Gn 6 - Los tiempos de Noé

Dios en su paciencia, le dio al hombre el tiempo que tomara la construcción del arca como la última oportunidad de arrepentirse de sus maldades, si no, entonces perecerían.

La multiplicacioón de la humanidad

“Aconteció que cuando comenzaron los hombres a multiplicarse sobre la faz de la tierra…” (Gn 6:1). Otra traducción del mismo verso dice: “Hubo entonces una explosión demográfica en la tierra” (Los libros vivientes de Moisés, versión en inglés).

Una de las señales de los tiempos de fin sería la similitud de esta generación con la de Noé (Mt 24:37). En el tiempo de Noé se produjo un inmenso crecimiento demográfico, tal como lo que se está produciendo en nuestros días.

“Durante miles de años la población del mundo aumentó con gran lentitud. Aunque el número de hijos por familia fuera elevado, la muerte segaba la vida de los niños, y la esperanza de vida o las posibilidades de sobrevivir para cualquiera de nuestros antepasados solían ser muy reducidas.

“El progreso de la medicina, iniciado hace poco más de 200 años, hizo disminuir la mortalidad... Entre 1850 y 1950 la población se duplicó nuevamente, en función no solo de la continuidad de los avances médicos, sino con el desarrollo de la revolución tecnológica en todas sus derivaciones” (Enciclopedia Salvat, La explosión demográfica, pp.21-22).

Lamentablemente, debido a esta explosión demográfica en los tiempos de Noé, también se multiplicó más la maldad que la justicia, pues los justos suelen ser la minoría (Mt 7:13-14). Esto llevó a la situación extrema de encontrarse solo un hombre justo, Noé, en medio de esa multiplicación de la humanidad (Gn 6:8). Por tanto, la injusticia acarreó gravísimos problemas.

El primero, la corrupción de los pocos justos que, con la sola excepción de Noé, quedaban de ese “camino de Abel” representado por Set. “Y a Set también le nació un hijo, y llamó su nombre Enós. Entonces los hombres comenzaron a invocar el nombre del Eterno” (Gn 4:26).

Estos “hijos de Dios” de Gn 6:2 son los que invocaban a Dios y seguían su camino. El término “hijos de Dios” se usa para los seguidores de Dios (Dt 14:1; Sal 82:6-7; Mal 2:11; Jn 1:12, 8:41). El hecho que algunas veces se usa el término también para describir a los ángeles es irrelevante, puesto que los ángeles no tienen órganos sexuales (Mt 22:30) y no pueden engendrar hijos de las mujeres.

En Gn 6:3 al ver Dios la mezcla entre justos e injustos dice: “No contenderá mi espíritu con el hombre”. Si los ángeles se hubieran involucrado, él los habría mencionado como los responsables, pero en vez, la culpa es del hombre.

El castigo que Dios aplicó fue reducir la edad del hombre en 120 años como máximo. Imagínese por un momento lo que la larguísima vida significaba para los malvados. Podían seguir por cientos de años sus organizaciones criminales. Piense lo que implica tener a un Hitler o a un Stalin de 900 años, por eso Dios tuvo que disminuir la edad máxima del hombre.

Si las células humanas continuaran renovándose, no hay ninguna razón médica para que no pudiésemos vivir hasta mil años, pero, las células se reproducen como promedio solo unas 50 veces. A esa altura, por razones aún no descubiertas por los investigadores, hay un “interruptor genético” que apaga el proceso renovador y las células, en vez de cambiarse por otras nuevas, sencillamente envejecen y finalmente llega la muerte. “Cualquiera de las células del cuerpo humano denota esta incapacidad reproductora por término medio después de una 50 divisiones. Se diría que están programadas para detenerse en un momento determinado... Si se eliminaran las mayores causas de muerte, el cuerpo humano viviría entre 100 y 130 años como máximo, (otros dicen 120 años). (Barnard, El cuerpo viviente, p. 212).

