Perspectivas mundiales en pugna

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Comentario del editor de la revista

Hace poco estuve estudiando cierto aspecto histórico de la Tierra Santa, específicamente el impacto que tuvo Alejandro Magno sobre esa zona del mundo. Pocos se dan cuenta de que la Tierra Santa fue parte de su imperio, y quizás aún menos sepan que una de las metas de Alejandro era transformar al mundo e imponerle la cultura y el pensamiento griegos. Él nunca se imaginó cuán exitosos serían sus esfuerzos. A medida que sus soldados establecían colonias griegas por todo el Medio Oriente, construyeron teatros, estadios, escuelas y templos para implantar y popularizar el tipo de entretención, deportes, educación y religión de su nación. Incluso en la actualidad pueden verse restos de estas estructuras esparcidos por toda la zona, y aunque en su mayor parte solo son ruinas abandonadas, las ideas que promovieron siguen muy vivas.

Después de la muerte de Alejandro, los reinos griegos que surgieron de su imperio fueron absorbidos por el Imperio romano, que asimiló la filosofía y cultura de los griegos y adoptó como propias gran parte de ellas. A lo largo del imperio, muchas de esas antiguas ideas griegas pasaron a formar la estructura del pensamiento y la civilización occidental.

Pero una de ellas en particular fue la médula de la filosofía y la cultura griegas: el hombre era el centro del universo, y las ideas, la creatividad y el pensamiento humanos eran la representación máxima de lo que debía ser respetado
y admirado.

¿Qué tienen que ver entonces las antiguas ideas y conceptos griegos con nuestro mundo actual? Simplemente dicho, son la esencia misma de la interminable guerra por imponer variadas perspectivas mundiales, de la batalla para decidir cuáles valores gobernarán nuestras vidas y acciones. Es una pugna por establecer lo que moldeará nuestra sociedad, civilización y vida futura.

Para ilustrar este punto, usaré como ejemplo la escuela a la que asistí hace varias décadas. Hasta hoy día puedo recitar la oración bíblica transmitida por el altoparlante cada mañana antes de comenzar la jornada de clases. También recuerdo vívidamente las ocasiones en que a cada estudiante se le daba un Nuevo Testamento de bolsillo, dos de los cuales todavía conservo después de tantos años.

También recuerdo las plegarias a Dios antes de cada torneo deportivo (¡y por alguna razón, el mundo no llegó a su fin como consecuencia de esta práctica, según algunos quieren hacernos creer!).

La costumbre de orar a Dios y leer pasajes bíblicos en las escuelas —establecida y apoyada por los padres fundadores de los Estados Unidos en los primeros años de su historia como nación— ya es parte de un pasado muy remoto, y fue prohibida en nuestros centros educativos hace varias décadas. En cambio, los niños son adoctrinados sobre el humanismo no religioso y las mismas antiguas ideas de que el hombre es el centro del universo y que puede decidir por sí mismo qué es lo correcto—mentira que se remonta hasta el mismo Huerto de Edén (Génesis 3:4-5).

Como consecuencia, hoy en día vemos el resultado de las tóxicas filosofías que están corrompiendo a la sociedad y la civilización, como se describe en el artículo principal de esta edición. Esta guerra de perspectivas mundiales tiene serias implicancias para todos nosotros, porque al fin y al cabo todo se reduce a los principios y preceptos que guiarán nuestras vidas: los del Dios de la Biblia o los del dios de este presente mundo malo, Satanás el demonio (2 Corintios 4:4; Gálatas 1:4).

En Las Buenas Noticiasproclamamos los valores y estándares de un Rey venidero y de un mundo futuro —el Reino de Dios—, y queremos animarlo a que adopte dichos estándares y los ponga en práctica en su vida ahora mismo. ¡Dele la espalda a las antiquísimas mentiras que han producido un mundo de pecado, sufrimiento y muerte, y emprenda un nuevo camino de vida basado en la luz y los principios eternos de nuestro Creador! ¿Quiere unirse a nosotros para compartir este mensaje de esperanza?

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