¿Celebraría Cristo la Navidad?

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Si Cristo es verdaderamente el motivo de la Navidad, ¿la celebraría él en la actualidad?


Fuente: ©Markus Spiske/Unsplash

La mayoría de los cristianos dan por sentado que Jesucristo nació el día de Navidad. También aceptan que las tradiciones navideñas del árbol refulgente y decorado y Papá Noel vestido de rojo son formas aceptables de honrar a nuestro Salvador. ¿Puede usted encontrar estas cosas en la Biblia? Hay una forma de comprobarlo: examinando su propia Biblia y las muchas fuentes no religiosas alusivas a la Navidad.

La evidencia histórica y bíblica demuestra claramente que la Navidad es un festival precristiano. No es bíblico, y no es de Dios. Irónicamente, el primer teólogo católico, Orígenes, repudió como pecaminosa la idea misma de celebrar el cumpleaños de Cristo  (The Encyclopaedia Britannica, 11ª ed., 1910, vol. 6, p. 293).

El hecho indiscutible es que la Navidad no tiene respaldo bíblico. Pero el interrogante primordial persiste: ¿participaría Jesucristo en la observancia de la Navidad? Y si no, ¿por qué no lo haría?

¿Nació Jesús el día de Navidad?

La primera pregunta es si Jesús nació en la fecha tradicional del 25 de diciembre. El Evangelio de Lucas registra el acontecimiento: “Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón. Había pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño” (Lucas 2:7-8). Hasta aquí no se menciona la fecha. Además, ¿corresponde esta escena con un nacimiento en invierno?

Alexander Hislop escribió en su libro  Las Dos Babilonias: “En las Escrituras no hay una sola palabra sobre el día preciso de su nacimiento, ni sobre la época del año que él nació. Lo que allí se relata implica que fuere como fuere, el tiempo en que tuvo lugar su nacimiento no pudo ser el 25 de diciembre.

“En el momento en que el ángel anunció su nacimiento a los pastores de Belén, ellos estaban pastoreando sus rebaños, de noche y a campo raso. Sin duda, el clima de Palestina no es tan riguroso como el de este país; pero aun allí, aunque el calor del día sea considerable, el frío de la noche de diciembre a febrero es muy penetrante,  y no se acostumbraba que los pastores de Judea cuidaran sus rebaños a campo abierto desde fines de octubre. Entonces, es increíble, desde todo punto de vista, que el nacimiento de Cristo pudiera haber tenido lugar a fines de diciembre” (1998, pp. 152, edición en línea, énfasis en el original).

Considere el hecho altamente dudoso de que una mujer embarazada viajara tan larga distancia, en las condiciones húmedas y frías del invierno, para cumplir un censo con fines tributarios. “Cuando ocurrió el nacimiento de Cristo, toda mujer y todo niño iban a ser censados . . . pero a mediados del invierno no era la época apropiada para tales asuntos, especialmente una mujer embarazada, ni para que viajaran los niños. Por tanto, Cristo no pudo nacer en la mitad del invierno. Si alguien cree que el viento en invierno no era tan difícil de soportar en estas regiones, que recuerde las palabras de Cristo en el Evangelio: ‘Orad, pues, que vuestra huida no sea en invierno’. Si el invierno era un tiempo tan malo para huir, parece que no era un tiempo adecuado para que los pastores permanecieran en los campos, ni para que viajaran las mujeres y los niños” (ibíd., p. 153, citando al erudito Joseph Mede). La conclusión más lógica es que Jesús probablemente nació entre fines de septiembre y mediados de octubre.

¿Cuál es el origen de la Navidad?

Si se puede demostrar que el histórico nacimiento de Jesús no fue el verdadero origen de la festividad, ¿de dónde proviene, entonces?

Hislop explica esto también: “Mucho antes del siglo cuarto, y mucho antes de la misma era cristiana, se celebraba una fiesta entre los paganos, exactamente en esa época del año, en honor del nacimiento del hijo de la reina del cielo babilónica, pudiéndose presumir cabalmente que, con el fin de atraer a los paganos y aumentar el número de adherentes al cristianismo, se adoptara la misma fecha por la Iglesia romana, dándole solamente el nombre de Cristo. Esta tendencia de parte de los cristianos de hacer algunas concesiones al paganismo, se manifestó desde muy temprano” (ibíd., pp. 153-154, énfasis en el original).

La evidencia secular y bíblica muestra que las modernas tradiciones navideñas provienen del antiguo solsticio de invierno o del festival de Mitra, adoptado y observado por los romanos.