También se sabe que Noé predicó unos 100 años mientras que terminaba el arca, pues tenía 500 años cuando engendró a sus hijos (Gn 5:32) y fue en ese período que Dios le ordenó la construcción del arca (Gn 6:10-14). Noé la terminó 100 años más tarde a la edad de 600 años (Gn 7:6). La referencia de 120 años para el hombre también puede incluir el lapso que tendría el hombre para arrepentirse.

Durante ese tiempo, Noé fue un “pregonero de justicia” (2 P 2:5) para que la humanidad tuviera la oportunidad de cambiar su mal camino antes de que viniese el diluvio.

Hay una mención de que los descendientes de esa mezcla de estirpes justas e injustas produjeron a un grupo de seres humanos llamados “gigantes”“nefilim” en el hebreo (Gn 6:4). “Hubo con todo, gigantes antes del diluvio, Gn 6:4; frutos de la unión de hombres prominentes de la estirpe de Set con mujeres paganas, y extraordinarios por su estatura, por su poder y por su maldad. (Rand, Diccionario de la Santa Biblia, p. 256).

Otra fuente aclara aún más el punto: “Viendo los hijos de Dios que las hijas de los hombres eran hermosas… Los primeros son los descendientes de la familia de Set, quienes eran por profesión religiosos. Las segundas son de la familia de Caín el apóstata. Casamientos mixtos, entre personas de principios y prácticas opuestas eran necesariamente fuentes de gran corrupción. Las mujeres, siendo irreligiosas, como esposas y madres ejercían una influencia fatal a la existencia de la religión en sus casas, y por consiguiente, la gente de aquella época posterior se hundió hasta la más abyecta depravación” (Jamison, Fauset y Brown,Comentario bíblico, p. 26).

“Estos gigantes o nefilim, aparecen frecuentemente en el Antiguo Testamento y en muchas historias antiguas de otros pueblos. “Los gigantes perecieron en el diluvio con el resto de la humanidad (Gn 7:21-23). Aparecen de nuevo después del diluvio como una raza (nefilim) en Números 13:33. Otro nombre que se usa es “los hijos de Anac”, que significa cuellos altos (Dt 1:28; 2:10-11).

“Estos aterraron a los espías en el tiempo de Josué (Nm 13:28) pero Josué destruyó una gran parte de ellos (Jos 11:21-22) y Caleb terminó con ellos en esa zona (Jos 15:14)”. (Vine,Diccionario de palabras bíblicas, pp. 16-17).

Habían tres áreas de gigantes en los tiempos de Israel, al este (Dt 2-3); unos al norte de Jerusalén (Jos 11:21) y en las costas Filistea, que no fueron derrotados hasta los tiempos de David.

Hubo un rey gigante en los tiempos de Josué, llamado Og, que tenía una cama de hierro de 4 metros por 1.8 metros (Dt 3:1,11). Fue igualmente derrotado por Josué.

Sin embargo, en el territorio de Filistea, aún quedaban gigantes. David mató al gigante Goliat (1 S 17) y los soldados de David mataron a varios más (2 S 21:18-19).

Técnicamente, un gigante en nuestros días se produce como consecuencia de un aumento hormonal en la glándula pituitaria durante los primeros años de vida. Se nota una mutación hormonal en uno de los gigantes bíblicos que tenía doce dedos en las manos y también en los pies (2 S 21:20).

No solo aparecen relatos de gigantes en la Biblia sino entre muchos de los pueblos antiguos. Los babilonios, chinos, escandinavos y griegos mencionan una raza de gigantes.

Sin embargo, es la mitología griega la que tiene la mayor cantidad de datos que se asemejan a los bíblicos. Noten las similitudes aunque no se puede ser dogmático al respecto.

Primero tenemos a los titanes, de origen divino que se rebelan contra Zeus, el dios principal y luego de una pelea de diez años, son derrotados y lanzados al tártaros, un término también usado en la Biblia. Estos titanes se parecen mucho a Satanás y sus ángeles, y son confinados a esas prisiones oscuras, igual que en la Biblia. “Porque si Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que arrojándolos al infierno (tártaros en el griego) los entregó a prisiones de oscuridad para ser reservados al juicio” (2 P 2:4).

