El Reino de Dios venidero: Una inversión en el futuro de la humanidad

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Después de nuestra reciente mudanza a África, he podido entender que a veces la raíz de los problemas de un país radica en el corazón de sus gobernantes. Sin embargo, se avecina un tiempo en el que los líderes ya no tendrán corazones corruptos.


Fuente: ©Alexandre Chambon/Unsplash

En diciembre de 2016, mi esposo y yo empacamos todas nuestras posesiones, metimos la mayoría de ellas en una bodega, y llevamos todo el resto a un pequeño país en el sur de África.

Ambos nacimos y crecimos en los Estados Unidos, pero habíamos viajado un poco, y estábamos emocionados con las posibilidades que esta mudanza representaba. Mientras nuestro avión volaba y devoraba kilómetro tras kilómetro, me dediqué a observar cada pequeño detalle ríos que corrían por las montañas, rocas grises que de vez en cuando se alzaban espectacularmente entre densos bosques verdes que descendían sobre las montañas, dando paso casi imperceptiblemente a innumerables campos de maíz (que, molido, es el alimento básico de esta región).

Estos campos o bosques eran interrumpidos a intervalos por círculos de tierra roja salpicados de techos de paja o lata, demarcando pequeñas aldeas. Nunca imaginé que mi vida tomaría este rumbo, ni que viviríamos en un lugar tan hermoso.

A medida que los minutos se convertían en horas mientras volábamos sobre este hermoso paisaje a través de varios países, de a poco comencé a darme cuenta de que algo parecía faltar. O más bien, según mi experiencia, parecía que algo faltaba: caminos carreteras, al menos pavimentados.

Durante varias horas solo había visto una o dos carreteras pavimentadas. Tampoco había visto una ciudad por debajo de nosotros en mucho tiempo. Cuando volábamos en nuestro país, estábamos acostumbrados a ver una ciudad tras otra con granjas que brevemente se convertían en otra ciudad o montaña o bosque, con una constante: carreteras. Siempre hay carreteras pavimentadas.

Esta sería una experiencia muy diferente. Es fascinante ver la creación de Dios en su estado puro, sin la intervención de la mano del hombre; sin embargo, esta belleza inmaculada no es intencional. Con mucha frecuencia, es el resultado de la codicia. Parece cómico decir esto: la destrucción de la creación de Dios a menudo es el resultado de la codicia humana, pero pareciera ser que también es la razón de la falta de desarrollo.

Dios diseñó un mundo hermoso y abundante, perfecto para la ocupación humana, y nos dio la responsabilidad de gobernarlo. En Génesis 2:15 leemos que “Tomó, pues, Dios el Eterno al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase”. La palabra “labrar” es una traducción del vocablo hebreo abad, que también puede significar “ayudar” o “cultivar”.

El Diccionario de la Lengua Española define cultivar como “dar a la tierra y las plantas las labores necesarias para que fructifiquen; sembrar y hacer producir”. La palabra “guardase” en el versículo citado viene del vocablo hebreo shamar, que también significa “observar” o “proteger”. Dios le dijo al hombre desde un comienzo que era su deber cultivar y proteger la Tierra. Debemos usarla, pero no abusar de ella. Dios diseñó el mundo específicamente para los seres humanos, y para un futuro increíble.

El corazón cálido de África

Malaui, el país donde vivimos actualmente, es llamado “el corazón cálido de África”, un nombre muy apropiado. La gente que uno conoce es amable y generosa. El país mismo y sus vecinos Zambia, Mozambique y Tanzania son hermosos, pero también algunos de los países más pobres del mundo (dependiendo del criterio de medición utilizado).

¿Por qué son tan pobres? ¿Por qué hay tanto sufrimiento? ¿Les hacen falta recursos? ¿Será por la falta de inversión extranjera? No. La razón principal del sufrimiento en estos países es la corrupción y la codicia, que afectan todos los aspectos de la vida — tal como Dios dijo que ocurriría cuando inspiró al profeta Isaías a escribir “No conocieron camino de paz, ni hay justicia en sus caminos” (Isaías 59:8).

En Malaui hay un grave problema de electricidad. La compañía eléctrica, ESCOM, le pertenece al gobierno. Produce energía eléctrica a través de un sistema de represas en el lago Malaui y varios ríos, junto con unas pocas áreas de generadores de energía solar.

La compañía programa periódicamente “cortes de energía” a lo largo del país para prevenir sobrecarga en el sistema. En teoría, esos “cortes” contribuyen a que el servicio esté disponible para todos. Lo que en realidad sucede es que la compañía decide quién tiene acceso al servicio y cuándo. En la mayoría de las áreas el servicio falla al menos una vez al día, fluctuando entre unos pocos minutos y varias horas.

Note que dije la mayoría. Algunos sectores pierden electricidad por varios días. Estas suelen ser las áreas más pobres, con mala infraestructura, que no han sido mantenidas apropiadamente. Pero en otras áreas el servicio nunca falla las más ricas, donde viven los residentes occidentales, oficiales de gobierno y ejecutivos ricos.

Lo que esto significa es que los pobres se vuelven más pobres. Muchas pequeñas empresas (cafés de Internet, talleres de soldaduras, pequeños mercados) han fracasado debido a la falta de electricidad. No pueden ganar dinero si sus equipos permanecen sin ser usados. Y aunque estos relatos son anécdotas –lo que yo he observado y averiguado personalmente–, el problema latente de la electricidad ha sido bien documentado.