“La Navidad tiene su origen en dos fiestas antiguas, la gran fiesta navideña de los nórdicos y las Saturnales  [Saturnalia, en latín] romanas. Durante las Saturnales, los ricos daban regalos a los pobres en honor a la edad de oro de la libertad, cuando Saturno gobernó el mundo conocido, y a los esclavos se les permitía intercambiar de vivienda y vestido con sus amos. Incluso elegían a su propio rey que, durante el transcurso de la festividad, gobernaba como un dictador. Las saturnales comprendían la más cruda depravación y era un festival del dios Pan”  (Man, Myth and Magic [Hombre, mito y magia] Richard Cavendish, 1983, vol. 2, p. 480).

El escritor católico Tertuliano se lamentaba, alrededor del año 230 d. C., sobre el antiguo período festivo que condujo a la Navidad: “‘Para nosotros, que desconocíamos los sábados [judíos] y las lunas nuevas, y las fiestas en otro tiempo aceptables para Dios, ahora concurrimos a la Saturnalia, a las fiestas de enero, a la Brumalia, a la Matronalia; las ofrendas son llevadas de allá para acá, los regalos del día de año nuevo se hacen con estrépito, y los deportes y los banquetes se celebran con alboroto; ¡oh, cuánto más fieles son los paganos a su religión, pues tienen cuidado especial para no adoptar solemnidades de los cristianos’” (citado por Hislop, pág. 154).

“Hombres rectos hicieron lo posible para detener la marea pero, a despecho de sus esfuerzos, la apostasía continuó hasta que la Iglesia, con excepción de un pequeño remanente, se sumergió bajo la superstición pagana. Está fuera de toda duda que la Navidad fue, originalmente, una fiesta pagana. La época del año y las ceremonias con las cuales se celebra todavía, prueban su origen” (ibíd.).

En síntesis, la Navidad se originó en un festival pagano precristiano.

¿Por qué se fijó la Navidad el 25 de diciembre?

Nótese la sorprendente confesión que hay en la Nueva Enciclopedia Católica, donde se explica la razón para escoger el 25 de diciembre como Navidad: “Según la hipótesis sugerida por H. Usener, desarrollada por B. Botte y aceptada por la mayoría de los estudiosos de hoy, al nacimiento de Cristo se le asignó la fecha del solsticio de invierno (25 de diciembre en el calendario juliano, 6 de enero en el egipcio), porque en este día, cuando el sol iniciaba su regreso a los cielos del norte, los devotos paganos de Mitra celebraban el dies natalis Solis Invicti (cumpleaños del sol invicto).

“El 25 de diciembre del 247 d. C., Aureliano había proclamado al dios sol como el principal defensor del imperio y le había dedicado un templo en el Campus Martius. La Navidad se originó en una época en la que el culto al sol en Roma estaba en pleno auge. Esta teoría encuentra apoyo en algunos de los Padres de la Iglesia, equiparando el nacimiento de Cristo con el solsticio de invierno; de hecho, desde inicios del siglo III se le dio a Cristo el nombre de ‘Sol de Justicia’.

“Aunque la instauración de la Navidad en reemplazo de la fiesta pagana no puede ser probada con certeza, sigue siendo la explicación más plausible para el origen de aquella” (“Christmas and Its Cycle, History” [Historia de la Navidad y su ciclo], 1967, vol. 3, p. 656).

El famoso antropólogo británico Sir James Frazer (1854-1941) añade algo a nuestra comprensión del origen de la Navidad:

“La religión mitraica evidenció ser una formidable rival de la cristiana, combinando, como ésta hizo, aspiraciones de pureza moral y esperanza en la inmortalidad. En verdad que el término del conflicto quedó por algún tiempo indeciso. Se conserva una reliquia instructiva de la prolongada lucha en nuestras fiestas de Navidad, que creemos se ha apropiado la iglesia de su rival gentílica . . .

“¿Qué consideraciones guiaron a las autoridades eclesiásticas para instituir la fiesta de Navidad? . . . Era costumbre de los paganos celebrar en el mismo día 25 de diciembre el nacimiento del sol, haciendo luminarias como símbolo de la festividad. En estas fiestas y solemnidades, tomaban parte también los cristianos.

“Por esto, cuando los doctores [teólogos] de la iglesia se dieron cuenta de que los cristianos tenían inclinación a esta fiesta, se consultaron y resolvieron que la verdadera Navidad debería solemnizarse en ese mismo día,y la fiesta de la Epifanía en el 6 de enero . . . El origen pagano de la Navidad está claramente insinuado, si no tácitamente admitido, por San Agustín, cuando exhorta a los cristianos fraternalmente a no celebrar el día solemne en consideración al sol, como los paganos, sino el relación a lo que hizo el sol . . .

