seguro, lea “¿Celebraría Cristo la Navidad?” en esta edición, y descubra por sí mismo qué es lo que debe hacer.

Le animamos a que explore, analice, investigue y profundice. La verdad es capaz de resistir el escrutinio.

Si ya ha examinado la evidencia y ha decidido dejar de celebrar la Navidad, probablemente la siguiente pregunta que se hará sea: “Bueno, ¿y que hago ahora?” Eso fue lo que yo me pregunté. ¿Cómo no celebrar la Navidad cuando todos a nuestro alrededor llevan puesto un sombrero de Papá Noel y adornan un árbol? ¿Cómo mantener las relaciones con la familia y amigos cuando ya no celebramos la Navidad? ¿Podrán ellos comprenderlo?

Puede parecerle que esta travesía es muy solitaria y que su única compañía es la fuerza de sus convicciones, pero sepa que no está solo. Yo también recorro el mismo camino, al igual que muchos otros, y lo más importante es que Dios el Padre y Jesucristo lo acompañarán. Si Dios lo está guiando a caminar por fe y dejar atrás la Navidad, quisiera compartir con usted tres principios para poner en práctica mientras da ese paso: preparación, honrar a Dios y amar a su familia.

Preparación

Estimado amigo, está a punto de provocar sospechas entre sus conocidos. Romper con la tradición, especialmente una que involucra a la familia y es muy apreciada por millones de personas, sin duda va a generar inquietudes y quizá desaprobación. ¿Cómo va a manejar semejante situación?

En primer lugar, debe saber por qué está haciéndolo. Ha optado por el camino menos transitado y, a menos que esté motivado por el amor a la verdad, es muy posible que termine dándose por vencido. Examine cuidadosamente sus argumentos y la evidencia disponible para apoyar sus conclusiones y adquirir confianza en la verdad (ver 2 Timoteo 2:15).

Cuando se acerque la Navidad, no se demore en practicar su nueva convicción de no participar. No se diga a sí mismo: “Por ahora no, solo un año más . . .”En Lucas 9:57-62, Jesús le dijo a la gente que lo siguiera. Las excusas que muchos esgrimieron fueron básicamente: “Todavía no. Solo necesito hacer esto o aquello primero”. ¿Cuál fue la respuesta de Jesús? “Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios”. Si uno sabe hacer lo que es bueno y decide no hacerlo, comete pecado (Santiago 4:17).

Romper con la tradición de la Navidad, especialmente durante los primeros años, le resultará más fácil si evita quedarse solo en casa durante esa fecha. Haga planes deliberados de disfrutar actividades que le gusten. Probablemente va a tener que ser creativo ya que la mayor parte de los negocios y tiendas estarán cerrados, pero planificar con antelación puede ayudarle a descubrir y aprovechar las mejores opciones disponibles. Si usted es extrovertido, asegúrese de incluir en sus planes a personas parecidas a usted.

Si la Navidad es muy importante para sus familiares, no le extrañe que se opongan a su decisión; después de todo, lo aman y esperan que comparta con ellos. Anticipe las preguntas –que probablemente serán las mismas que usted se hizo al principio– y prepare sus respuestas con anticipación. Asegúrese de ser “auténtico” al responder; los argumentos trillados no convencen a nadie cuando no salen verdaderamente del corazón.

Su decisión de no celebrar la Navidad puede ser puesta a prueba poco después de ponerla en práctica, así que empiece a prepararse de inmediato. Es posible que por algún tiempo no haya preguntas, sin embargo, estas en cualquier momento llegarán.

Hace varios años decidí dejar de celebrar la Navidad. Eso fue un jueves. Al día siguiente, el viernes, mi madre llamó para preguntarme qué quería esta vez. El hecho de conocer bien su razones y tener una respuesta bien documentada contribuirá a que la conversación fluya con más diplomacia y con una actitud menos defensiva (especialmente de su parte) cuando sea necesario. “Estén siempre preparados para responder a todo el que les pida razón de la esperanza que hay en ustedes” (1 Pedro 3:15, Nueva Versión Internacional).

Honrar a Dios

Así como los apóstoles declararon “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hechos 5:29), debemos obedecer a Dios por encima de los deseos de nuestra familia y amigos. ¿Qué hará cuando se encuentre atrapado entre la espada y la pared?

Antes de hablar con su familia ore, y, si puede, ayune. La oración y el ayuno nos ayudan a buscar la voluntad de Dios en lugar de la nuestra. Aunque nos parezca que estamos procediendo adecuadamente, solo Dios puede ver todo el panorama (Proverbios 21:2). Cuando sometemos nuestros planes a Dios y confiamos, él prepara el mejor camino y nos ayuda a seguirlo (note Proverbios 3:5-6 y 16:3).

