¿Deberías participar en el Día de San Valentín?

Posteado el 6 February, 2014


Fuente: Photos.com

Cada año millones de personas celebran el Día de San Valentín. Al enviar tarjetas, regalar flores, dulces y otros tipos de regalos; muchos consideran este día festivo como una oportunidad de mostrar afecto a sus seres queridos.

Por supuesto que comprar regalos y hacer cosas agradables por tu amor verdadero es admirable. No obstante, ¿deberíamos tú y yo utilizar el día de los enamorados como un medio para mostrar afecto y estima? Más importante aún, ¿es esto algo que Dios nuestro Creador acepta y honra?

Las raíces del Día de San Valentín se remontan a casi 2400 años en el siglo IV a. C. Entre las distintas costumbres de aquellos tiempos, los jóvenes romanos participaban en el rito de fertilidad anual de Lupercales en honor al dios pagano Lupercus. Durante esta práctica se acostumbraba a escribir el nombre de las jóvenes adolescentes en pedazos de papel y colocarlos en una caja. Luego, cada uno de los jóvenes extraía de ésta el nombre de una de ellas. Posteriormente, las muchachas eran asignadas a los varones para su mutua gratificación sexual.

Reemplazando una deidad pagana con un “santo de los enamorados”

La Iglesia Católica Romana buscó dar fin a este rito de fertilidad a finales del siglo IV d. C. al reemplazar a la deidad Lupercus con un “santo de los enamorados”. Encontraron el candidato ideal en Valentín, un obispo que fue hecho mártir 200 años antes. Como resultado de esto, en el año 496 d. C., el papa Gelasio I cambió la celebración del 14 de febrero en honor a San Valentín.

Interesantemente, la iglesia mantuvo la característica de extraer los nombres de una caja. No obstante, en vez de tener a varones extrayendo los nombres de las muchachas disponibles, ahora, cada hombre y mujer podían seleccionar el nombre de un “santo”. El propósito de esta actividad era motivar a personas jóvenes a emular la vida de la deidad escogida durante el año. Sin embargo, debido a que el festival pagano había sido tan popular, esta costumbre tuvo una corta vida. Pronto, hombres jóvenes comenzaron a enviar tarjetas a muchachas a las cuales querían cortejar. Estas luego se conocieron como las tarjetas del Día de San Valentín.

Cuando la Iglesia Católica Romana instituyó el cambio de Lupercales al Día de San Valentín, su objetivo era transformar un antiguo y popular rito pagano de fertilidad en un “día festivo cristiano”. Al instituir esta y otras prácticas, las personas fueron influenciadas a acoger la iglesia mientras continuaban con sus tradiciones paganas, ahora, “cristianizadas”.

Practicas arraigadas en una conducta inmoral

Considerando los orígenes de este popular día festivo de los enamorados, regresemos a mi pregunta original. ¿Hace alguna diferencia el que tú y yo participemos en el Día de San Valentín? Bueno, en verdad no importaría si Dios no existiese. Pero Dios sí existe, y él censura costumbres y prácticas arraigadas en una adoración falsa y conducta inmoral (Efesios 4:22, 1 Pedro 1:15, 2 Pedro 3:11). Además, ponerle una cara nueva a una antigua e impía observancia es tan malo como la maldad original. El profeta Isaías escribió, “¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!”(Isaías 5:20).

Dios le dice a aquellos que quieren seguirle diligentemente, “Cuidarás de hacer todo lo que yo te mando; no añadirás a ello, ni de ello quitarás” (Deuteronomio 12:32). También, el apóstol Pablo escribe, “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cual sea la buena voluntad de Dios agradable y perfecta” (Romanos 12:2). La palabra de Dios es clara para aquellos que tienen “oídos para oír” (Marcos 4:9).

Evitando costumbres y observancias erradas

Al tratarse de mostrar aprecio y afecto a un ser amado, una persona centrada en Dios no necesita de un día festivo pagano para motivarlo. Todos debemos ser cuidadosos de seguir los deseos de Dios al guardar sus mandamientos diligentemente y evitando cuidadosamente costumbres y observancias que él no aprueba.

Fuente: ucg.org



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