“Parece ser, pues, que  la iglesia cristiana eligió la celebración del nacimiento de su fundador el día 25 de diciembre con el objeto de transferir la devoción de los gentiles del sol al que fue llamado después Sol de la Rectitud . . . [o Sol de Justicia].

“Tomadas conjuntamente las fiestas paganas y cristianas, vemos cómo tienen coincidencias demasiado estrechas y demasiado numerosas para considerarlas accidentales; ellas muestran el pacto a que se vio obligada la Iglesia en la hora de su triunfo con sus rivales vencidas, pero todavía peligrosas” (La Rama Dorada, 1981, edición en línea, trad. Elizabeth y Tadeo I. Campuzano, énfasis nuestro).

Un Papá Noel rojo y un árbol de Navidad verde

Para muchos en la actualidad, la figura central de la Navidad no es Jesús, sino el hombre vestido de rojo. “Papá Noel, probablemente el más aceptado de todos los símbolos de la Navidad, surge en Gran Bretaña en algún momento durante la década de 1880 proveniente de América [del Norte], donde había reinado por mucho tiempo como el que llevaba regalos, el San Nicolás de los colonos alemanes y holandeses.

“En la década de 1890, el Padre Navidad, un personaje que originalmente representaba la Navidad en una obra de mimos en Inglaterra, fue absorbido por su homólogo norteamericano, Papá Noel, convirtiéndose en la jovial figura que es hoy . . . Papá Noel iba acompañado de fantasmas y demonios y se le asociaba con ellos. A los niños se les advierte seriamente que solo recibirán regalos si se portan muy bien” (Cavendish, p. 483).

¿Por qué los padres cristianos les mentirían a sus hijos diciéndoles que Papá Noel les lleva regalos desde el Polo Norte en Nochebuena? ¿Cómo pueden los cristianos vincular los costosos regalos de los sabios al futuro Rey de reyes con los regalos de Papá Noel a sus hijos?

¿Y qué de la tradición del árbol de Navidad? “Igualmente antigua era la práctica de los druidas, la casta de sacerdotes entre los celtas de la antigua Francia, Gran Bretaña e Irlanda, que decoraban sus templos con muérdago, el fruto del roble que ellos consideraban sagrado. Entre las tribus alemanas el roble era sagrado para Odín, su dios de la guerra, y le ofrecieron sacrificios hasta que San Bonifacio, en el siglo VIII, los convenció de que lo cambiaran por el árbol de Navidad, un joven abeto adornado en honor del niño Cristo . . . Fueron los inmigrantes alemanes los que llevaron la costumbre a América” (LW Cowie y John Selwyn Gummer, The Christian Calendar [El Calendario Cristiano], 1974, p. 22).

¿Participaría Cristo de la Navidad actualmente?

¿Participaría Jesucristo en una festividad, supuestamente en su honor, que de hecho es diametralmente opuesta a él por fomentar la adoración de dioses falsos? Si lo hiciera, estaría violando las leyes de Dios que él mismo proclamó, y por tanto pecaría (ver, por ejemplo, Deuteronomio 12:29-32). Si él pecara, no tendríamos Salvador ni salvación.

Dios es el autor de las verdades que salvan la vida, no de las falsedades meticulosamente disimuladas. “Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:32). Las mentiras son de Satanás: “El diablo . . . no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira” (Juan 8:44).

La Navidad ciega a las personas bien intencionadas con su falsa historia. No podemos involucrar a Cristo en la Navidad como muchos lo hacen porque, en primer lugar, nunca ha sido parte de ella, pero las personas engañadas creen lo contrario. ¿Qué significa eso para nosotros?

Jesús les preguntó a los líderes religiosos de su época: “¿Y por qué ustedes quebrantan el mandamiento de Dios a causa de la tradición?” (Mateo 15:3, Nueva Versión Internacional). Luego añadió: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. En vano me adoran; sus enseñanzas no son más que reglas humanas” (Mateo 15:8-9).

Satanás quiere destruirnos a usted y a mí. Se presenta como un ángel de luz (2 Corintios 11:14-15), pero vive en las tinieblas espirituales que ha creado (Efesios 6:12). Promueve mentiras en lugar de la verdad, luces engañosas en vez de la verdadera luz de Dios, y música cautivante e ilusiones vanas en vez de la verdad de la salvación. Procura engañar a la humanidad con fiestas que exaltan la mentira, y no a Dios.

No hay duda de que la Navidad es un elixir que adormece, pero usted puede liberarse de esa adicción debilitante. Ahora tiene la opción de seguir las instrucciones de Dios o de seguir una festividad que tuvo su origen en la adoración de antiguos dioses falsos. ¡Que Dios lo guíe a obedecer su santa voluntad y a honrarlo siempre!  BN

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