Dios tiene buenos planes para nosotros, y no nos fallará. Él nos recuerda en Jeremías 29:11: “Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice el Eterno, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis”. Dios promete darnos la palabras que debemos decir cuando sea necesario, tal como Jesucristo prometió a sus discípulos en Mateo 10:19-20. Cuando sometemos sinceramente nuestra voluntad a Dios, es menos probable que hablemos sin pensar (ver Proverbios 16:1).

Pídale a Dios sabiduría para interactuar con familiares y amigos. Cuando pedimos sabiduría, él promete dárnosla generosamente (Santiago 1:5). Él espera que hagamos el bien a todos (Gálatas 6:10) y que los amemos como a nosotros mismos (Marcos 12:31). Dios sabe cómo ayudarlo en sus relaciones con los demás. ¡Pídale, porque él está esperando para brindarle su ayuda!

Sea consistente

No sea indeciso. Tal vez piense que está siendo amable con su familia y amigos al participar “un poco,” para no lastimar sus sentimientos. Sin embargo, al hacerlo, puede estar alentando su esperanza de que usted “recupere la cordura” y cambie de opinión.

Jesús les dijo a sus discípulos que “el que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí” (Mateo 10:37). Sí, debemos amar a nuestra familia, pero debemos amar aún más a Dios y su camino. Cuando las dos cosas entran en conflicto, Dios debe ser primero, aunque sea difícil.

Dios quiere que lo amemos de todo corazón, no solo parcialmente. Justo antes de que Jesús les recordara a los escribas que debían amar a su prójimo como a sí mismos, les explicó cómo y por qué debían amar a Dios primero: “Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento” (Marcos 12:30).

No se puede guardar la Navidad y la ley de Dios al mismo tiempo (ver Santiago 4:4 y Lucas 16:13), pues la primera quebranta la segunda. Quebrantar la ley de Dios es pecado (1 Juan 3:4), aunque sea “solo” un poco (Santiago 2:10) para no lastimar los sentimientos de alguien.

Guarde los días santos de Dios

¿Sabía usted que Dios ha establecido fiestas especiales y días santos para enseñarnos acerca de su plan para usted, para mí y para toda la humanidad?

Cuando guarda las fiestas de Dios en vez de las fiestas de invención humana, como la Navidad y la Pascua Florida, puede hacer de estos días momentos especiales para usted y para los miembros de su familia que comparten sus creencias. Dios quiere que usted entienda su plan toda la humanidad, por qué existimos y cuál es el propósito de la vida, y nos enseña sobre estas cosas cada año mediante sus fiestas anuales y cada semana mediante su sábado.

Uno de los mayores atractivos de la Navidad es que apela a nuestros sentidos: hermosas decoraciones, comidas especiales, aroma a pino y canela, sonidos y música. Pero estos mismos sentidos también pueden contribuir a que los sábados y las fiestas de Dios puedan ser una delicia para usted y su familia. Los sábados semanales y anuales de Dios son momentos especiales que él pone a su disposición. Considere la posibilidad de prepararse para ellas como si fuera el invitado de honor, y de disfrutarlas como la bendición que Dios quiere que sean.

Ame a su familia

La Navidad tiene como meta la familia, ¿verdad? Pero la familia no se limita a la Navidad. La familia es mucho más que un día festivo, y usted tiene muchas otras oportunidades de demostrar amor por ella. No obstante, es posible que algunos familiares y amigos no compartan su opinión, sin importar lo que haga. Recuerde que Jesús dijo que su verdad muchas veces no conduciría a la paz, sino a la división, incluso en las familias, y que a pesar de todo, él debe ser primero en nuestras vida (Mateo 10:34-39).

Por lo tanto, tendrá que aceptar el hecho de que algunas personas se sentirán ofendidas o lo criticarán. Debe respetar el lugar que ocupan en su vida siendo receptivo hacia ellas y, en lo posible, minimizando una eventual ofensa (Romanos 12:18). Sin embargo, puede llegar un momento en el que realmente no pueda hacer más. Después de intentarlo, usted ya no es responsable por la forma en que se sientan o reaccionen. Tenga en cuenta que ellos no entenderán hasta que Dios les ayude a hacerlo, en el momento más oportuno (ver 2 Corintios 3:14-16 y Lucas 24:45).

Hasta entonces, deberá ser paciente y amable y a veces, incluso, insensibilizarse un poco. Debe esforzarse por no tomar las cosas a pecho y perdonar, pues por ahora están engañados (considere el ejemplo de Jesús en Lucas 23:34); no obstante, seguirán siendo susceptibles a la ofensa.

Una amiga me dio algunos consejos muy valiosos, que me han sido de gran ayuda cuando me siento afectada por la desaprobación de mi familia. Ella me animó a tener en cuenta que, cuando mis padres finalmente entiendan, estarán muy orgullosos de mí por haber sido fuerte y sincera y haber soportado incluso su reproche. Mientras tanto, mi tarea es seguir siendo valiente y fiel, y además honrarlos para mantener así una conciencia limpia ante mi Dios y mi familia (ver 1 Pedro 3:16).

