Sexto mes: Salmos y la reconciliación con Dios

Es interesante que el día de Expiación tenga que ver con dos componentes principales, uno de ellos es el perdón de los pecados y el otro es la eliminación de la causa que provocó el pecado en el hombre, es decir Satanás.

Jesucristo mismo dijo que Satanás es el casuante del pecado y de la rebeldía que ha existido en el mundo desde entonces y que ha sido homicida desde el principio (Juan 8:44).

El salmista continuamente clama por la misericordia y el perdón de Dios para con su pueblo. “Con mi voz clamé a Dios, a Dios clamé, y él me escuchará. Al Señor busqué en el día de mi angustia; Alzaba a él mis manos de noche, sin descanso; Mi alma rehusaba consuelo. ¿Desechará el Señor para siempre, y no volverá más a sernos propicio?... ¿Ha cesado para siempre su misericordia? ¿Se ha acabado perpetuamente su promesa?" (Salmos 77:1-2; 7-8) Y Dios responde: “Escucha, pueblo mío, Mi ley; Inclinad vuestro oído a las palabras de mi boca... para que lo sepa la generación venidera, y los hijos que nacerán; Y los que se levantarán lo cuenten a sus hijos, A fin de que pongan en Dios su confianza, y no se olviden de las obras de Dios; Que guarden sus mandamientos” (Salmos 78:1, 6-7).

Dios busca perdonar a su pueblo y reconciliarse con él para siempre, después de la segunda y gloriosa venida de nuestro admirable consejero y principe de paz, Jesucristo. El sumo sacerdote que celebraba la ceremonia en el día de Expiación de la que nos narra Levítico 16, representa a Jesucristo actuando en favor de los que se arrepienten, ya que él mismo derramó su propia sangre y desde entonces, él intercede por todos nosotros desde su resurrección como nuestro Sumo Sacerdote de los vienes venideros.

De esa manera el pueblo de Dios aflige sus almas, esperando  encontrar el perdón de Dios para reconciliarse con él, esta vez, para siempre. Dice el libro de los Salmos “Pero yo, cuando ellos enfermaron, me vestí de cilicio; Afligí con ayuno mi alma, Y mi oración se volvía a mi seno... Lloré afligiendo con ayuno mi alma, y esto ha sido por afrenta” (Salmos 35:13; 69:10). Sin duda alguna, el ayuno nos muestra el deseo sincero que tenemos por acercarnos a Dios en actitud humilde, porque Dios mira al corazón humilde de espíritu y que tiembla a su palabra (Isaías 66:2). Porque “los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios” (Salmos 51:17).

Debido al sacrificio de nuestro Sumo Sacerdote, Jesucristo, podemos acercarnos confiadamente al trono de gracia para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro. “Mis rodillas están debilitadas a causa del ayuno... ayúdame, Eterno Dios mío, sálvame conforme a tu misericordia... porque él se pondrá a la diestra del pobre, para librar su alma de los que le juzgan” (Salmos 109:24a; 26, 31).

El principal objetivo del mensaje de este día, tiene que ver con el futuro ya cercano, cuando Dios decida enviar a su hijo lleno de gloria junto a sus santos ángeles.

Dice el inspirado profeta Zacarías: “Y derramaré sobre la casa de David, y sobre los moradores de Jerusalén, espíritu de gracia y de oración; y mirarán a mí, a quien traspasaron, y llorarán como se llora por hijo unigénito, afligiéndose por él como quien se aflige por el primogénito” (Zacarías 12:10).

Los salmos nos muestran que Dios ha diseñado su plan hasta el último detalle para encontrarse y reconciliarse con su pueblo en aquel maravilloso y extraordinario día.

Ciclo hidrológico:Continúa el calor. El verano se aproxima a su fin.

Cosecha de la temporada: Dátiles e higos estivales del verano. Vendimia y cosecha  Isaías 32:10

Nombre del mes: Elul (bueno para nada) Nehemías 6:15

Elul 2011

17) Conmemoración de la muerte de los espías, quienes trajeron un reporte falso sobre la Tierra Prometida Números 14:36-37

25) Se terminan de construir las murallas de Jerusalén por Nehemías en el año 444 AC., después de 52 días de trabajo Neh. 6:15

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“Sólo en Dios halla descanso mi alma; de él viene mi salvación. Sólo él es mi roca y mi salvación; él es mi protector. ¡Jamás habré de caer! Dios es mi salvación y mi gloria; es la roca que me fortalece; ¡mi refugio está en Dios! Confía siempre en él, pueblo mío; ábrele tu corazón cuando estés ante él. ¡Dios es nuestro refugio!” (Salmos 62: 1-2, 7-8, Nueva Versión Internacional)

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