En 2016, cuando los malauíes se quejaron del continuo problemas de los apagones eléctricos, se les informó que la grave sequía reciente había causado que los niveles de agua disminuyeran en el lago Malaui y el río Shire (donde se genera la mayor parte de la energía eléctrica), y por lo tanto había menos capacidad para generar electricidad. A medida que la temporada lluviosa (noviembre-abril) continuó, al comenzar el año 2017 los ríos crecieron hasta el punto de inundarse y el nivel del río aumentó hasta los niveles de presequía, pero los apagones eléctricos continuaron esta vez, debido a que los deshechos de las lluvias bloquearon las unidades de energía hidráulica.

Ganancias temporales que conllevan problemas crónicos

Puede ser fácil achacar los problemas de electricidad a la falta de recursos. Sin embargo, casi 40% de todos los fondos públicos en Malaui provienen de la ayuda internacional. En los últimos años se ha descubierto que 1.3 mil millones de kwachas malauíes (alrededor de 1.8 mil millones de dólares) han sido usurpados de ESCOM.

Lamentablemente, no es solo la compañía eléctrica la que está plagada de escándalos. En 2013 se descubrió que entre 200 y 500 mil millones de kwachas (alrededor de 3-5 mil millones de dólares) fueron robados al gobierno Malaui.

El escándalo más reciente ocurrido en Malaui ha sido llamado “el escándalo del maíz”. El departamento de agricultura administró mal 9.5 mil millones de kwachas (13 mil millones de dólares), entorpeciendo el acceso de la gente al grano para alimentarse y sembrar luego este año.

Hay muchos principios bíblicos que prevendrían todas estas injusticias, pero quisiera enfocarme solamente en el principio de cultivar y mantener la tierra tal como Dios ordenó en Génesis 2:15, mencionado anteriormente.

Estas compañías no están utilizando las ganancias que han adquirido ilícitamente para actualizar la infraestructura actual a fin de generar más energía. No están invirtiendo en nueva tecnología para mejorar esta situación. No están invirtiendo en el futuro. Al contrario, se llenan sus propios bolsillos.

Aún peor, en vez de invertir en lo más valioso del país –su gente– para generar un rendimiento aún mayor en productividad y creatividad, estos líderes y oficiales de gobierno no logran ver el panorama general y mienten, hacen trampa y roban para obtener ganancias temporales.

Y aunque estos casos específicos ocurrieron en Malaui, la corrupción alrededor del mundo es endémica. Malaui ni siquiera está dentro de las 50 primeras naciones en este aspecto. Ninguna nación es inmune. José Ugaz, el presidente de Transparencia Internacional, dice lo siguiente de manera concisa: “En demasiadas naciones, el pueblo es privado de sus necesidades más básicas y se acuesta con hambre cada noche debido a la corrupción, mientras que los más poderosos y corruptos disfrutan con toda impunidad un estilo de vida lujoso”.

Dios el Padre y Jesucristo siempre ven el panorama general

Una de las cosas más hermosas en cuanto a Dios y su amor por la humanidad es su enfoque en el futuro. Con bastante frecuencia, esta es también una de las cosas más confusas acerca de nuestra relación con Dios. ¿Por qué? Porque aunque él desea bendecirnos físicamente (vea Deuteronomio 28:12; Malaquías 3:10; Juan 10:10), está mucho más preocupado  de nuestra condición espiritual a largo plazo.

Su meta final es que toda la humanidad (aquellos que lo seguirán) herede la vida eterna. A veces, sin embargo, aquello que es más beneficioso para que podamos alcanzar esa meta puede incluir el sufrimiento. Pero es siempre temporal, siempre para nuestro propio bien, y siempre una inversión para nuestro futuro.

Cuando Jesucristo regrese para gobernar sobre la Tierra, toda la gente –pero especialmente los pobres e indigentes de este mundo– será finalmente rescatada. Como Isaías 35:10 describe: “Y los redimidos del Eterno volverán, y vendrán a Sion con alegría; y gozo perpetuo será sobre sus cabezas; y tendrán gozo y alegría, y huirán la tristeza y el gemido”.

Bajo el reinado de Jesucristo y sus seguidores de esta era que habrán sido perfeccionados (vea Daniel 7:18; Lucas 19:11-27; Apocalipsis 5:10; 20:4-6), la corrupción gubernamental será cosa del pasado. El dolor y la destrucción ya no existirán, y todos conocerán a Dios y serán guiados directamente en sus caminos (Isaías 11:9; 30:20-21).

Jesucristo será “refugio del pobre” (Salmos 9:9). Es más, “juzgará a los afligidos del pueblo, salvará a los hijos del menesteroso” (Salmos 72:4). Dios el Padre y Jesucristo desean que todos los seres humanos alcancen su potencial máximo (1 Timoteo 2:4; 2 Pedro 3:9) y que se conviertan en herederos de la vida eterna junto a Jesucristo (Romanos 8:17).

Esto significa que todos, no solo una elite, tendrán la oportunidad de vivir una vida abundante. “Y se sentará cada uno debajo de su vid y debajo de su higuera, y no habrá quien los amedrente; porque la boca del Eterno de los ejércitos lo ha hablado” (Miqueas 4:4). Las granjas de ese tiempo producirán cosechas en abundancia. “He aquí vienen días, dice el Eterno, en que el que ara alcanzará al segador, y el pisador de las uvas al que lleve la simiente; y los montes destilarán mosto, y todos los collados se derretirán” (Amós 9:13).

El gobierno perfecto de Dios protegerá los derechos de aquellos que trabajan, para que puedan disfrutar los frutos de su labor. Y todos, no solo los ricos o quienes trabajan para el gobierno, ¡tendrán la oportunidad de prosperar!  BN

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