Pero si algunas personas igual se ofenden, es posible disminuir la tensión poniéndose de acuerdo de antemano en lo que cada cual espera del otro. Haga lo posible por evitar situaciones que pudieran causar malestar (ver Hebreos 12:14-15). Por ejemplo, ¡no los sorprenda anunciándoles su decisión durante la cena familiar de Navidad!

Tan pronto como sea posible, y en el momento más oportuno, converse respetuosamente con las personas que han compartido con usted las tradiciones navideñas. En forma sencilla, pues no es el momento para explicar todas sus razones y pormenores, infórmeles que ha decidido no celebrar la Navidad, aunque considera importante pasar tiempo con ellos. Busque la forma de lograr ambos objetivos.

Si puede hablar del tema antes de recibir invitaciones a fiestas y de que se planifiquen reuniones familiares, puede contribuir a establecer un precedente en cuanto a su decisión de no celebrar Navidad y su negativa a acompañarlos.

Su deber es amarlos, no convencerlos

Su misión no es convencerlos de que abandonen la Navidad (no lo intente, no va a resultar). Es muy improbable que los haga cambiar de opinión, sin importar cuán vehemente sea su intento. Sin embargo, su responsabilidad de dar una respuesta es muy seria, y para ello necesita saber de antemano sus razones y estar convencido de por qué lo hace.

Es posible que para cierta persona usted sea el único que no celebra la Navidad. Esa persona podría preguntarle por qué no lo hace, y su explicación podría ser la única que ella escuchará acerca de por qué algunos no la celebran.

Debe entender y respetar el hecho de que los demás están tan convencidos de la observancia de la Navidad como usted de su no observancia. No los subestime por no entender lo que antes usted tampoco entendía. En cambio, esfuércese todo lo posible por preservar los lazos con su familia y amigos que consideran que la Navidad es importante.

Quizá sientan que los está rechazando. Explicarles que rechaza la Navidad, y no a ellos, probablemente no los convenza, especialmente porque su decisión de no celebrarla acaso la tomen como si estuviera juzgando su creencia. Cuando se trata de amor y respeto, los hechos hablan más fuerte que las palabras. En Juan 13:35, Jesús nos recuerda que la prueba de ser sus discípulos es el amor de los unos por los otros. El amor se hará evidente con sus hechos.

Considere 1 Pedro 3:8-9 como una declaración de misión personal al interactuar con su familia y amigos: “Finalmente, sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables; no devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo, sabiendo que fuisteis llamados para que heredaseis bendición”.

Busque puntos de encuentro

¿Cómo pueden usted, su familia y amigos llegar a un acuerdo, especialmente si comparte una casa con gente que celebra la Navidad?

En primer lugar, deben aceptar que usted no tiene las mismas creencias acerca de la Navidad, pero que todos tienen el mismo deseo de que cada persona se sienta cómoda en su propia casa. Hablar sobre las expectativas mutuas y fijar límites acordados con anticipación permite que todos se sientan escuchados y tenidos en cuenta.

Admita su error si en algún momento falla; esto es nuevo tanto para usted como para ellos. Pida perdón si inadvertidamente comente una ofensa, y, finalmente, sea paciente (Santiago 1:19-20) y perdone (Mateo 6:14-15). Esa es la exhortación de Pablo en Efesios 4:2, “[sopórtense] unos a otros en amor. . .”

Busque el consejo de otros que hayan vivido situaciones similares a la suya (ver Proverbios 19:20). Seguramente estarán dispuestos a compartir lo que en su caso funcionó y lo que no.

Sus relaciones con familiares y amigos comprenden mucho más que las celebraciones navideñas. En lugar de disfrutar solo unos días en Navidad, puede sacar provecho de todos los demás días del año. Celebre entusiastamente otros acontecimientos en los que todos puedan compartir, como aniversarios, graduaciones, reuniones y demás ocasiones especiales, o simplemente inicie nuevas tradiciones y celebraciones con su familia y amigos.

Participe de las actividades importantes para sus amigos y familiares, como felicitarlos por su trabajo o ir a los eventos deportivos de sus hijos. Propóngase estar en contacto y visitarlos más a menudo, cuidando esas relaciones durante todo el año.

Como alguien que enfrentó lo mismo, me gustaría compartir un último consejo: persista en sus convicciones y sea amable. Usted tiene la increíble responsabilidad y el gran privilegio de mostrar el camino de vida de Dios a sus amigos y familiares, y será reconocido por el fruto de su vida (Mateo 7:20). Mientras se prepara, honra a Dios y ama a su familia, no se desanime. “No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos” (Gálatas 6:9).

Los planes de Dios para la familia, su familia, exceden con creces lo que la Navidad jamás podría siquiera representar. Mi exhortación es que estudie las fiestas de Dios para descubrir el inmenso bien que él desea para usted y su familia. Romper con el hábito navideño es dar un paso de fe en cuanto a creerle a Dios y el plan que tiene para su vida.  BN

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