¿Qué sucedió en esa guerra? Según los griegos, “representan los cataclismos que transformaron la faz del mundo... la devastación que la tierra sufre” (Civita, Mitología, parte 15, p. 18).

Más tarde en el relato griego aparecen los gigantes, palabra que viene de “giges” el nombre de una de estas criaturas inmensas. “Dotados de fuerza descomunal y protegidos por la magia, los gigantes eran prácticamente invencibles” (Civita, Mitología, parte 22, p. 353).

La Biblia dice de ellos: “Había gigantes en la tierra en aquellos días... Éstos fueron los valientes que desde la antigüedad fueron varones de renombre” (Gn 6:4). Estos gigantes se rebelaron contra Zeus y mueren todos.

Ahora bien, no solo en la antigüedad existieron los gigantes. Hoy día existen varios grupos de gente muy alta y muy baja. Los negros watusi de África son famosos por su altura. Muchos de ellos fueron llevados como esclavos a los EE.UU. en el siglo pasado. Hoy día varios de los descendientes de ellos juegan por su altura básquetbol, Abdul Jabar de 2.19 m, es un ejemplo de ellos. En contraste, tenemos una raza de negros enanos, los pigmeos.

Además, en el siglo pasado habían casos de gigantes como el del suizo Constantín de 2.60 m y un ruso, Machnov de casi 3 metros (2.85 m) de altura. También hay evidencias antropológicas: “En la cueva de Mentone, Francia, y en Escocia se han encontrado esqueletos humanos de extraordinario tamaño; en un caso (Logie-Pert, Forfarshine en Escocia) se descubrieron juntos cinco esqueletos. Resulta obvio suponer que este gigantismo era racial y no el resultado de una enfermedad... Éstos y otros ejemplos aislados indican la existencia anterior de una raza más alta que la frecuentemente citada de los tehuelches de la Patagonia.

Lo que sucedió, como en el caso de los gigantes en Israel, es que estos inmensos hombres eran una minoría ínfima, una especie en vías de extinción, que finalmente fue eliminada completamente por la mayoría de más baja estatura. Sencillamente, no podían competir con el resto de la humanidad que genéticamente se multiplicaba mucho más rápido que ellos.

Toda esta corrupción y violencia en los tiempos de Noé, llevó a Dios a una triste conclusión. Solo existía una forma de evitar que su plan de salvación no se frustrara – comenzar de nuevo con Noé, el único justo que quedaba. Lamentablemente, es una ley bíblica que la corrupción total acarrea la destrucción total (Mal 4:4-6; Mt 24:22).

Cuando dice la Biblia que Dios se “arrepintió” el término en hebreo significa más bien que se “entristeció” pues Dios no comete errores, sino le dolió ver el daño que se estaba haciendo el hombre.

Dios en su paciencia, le dio al hombre el tiempo que tomara la construcción del arca como la última oportunidad de arrepentirse de sus maldades, si no, entonces perecerían (1 P 3:20).

Alistó a Noé con el arca para continuar con su plan de salvación.

© 1995-2018 Iglesia de Dios Unida, una Asociación Internacional | Política Privacidad | Terminos de Uso

Prohibida la reproducción total o parcial sin permiso está prohibida.
Toda la correspondencia y las preguntas deben ser enviadas a info@iduai.org. Envíe preguntas sobre el funcionamiento de este sitio Web a webmaster@iduai.org.

Note que aunque este sitio Web es en español, existen servicios y documentación sobre productos que actualmente no se ofrecen en español. Algunos servicios y correspondencia, incluyendo documentos importantes relacionados con la privacidad, terminos legales, ciertos números de teléfono, páginas del sitio y otras comunicaciones por Internet, pueden estar disponibles solo en inglés.


X
You may login with either your assigned username or your e-mail address.
The password field is case sensitive.
Loading